90 aniversario: El Nuevo PRI al igual que el viejo, fue un fracaso

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Y llegó a sus 90 años anquilosado, derrotado, empobrecido como institución, tanto ideológica como económicamente y en manos de los mismos que lo hundieron: esos tecnócratas o esos políticos de carrera, por si no quieren ser vistos cual tecnócratas, cuya carrera consiste en ir de espaldas a militantes y simpatizantes y de espaldas a México, a final de cuentas. Porque al PRI lo hundieron los suyos y nada más. Si hundieron al PRI no podrían ni salvar ni rescatar ni impulsar a México, como es natural. Ni una purga los libraría porque ¿quién apagaría la luz y cerraría la puerta?

Y en efecto: ni un mea culpa ni se atrevieron a señalar nombres abiertamente en ese deslucido aniversario. Nada. Mejor nombraron al sepulturero Peña Nieto como miembro de su consejo político. Allá ellos. Y así los ha mirado el país, tomando de nuevo nota de su deleznable actuar, que no sorprende, solo reafirma las causas de la derrota estrepitosa y bien ganada al PRI del 1 de julio.

Es desconocida la razón por ta cual se adoran tanto invocando a sus fundadores y lo que pudieron medio construir en el gobierno de México hace ¡¡¡¿50 años?!!! Que de ahí en adelante el declive y el degenere político de la idea de priista. A vivir del cuento, pues, del recuerdo amargo para millones de mexicanos que han padecido la ineficiencia de las instituciones creadas por el PRI desgobernando, cuando no presenciando, atestiguando las devaluaciones, el sobreendeudamiento, la corrupción tricolor, las riquezas inexplicables no perseguidas de priistas connotados, la idea de hacer negocio al amparo del Estado y la impunidad de sus negocios tracaleros a costa del erario público. Y de los ciudadanos, a final de cuentas.

Es evidente que en este 90 aniversario solo aplauden los que le deben algo al PRI por haberles dado trabajo en su estructura o en los gobiernos que encabezó. Válido, pero no es un aplauso generalizado ni mucho menos requerido o prodigado por la mayoría de los mexicanos. Y en efecto: que aplauda quien le deba algo al PRI. Pero conste: el PRI dio un pan por el costal de harina que se cobró.

En efecto, muy poco qué celebrárseles. Ha costado el PRI lo indecible a México y para mal. ¿Generalizar? de ninguna manera, por donde se guste se empieza por detallar las trapacerías del partido tricolor. Y será un contar y no acabar de errores, omisiones y desfalcos a México. Así de sencillo. La balanza les desfavorece por mucho. La respuesta ha sido desvergonzada: se afirma todo esto porque se les odia. Hay que tener cara para sostener semejante tontería.

Es natural esa ardidez del priismo como lo es que en este noventa aniversario nada quede por decirle a México. Llegan no solo con las manos vacías de propuestas, sino con la nula credibilidad y la cara cariacontecida después de la derrota del 1 de julio. Sin cabeza, sin ideología, sin proyecto de país que no sea el del sancochado “nuevo PRI” que es el de siempre, el que no cambió. El incapacitado. El que no se fue a otros partidos porque prefirió su modelo de corrupción indecible e incorregible; el que desde sí mismo gobernó de 2012 a 2018 haciéndole solo perder el tiempo a México y sus recursos.

Es el nuevo PRI que es el mismo viejo PRI de siempre. Nada de que el viejo es otro. El nuevo PRI no es nuevo. Es el decrépito de 90 años, cuyo proyecto fracasado fue el mismo aplicado en 2012 otra vez, después de agandallarse la presidencia, gastándose 27 veces más de los recursos autorizados por ley en esa campaña –así la ganas porque la ganas, aunque sea de manera ilegal– y desde luego que con el objeto de llegar de nuevo a enriquecerse ya fuera para siempre por si los volvían a echar del gobierno en 2018 o con la de buenas, con la de repetir por ser tan estupendos…mirándose el ombligo sin más. Es el mismo modelo solo que en 2012 regresaron más voraces a desfalcar a México. Dejaron una deuda de 10 billones de pesos como la mejor muestra de su incapacidad para gobernar. Carecen de la estatura moral para cuestionar nada.

