Redes sociales, la nueva disputa por el voto

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Entre las lecciones que los comicios del año pasado nos dejan, la relativa al papel de las redes sociales como arena de debate público y herramienta propagandística es algo que debe ser estudiado a la brevedad, pues su actuar se dio en el proceso electoral más complejo que ha vivido el país, gracias a las reformas electorales que permitieron que tuviéramos votaciones concurrentes en todo el país, lo cual representó elegir al presidente de la república, a la totalidad del Congreso de la Unión, 9 gubernaturas, más de mil 600 presidencias municipales y casi mil diputaciones locales.

En este escenario, las redes sociales tomaron parte de la actividades propagandísticas desde las precampañas en apoyo de ciertos aspirantes a una candidatura, hasta la confrontación con los partidarios de los partidos rivales.

No se trató de un tema que se diera al inicio del proceso electoral que concluyó, sino que se viene cultivando desde, al menos, la campaña presidencial de 2006, con la visión por parte de varios estrategas de que se debía dar tiempo a la consolidación de una plataforma que ayudará a impulsar a una candidatura, con posibilidades de contribuir a la victoria. La revisión de este tema, de cara al futuro, es también una asignatura pendiente para los estudiosos de la comunicación.

El nacimiento de la ola

En 2006, México tenía 20.2 millones de usuarios de Internet. Ese año se caracterizó por la polarización de los electores con relación a las dos candidaturas principales que se presentaron y que disputaron la presidencia de la república: la de Felipe Calderón Hinojosa por el PAN y la de Andrés Manuel López Obrador por la alianza PRD-PT-MC.

El resultado de dichos comicios fue polémico, una diferencia menor al 1% de los votos a favor del abanderado panista, quien basó su campaña en un lema que calificaba a su adversario como “un peligro para México”.

López Obrador, por su parte, aprendería la lección y –por lo que se pudo ver luego de la campaña de 2006–, organizaría su equipo de apoyo para la siguiente competencia.

Lo sucedido durante el sexenio 2006-2012 en materia de redes sociales, demostraría que la plataforma que López Obrador necesitaba para ganar se estaba construyendo lenta y pacientemente.

Una de las primeras decisiones de Calderón –que iban en contra de su principal promesa de campaña de ser “el presidente del empleo”–, fue la de movilizar al ejército en contra de los cárteles del narcotráfico que tenían bajo su control distintas zonas en varias entidades del país.

En redes sociales, con motivo de los abusos que empezaron a surgir con relación a la actuación militar en la lucha contra el narcotráfico, surgió un movimiento de protesta que ayudó a fijar dos ideas en el imaginario colectivo: la primera, que era una guerra contra el narco, apoyado esto en una desafortunada declaración del propio mandatario; y la segunda, una demanda para #No+Sangre o #NoMasSangre, que exigía el fin de la violencia y las muertes asociadas a este tipo de acciones.

Diversos activistas y cuentas surgieron al amparo de esta demanda, incluso se organizaron protestas en distintas ciudades del país, en tanto que periodistas y caricaturistas ocupaban sus espacios en apoyo a este movimiento.

Fue un primer aviso que los activistas estaban ocupando cada vez mayores espacios en las redes sociales para favorecer una causa.

Otros eventos que también se combinaron para la mitad del sexenio de Calderón –en 2009 la cifra de usuarios de Internet en México había llegado a 30.9 millones–, fueron el incendio de la Guardería ABC, desgracia en la que se buscó involucrar a la esposa del mandatario, Margarita Zavala, en virtud de que una prima suya apareció como parte de los dueños de la misma, además de los rumores del alcoholismo del presidente, algo que generó no sólo protestas incluso en el Congreso, sino los primeros memes que circularon en redes para caricaturizar al presidente de México.

Las elecciones de ese año dejaron una sonora derrota para el PAN, partido que vio cómo se reducían los diputados federales que tenía, provocando la renuncia de su dirigente nacional y exmiembro del gabinete calderonista, Germán Martínez Cázares.

Dos personajes se hicieron presentes en este sexenio, tanto presencialmente como en redes sociales, para aprovechar el clima de enojo social por la crisis que se empezaba a percibir en materia de seguridad pública: Epigmenio Ibarra y Gerardo Fernández Noroña.

