Las calificadoras: el sino de su actuación

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Polémicas, no son tan inocentes ni tan precisas. Hay una corriente de economistas que se piensa que la palabra de las calificadoras de riesgo es la ley. Y con ellas comulgan ciertos políticos y analistas. Y mal asumen que cuando ellas hablan, todos a callar y a hincarse tomando a pie juntillas sus sapientísimos veredictos, porque…pues son las calificadoras.

Habemos quienes por el contrario, no nos quedamos en eso y cuestionamos sus procederes. No es herejía, es sentido común y recordación de su actuar funesto en los años recientes, siendo partícipes de la corrupción que condujo a la peor crisis capitalista, porque las calificadoras de riesgo ni han sido siempre transparentes ni certeras y jugaron el rol de alcahuetes y encubridoras en casos de escándalos financieros detonadores de la crisis mundial de 2008, que seguimos pagando y además, respondiendo a intereses muy ajenos a solo sacar conclusiones y opiniones.

Cualquiera con dos dedos de frente comprenderá que en el sistema capitalista –en el mejor de los casos con una estropeada economía mixta– el proceso especulativo existe y define en gran medida a la toma de decisiones, una de las cuales es invertir según el panorama que se pinta a los inversores desde tales calificadoras. Pero hete aquí que hay distintas calificadoras y por ende, percepciones; y por otra parte, también gobiernos que reaccionan con medidas a los veredictos que enuncian ellas, pies tales no son estáticos, que a su vez generarán nuevos estudios, muchos pagados por los estudiados. Y así. sucesivamente.

Si el lector, el interesado en temas económicos y los estudiosos de la economía no pierden de vista que es una opinión valiosa la de aquellas, pero, pero, pero no la única que describe a una realidad determinada, por un lado, y por el otro admiten algo fácil de verificar: que las calificadoras juegan un papel que contribuye a causar           per se especulación y falsas expectativas y peor, ellos abonan a justipreciarlas y admitirlas,  y admiten, reconocen que ellas sí han participado pintando escenarios buenos y malos ajenos, lejanos a la verdadera realidad que los definía, solo entonces podrán saber que cualquier pronunciamiento de una calificadora de riesgo es eso: una opinión y que desde 2008 deben tomarse con muchas reservas y sí, con desconfianza por su carencia de ética financiera muchas veces demostrada, pues su dicho es, además, no la verdad absoluta. ¿Emitida con estándares y parámetros científicos?, sí en teoría, pero…

Sí, solo han sido certeras a veces, porque el “a veces” con mueca torcida por respuesta de quienes adoran las calificadoras y les compran todas sin chistar, se respalda en las especializaciones y escándalos ocultando cifras, pervirtiendo los datos para afectar mediciones y falseando informes en consecuencia, otorgando calificaciones favorables a verdaderos desfalcos y contribuyen ahí sí, a sostener la engañifa que en medio de la especulación justificada del capitalismo, llevó a decisiones erróneas, percepciones equivocadas y decisiones erráticas para afirmar los primeros indicios de crisis que estallaron en la peor recordada en el sistema capitalista mundial.

El desprestigio de las muchas calificadoras que algunos en México idolatran y reniegan de quienes apuntamos hacia ellas, fue total y enlodadas, no acaban de lavarse la cara tantos años después.

Así que quienes no solo no nos quedamos boquiabiertos ante sus calificaciones y pronunciamientos, sino que las vemos con merecida y bien ganada desconfianza, bien sabemos que no son la última palabra y tienen más en contra que a favor. Hay que verlas con recelo y no como la verdad revelada, pues no lo son. Aunque eso garantice a cualquiera que se lo crea, que sí lo son.

Cuando Fitch Ratings ha descalificado al gobierno López Obrador por su plan de rescate a Pemex, evidencia lo que hay y economistas especializados han denunciado: ahora resulta que pone los bonos de la petrolera a un paso de ser bonos basura cuando su panorama financiero, ese que no le convence de la mexicana, era malo hace años y con las mismas agravantes en los dos sexenios previos. Mas sospechosamente hoy sí le preocupan como para degradar la confianza en la empresa que resiste al embate de sus competidoras extranjeras, esas que se abrieron en la reforma energética peñista. Da para pensar la “oportuna manifestación” de Fitch, si no abona más a la especulación negativa hacia un Pemex técnicamente en apuros, que a ayudar en crear un mejor clima de confianza. No sería la primera vez que se presentan esas calificaciones especuladoras y por eso merece verse con recelo. Su actuar en verdad que sí revela una errática ruta y permite olfatear otros intereses en su pronunciamiento como calificadora de riesgo.

Las calificadoras pueden ser importantes, pero son un factor. No el clave. No el único y no necesariamente el más trascendente. Son parte y qué bien que sí, de un sistema especulador adulador, parte de un juego. Y hasta allí, no se pierda de vista o caeremos atrapados en sus informes y en su muy unilateral mirada de las cosas. No les beneficia sus especulativos procederes del pasado reciente y eso nunca se nos olvide cuando se pronuncien. Han respondido a muchos intereses, y no solo al más inocente: informar de una situación financiera. Sépase y asúmase.

@marcosmarindice