La camarilla lopezobradorista será pésima, pero no nos engañemos: el supuesto Nuevo PRI no fue mejor que el viejo que es el mismo, el que se quedó en el PRI después de 1987. La aridez y la ardidez de los priistas no acalla su fracaso ideológico en plantear un modelo de país, si es que ese existió alguna vez. Su fracaso electoral puede revertirse volviendo al gobierno nacional, y lo harían más por los errores de otros que por ser ellos estupendos. Ese es el verdadero peligro real para México. El PRI no cambiará, pues desconoce cómo hacerlo. Y desde luego que de sus mentes y de sus plumas, de sus voces y de sus acciones no cabe esperar más que mendaces mezquindades y la pobredumbre de espíritu. Lo normal. Porque no saben ser oposición responsable y como gobierno dejan siempre bastante qué desear.

Y en efecto, en este 90 aniversario ni suponer una nula victoria cercana a un PRI eternamente derrotado, pero no por ello quiérase desechar ni despreciar su regreso posible, siempre. Más bien lo importante sería estar alertas, actuar, la alternativa al PRI es crear ciudadanía, opositores fuertes al PRI, capaces de cerrarle el paso en futuras elecciones y desde luego, hacerlo con propuestas y resultados de gobierno mucho mejores que los priistas, tan venidos a menos.

Recién un conocido expresaba que López Obrador es priista, que son lo mismo PRI y Morena. Como propaganda barata, pasa. Como reflexión seria, dista de serlo. Pues va dejando de lado datos importantes como que hace 3 décadas que no pertenece a ese partido. En el análisis político actual, sea académico o empírico, se necesita haber tragado tanta propaganda para no tener la mente lúcida y no ser entonces asertivo y acertado en los dictámenes y veredictos que se lanzan. Es importante ser asertivo y acertado en esa construcción de ideas y de ciudadanía y de democracia que necesitamos. Es importante si no queremos estar ante una transición de cuarta con una oposición de quinta. Y a eso nos enfilamos aceleradamente si solo repetimos cual merolicos lo que oímos por ahí.

Ya al PRI no merece mucho la pena pedirle recomponerse ni refundarse. Moriría traicionando su demostrada dañina esencia. Quizás los electores nada más merezcan seguir adelante sin él. Fue incapaz de renovarse en el periodo 2000-2012 y no hay elementos ni condiciones nuevas que nos adelanten que ahora lo hará. Ni siquiera puede tener una dirigencia en forma que sea capaz de proponer nada sensato a la Nación. Una dirigencia que nació fallida y ha dado muestras contundentes e inobjetables de carecer de mejores ideas que cuando conformaban el desgobierno del sexenio pasado.

México no le debe nada al PRI porque el PRI ya se cobró el favor con creces. Perdió la segunda oportunidad que obtuvo en 2012. La dilapidó cínicamente y encima en una ardidez peor que la de 2000 –y es compresible por la apabullante y bien ganada derrota al priismo– y resongan en sus filas y hasta sus simpatizantes con gracejadas que nos dejan impávidos. Van diciendo que ellos sí saben gobernar y ellos sí tienen oficio político. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, expresaron los mexicanos en las urnas el 1 de julio hasta en un 76 % rechazando en justicia y con aplomo, con razones y con valentía a las siglas PRI. Juzgaron cual su derecho a su mal desempeño y a su incapacidad de gobierno.

Lo demás es el derecho al pataleo de un priismo incapacitado para detentar el gobierno de la República. Podrán vivir de glorias pasadas, mientras México mira de frente al futuro.

@marcosmarindice