El primero ha mantenido en ascenso el número de seguidores en su cuenta de Twitter, impulsando causas como “no más sangre”, la búsqueda de justicia en el caso de la Guardería ABC y, más recientemente, la desaparición de estudiantes de la normal de Ayotzinapa en Guerrero.

En cuanto al segundo, fue el encargado de alzar una manta en la que aludía al supuesto alcoholismo de Calderón en plena sesión de la Cámara de Diputados, además de utilizar sus redes sociales para difundir el tema.

En dicho contexto, Carmen Aristegui cuestionó en su noticiario radiofónico en MVS Radio –uno de los de más alta audiencia en el Valle de México–, la razón porque no se aclaraba si era cierto o no la versión del alcoholismo del mandatario, lo que provocó una reacción equivocada del concesionario y del gobierno federal y que finalmente concluyeron en el despido de la periodista, quien se refugió en Internet para continuar con su labor.

Para 2012, año en el cual el país contaba con 45.2 millones de usuarios de Internet, la campaña presidencial se centró en la pelea entre los candidatos de la alianza PRI-PVEM y de la alianza PRD-PT-MC.

Enrique Peña Nieto, exgobernador del Estado de México, y Andrés Manuel López Obrador, por segunda ocasión candidato presidencial, se enfrascaron en la disputa por los votos ante el derrumbe de la abanderada panista Josefina Vázquez Mota.

Si bien Peña Nieto ganó sin enfrentar, como Calderón, protestas en su toma de posesión en el interior del Congreso, si tuvo que superar un par de episodios que empezaban a mostrar el poder que estaban alcanzando las redes sociales.

El más importante fue durante la campaña al acudir a la Universidad Iberoamericana, centro de estudios en el que tuvo que sortear un alumnado hostil y que provocó que se tuviera que retirar anticipadamente, pero con tal mal tino que acabó en un baño y de ahí surgió la versión de que intentó esconderse. Posteriormente, voceros priístas señalaron que se trataba de una protesta de sólo 132 estudiantes, lo que generó la creación de un movimiento en redes sociales llamado #YoSoy132 que aprovechó esta plataforma tecnológica para poner en jaque la candidatura del mexiquense.

Los priistas se quedaron fríos al ver como un movimiento, en apariencia espontáneo, en contra de su candidato, arrasaba en redes y no podía ser contrarrestado por la organización de cibernautas tricolores.

Claro está que los memes por dicha ocasión no se hicieron esperar y empezaron a circular entre los usuarios.

Y llama la atención el poco cuidado que los estrategas de campaña del mexiquense tuvieron respecto a las redes sociales, pues un primer aviso lo habían recibido en diciembre del 2011 con motivo de la visita que el, en ese momento, precandidato tricolor realizó a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en donde no atinó a responder los títulos de tres obras que hubieran marcado su vida.

Las redes sociales se llenaron de memes y comentarios negativos en contra de Peña Nieto, considerando que ese año México tenía 40.6 millones de usuarios de Internet.

Ya en la presidencia, logró uno de sus mayores aciertos –aunque para sus críticos fue un error– al firmar el Pacto por México con el concurso del PAN, del PRD, del PVEM y del PRI, impulsando una serie de reformas llamadas estructurales, que recogían algunas de las propuestas de los partidos involucrados en el acuerdo.

Pero luego de dicha firma y de la aprobación de las distintas reformas que conformaban la agenda presidencial, todo se vino abajo gracias a la labor de periodistas que habían sido afectados por el Poder.

Para 2013, México ya contaba con 51.2 millones de usuarios de Internet, y las reformas de Peña Nieto le daban una buena imagen, incluso entre la prensa internacional, que lo llevó a salir en la portada de revistas como Time, con comentarios que lo perfilaban como el mandatario que necesitaba el país.

Pero todo se derrumbó en 2014 cuando se dio a conocer que el era dueño de una mansión valuada en 7 millones de dólares en la residencial zona de clase alta de Las Lomas en la Ciudad de México. La primicia la dio a conocer el equipo de Carmen Aristegui y dio la vuelta al mundo. La respuesta generó más malestar, pues lanzaron a Angélica Rivera, esposa de Peña Nieto, a tratar de aclarar las cosas y atribuirse la propiedad gracias a los ingresos de su trabajo como actriz de telenovelas, algo que no fue aceptado por la sociedad.

