CONACYT: a fumigarlo como tantas cosas

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Pues qué le vamos a hacer. El actual gobierno federal de izquierda se parece en mucho al de Fox, porque, al final, los extremos se tocan: hereda del PRI un país de cabeza, desfalcado por los funcionarios priistas –que igual que en 2000, alardean lloriqueando y resentidos que ellos sí sabían qué hacer, cómo gobernar y para qué es el servicio público, obviando el desmán que dejaron– y bombardeado va por los medios que apapachados en el sexenio anterior, particularmente y se rumora, que perdieron sus financiaciones gubernamentales. Ahora toca fumigar en CONACYT.

Pues bien: un país necesita hacer ciencia y proveerse de ella. Esta proviene de pagar por ella. Se beca, se crea un sistema nacional de investigadores y se manda a postulantes a estudiar al extranjero, retribuyendo aquello en dinero y con sus conocimientos plasmados en libros, informes y aplicaciones se verifica lo que se gastó en ellos y al regresar a México a compartir en definitiva lo que estudiaron fuera.

Esto último se entendería en tres realidades: 1) regresan con empleo o lo encuentran prontito por calificados, 2) remunerado de forma atractiva –obviaré lo de “bien”, pues eso es muy vago– y 3) evitando la fuga de cerebros al tiempo que desde la SEP se homologan los títulos adquiridos sin tanto trámite. Esto último es un desbarajuste. No sucede así. El “pero·” suele ser: “no existe un equivalente a lo que estudiaste allá”. ¡Claro! no lo hay, por eso se fue del país a hacerlo. Y si lo hubiera un equivalente ¿por qué exigir que se reestudie aquí para acreditarlo? Si se marchó y obtuvo lo buscado, valga aquí y se equipare. Si usted pidiera los títulos homologados con las reglas actuales, quién sabe cuántos cientos de estudiantes con mérito y que cursaron estudios fuera de México, podrían acreditarlos,  pues es muy posible que no homologaron ante tantas trabas que proponen gobierno e instituciones educativas.

Retomo el punto inicial: se necesita hacer ciencia y se paga por ello. Desde luego que los recortes anunciados en el gasto público, le pegarán al ramo. Ergo, antes de proseguir y aprovechando esta coyuntura desafortunada, hora es de exigir resultados a los beneficiarios de CONACYT, tanto al de a pie como a sus funcionarios o a los becados de ilustres apellidos que delatan enchufes y conectes a becas que no cualquiera, y que no han aportado nada a México, más que sus pagadas estancias en el extranjero viajando y dilapidando recursos públicos que no nos sobran y que los contribuyentes merecemos ver reflejados en resultados: publicaciones, descubrimientos, aportes a la Patria que no sean su ego de estar fuera y que francamente, de todo aquello no les conocemos nada.

Cuando uno conoce gente que lleva años “investigando” en Europa sin terminar su investigación, sin publicar nada ni titularse o que cuatro cositas de nada las dice obtenidas de sus laaaaaaaaargas estancias en archivos y centros de investigación, es cuando uno identifica a vividores y  claramente el derroche y el abuso con el cual se han prodigado becas al exterior sin que México ganara algo a cambio. Le recriminan al vocero presidencial Jesús Ramírez que acusa sin más al afirmar que con relación a CONACYT hay actos peores que los de la Estafa Maestra. Peores por el monto y el tiempo sucedido de forma reiterada. Pues no. Hay razones para creerle. Y ambos desfalcos son resultados para México, de signo PRI. Dicho para que los priistas, los priistas encubiertos y sus simpatizantes no se adornen tanto en estos momentos en que han perdido la ubre y se comprende así sus lamentos y descalificaciones a los que de momento mandan por mandato de las urnas.

Lamentablemente el mundo sea o no científico mexicano así se ha movido por décadas. Y lo saben los detractores del referido funcionario. Se quedarán en eso porque de reflexionar, de reconocer sus incapacidades y renovarse, nada. De eso no esperemos nada. Y en efecto, hay miles de becarios que sí han cumplido con México. Pero eso no quita a los que no y también son bastantes. Viven de las becas y el país, bien gracias….

Con CONACYT el tamaño del problema es enorme. Por eso es importante colocar al frente a personas que lo dimensionen, persigan impunidades, redefinan necesidades y prioridades científicas para el país y eviten nuevos desfalcos. Y por eso se agradecen las renuncias de personas a todas luces incapacitadas para atender tales asuntos. No se trata solo de ser incluyentes, sino de poner personas que, en efecto, tengan claro el sentido del servicio público para resolver problemas y sí, para que, incluso, toquen intereses para que el CONACYT realmente sea un servicio para todos y no para los vivales de siempre.

@marcosmarindice