Para ese año, el número de usuarios de Internet en la república se había elevado a 53.9 millones de personas, la mayoría de las cuales conocieron el material producido por un portal de la Web sobre la Casa Blanca.

La evaluación presidencial, que se mide mediante encuestas desde el sexenio de Ernesto Zedillo, empezó a acusar una baja en la calificación de Peña Nieto a partir de 2014. En noviembre de 2013 se dio el cruce, pues en ese mes la aprobación y la desaprobación se encontraban al parejo, 50-50, pero a partir de dicha fecha las opiniones positivas respecto a la labor de Peña Nieto comenzaron a descender.

Del 54% con que arrancó su gestión, pasó a 50% en noviembre de 2013, a 41% en noviembre de 2014, a 33% en noviembre de 2015, a 24% en noviembre de 2016 hasta llegar al 21% que reportó Consulta Mitofsky en febrero de este año.

Acontecimientos como la desaparición de estudiantes de la normal de Ayotzinapa en Iguala, la casa de Malinalco atribuida a Luis Videgaray, Odebrecht, la continuación de la crisis en seguridad pública y la desatinada invitación al candidato republicano Donald Trump para que visitara México, entre otros temas que abonaron a esta historia, contribuyeron a generar un clima que fue descrito por especialistas como de enojo social, algo que pocos adelantaron tendría efectos en las urnas en 2018.

En tanto, los usuarios de Internet en México crecían a tasas de dos dígitos: en 2015 se llegó a 65.8 millones de usuarios, que crecieron en 2016 a 70 millones y a 79.1 millones en 2017, considerando que la población del país es de poco más de 120 millones de habitantes.

En el estudio correspondiente a abril de 2018, la Asociación Mexicana de Internet señala que el 66% de los internautas mexicanos “utilizan la herramienta al menos, desde hace 8 años”, dedicando un promedio de 8 horas diarias a la red, siendo los teléfonos inteligentes o smartphones los dispositivos preferidos, 89%, para conectarse a Internet y las redes sociales, también con 89%, la actividad preferida de los usuarios de esta tecnología.

Las redes sociales más utilizadas son Facebook (98%), Whatsapp (91%), YouTube (82%), Instagram (57%) y Twitter (49%).

Votos y redes 2018

Considerando que de 2016 a 2017 el número de usuarios de Internet en México creció 12%, es factible suponer que para finales de 2018 el total de internautas se elevó a 86 millones considerando un 10% de incremento en su cantidad. Para las elecciones de ese año, se puede calcular el número de usuarios en 80 millones con base en las cifras que ofrece el estudio antes citado.

En contraste, en los comicios de 2018 acudieron a las urnas el 62.6% del padrón que está compuesto por 89.1 millones de mexicanos, es decir, 56.6 millones de mexicanos, de acuerdo a las cifras finales que dio a conocer el INE luego de los cómputos distritales.

En la elección del año 2000, acudieron a votar 37.6 millones de ciudadanos; para 2006 lo hicieron 41.7 millones, en tanto que en 2012 acudieron a las casillas electorales 50.1 millones de electores.

            La siguiente tabla nos muestra cómo se han dado las cifras de votantes y usuarios de Internet en las últimas 4 elecciones presidenciales:

Elección

Votantes Internautas

2000

37.6 millones 8 millones

2006

41.7 millones

20.2 millones

2012 50.1 millones

45.1 millones

2018 56.6 millones

80 millones*

Fuente: INE y Asociación de Internet. *Datos estimados.

 

Lo anterior significa que la de 2018 fue la primera elección en la cual el número de internautas supera al de votantes.

Una de las conclusiones del estudio de la Asociación de Internet respecto al 2017, es que “los usuarios pasan el 40% de su tiempo conectados en internet en alguna red social”, además de que en promedio el mexicano tiene 7.1 años navegando en la red, de lo que se desprende que estas herramientas de comunicación tuvieron impacto en la decisión del votante, en especial por la interacción que se dio y por la cantidad de mensajes que circularon en la red.

De acuerdo a Twitter, entre el 30 de marzo y el 20 de junio de 2018 se registraron 28.3 millones de tuits en el país, de hecho el número total de mensajes en la red del pajarito azul en el proceso electoral 2017-2018 fue de 37 millones; tan sólo los días 1 y 2 de julio, el número de tuits en este espacio fue de 6 millones de intercambios. En contraste, los spots que estuvieron a disposición de todos los candidatos presidenciales sumaron 22.9 millones en medios electrónicos.

Lo anterior va aparejado a un dispositivo que se convirtió en el motor de los cibernautas mexicanos: los teléfonos celulares.

En el año 2000, había 14 líneas de telefonía móvil por cada 100 habitantes, para pasar en 2008 a 68 líneas por cada 100 personas, 79 en 2010 y 93 líneas por cada 100 habitantes en 2018, de acuerdo a datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

En marzo de 2018, previo al inicio de las campañas electorales, México contaba con 115 millones de líneas de telefonía móvil, de las cuales 82 millones eran usuarias de Banda Ancha Móvil (BAM) para tener acceso a Internet.

La Asociación Mexicana de Internet nos recuerda que el cibernauta nacional prefiere en un 89% al celular para conectarse a la red, a lo cual –en promedio– dedica poco más de 8 horas en contra de 3 de la televisión y una hora con 45 minutos para la radio.

Ya conectado, insistimos, el mexicano dedicó el 89% de dicho tiempo al acceso a las redes sociales, actividad que es seguida por el envío y recepción de correos electrónicos, mensajería instantánea, búsqueda en la red, entre otras actividades.

Así, es fácil intuir que las redes sociales tuvieron un impacto en las preferencias electorales de los ciudadanos, pues a diferencia de otros procesos, en el de este año el número de votantes fue menor al de cibernautas.

Pero no es sólo cuestión de números, pues una cosa es contar con los receptores para un mensaje y otra tener algo que decir que pueda hacer que un elector decida por quién depositar su sufragio en los siguientes comicios, algo en lo que la propaganda tiene mucho que ver.

La fuerza de la repetición

Jean Marie Domenach en su obra clásica sobre la propaganda definía a esta actividad como una actividad que busca influir “en la actitud fundamental del ser humano. En este sentido puede comparársela con la educación; pero las técnicas que emplea habitualmente y, sobre todo, su designio de convencer y subyugar, sin formar, la hacen su antítesis”.

El investigador reconocía que esta tarea se basaba en ciertas técnicas que, usadas habilmente, podrían alcanzar con facilidad su objetivo. Es así que entre las técnicas que describió, algunas de ellas las podemos apreciar en la reciente campaña electoral que finalizó con el triunfo del candidato de Morena.

La primera es la del enemigo único, algo que el tabasqueño tradujo como la “mafia en el poder”, el “PRIAN”, por mencionar algunos conceptos que utilizó reiteradamente en sus discursos.

Sus seguidores en redes sociales repetían eso, de acuerdo a la regla de la orquestación, acerca de lo cual Domenach recordó en su obra una frase del maestro de la propaganda nazi, Joseph Goebbels: «la Iglesia católica se mantiene porque repite lo mismo desde hace dos mil años. El Estado nacionalsocialista debe actuar de la misma manera».

Esto iba aparejado con una constante repetición de algunas pocas ideas que ayudaron a la campaña, como cuando se afirmaba que el “cambio verdadero” estaba con López Obrador o que se iba a acabar con la corrupción.

Sobre esto último, la corrupción se convirtió en uno de los motores más importantes para impulsar el voto a favor de López Obrador. El PRI arrastraba, y a su candidato con él, de un desprestigio por este tema, en tanto que el candidato de la alianza PAN-PRD-MC era acusado de lavado de dinero –el cual no logró aclarar–, algo que se tradujo de inmediato, y a ojos de muchos ciudadanos, en sinónimo de corrupción.

En redes sociales, partidarios del candidato de Morena presumían que se trataba del candidato más investigado por distintas administraciones federales sin que le encontraran algo de qué acusarlo.

Esto también entra en la regla de transfusión que Domenach detalló en su texto: “por regla general, la propaganda opera siempre sobre un sustrato preexistente, se trate de una mitología nacional (la Revolución francesa, los mitos germánicos, etc.), o de un simple complejo de odios y de prejuicios”, lo cual se reflejó en la baja aprobación de Enrique Peña Nieto como presidente o la imagen del PRI como el partido de la corrupción, además del rechazo y descrédito que la clase política tenía entre la sociedad mexicana, siendo la institución que menos confianza despertaba entre los mexicanos de acuerdo a distintas encuestas.

Finalmente, la regla de la unanimidad y del contagio también fue puesta en práctica con una gran cantidad de cuestas en redes sociales que defendía de distintas maneras al candidato de la alianza Morena-PT-PES.

Buscando dar la impresión de que se trataba de ciudadanos que se habían contagiado del entusiasmo por el tabasqueño, en su tercera candidatura presidencial, estos usuarios lograron influir en otras personas al presentarles un frente unido que impulsaba a un abanderado que era la respuesta a los problemas que tenemos como país.

Revelaciones del investigador en redes sociales Leo García (@leogarciamx) dan cuenta de la manera en que se organizó el apoyo a la candidatura de López Obrador. Como ejemplo de esto, García señaló a través de su cuenta de Twitter el pasado 22 de julio: “queda constancia que la estrategia de redes sociales de Morena es avasalladora. Y tienen línea. No, no es espontáneo y hay evidencia que NO es ORGÁNICO. Ergo…. amplificación digital artificial: bots”.

Ese mismo día, también apuntó algo que nos ayuda a cerrar este apartado: “Twitter y Facebook, las nuevas plazas publicas donde se tunde a la gente, se golpea mediáticamente a las instituciones, y se hace política”.

Conclusiones

Las redes sociales son un espejo de nuestra sociedad. Las preferencias, creencias, enconos y percepciones que reproducimos en las pláticas con amigos o familiares, se trasladan a los espacios virtuales.

Esto no sería sino una anécdota más, a no ser porque gracias a Internet las redes sociales han pasado a formar parte de nuestras vidas. Las utilizamos no sólo para comunicarnos con nuestros amigos, sino para formar círculos de amistades —o supuestamente de personas conocidas– cada vez más grandes, con los cuales intercambiamos una gran cantidad de mensajes diariamente.

Así, damos a conocer nuestro estado de ánimos, aficiones, preocupaciones, relaciones sentimentales, preferencias deportivas, filias y fobias, todo esto acompañado de fotografías y otros recursos visuales que nos ayudan a comunicar lo que queramos.

No sería tan llamativo este tema a no ser por el hecho de que en 2018, por primera vez en la historia de México, hay más cibernautas conectados a las redes sociales que ciudadanos que acudieron a votar el pasado 1 de julio.

Si a eso le agregamos la plataforma digital que impulsó una candidatura, aprovechando los errores tanto del gobierno federal como de los partidos competidores, y que con constancia e insistencia desde el 2006 sembró el terreno para cosechar un triunfo que medido en cuanto el número de votos recibidos, se le puede calificar simplemente como impresionante.

Si alguna candidatura busca trascender el espacio de lo testimonial, deberá recurrir necesariamente a las redes sociales. La experiencia de Jaime Rodriguez Calderon en 2015, cuando ganó la gubernatura de Nuevo León como independiente y apoyado en Facebook, nos muestra que se trata de una plataforma necesaria para la actividad proselitista.

Al igual que muchos medios de comunicación impresos, que se vieron sorprendidos por la irrupción de portales web informativos, sucumbiendo muchos de ellos a la vertiginosa velocidad que esta tecnología imprimía al periodismo, los partidos políticos y los políticos tradicionales ahora se enfrentan al reto de adaptarse a este nuevo entorno a riesgo de verse, una vez más, rebasados por los candidatos y los movimientos que sí sepan cómo usar estas herramientas.

El triunfo en 2018 de Andrés Manuel López Obrador de la mano de lo que él calificó como “benditas redes sociales”, sólo demuestra que estamos ante la confirmación de que la plaza pública tiene ahora una nueva denominación.

En 2021 veremos si los derrotados se reponen de la sorpresa y si aprenden a usar las redes sociales desde este mismo año o perecen al igual que la rana que no supo entender un entorno que cambiaba rápidamente al ser colocada en una olla con agua al calor de una parrilla, pues no advirtió el peligro que el cambio de temperatura representaba.

Para 2024 podría ser demasiado tarde para comenzar a preparar una candidatura digital.

@AReyesVigueras