Dafne Almazán, la adolescente mexicana y la menor de los alumnos de Harvard

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MTRO. ESTEBAN MOCTEZUMA B.,

+No importa  lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos por él. Florence Nighttingale

Tendría Dafne Almazán Anaya entre siete y nueve años cuando la conocí, porque era hermana de Andrew Almazán, el mayor de la familia, que comenzaba a hacer fama por ser algo que se suele menospreciar en México:

Ser inteligente superior, superdotado.

Sólo que su padre, el médico Asdrúbal Almazán, ha logrado hacer la diferencia con lo anterior por ser también un superdotado que sufrió las consecuencias que esto aún cuesta en México, pero se unió en matrimonio con Dunya Anaya, una mujer de inteligencia superior, profesora con maestría en educación y lograron la maravilla de tres hijos superdotados —la tercera es Delany y ya también ella está haciendo su historia, que naturalmente también se desarrolla en Harvard, considerada la mejor universidad del planeta—.

Esta familia, gracias a sus altas dotes comunes y a la visión de los padres, está llamada a lograr una revolución educativa en el país, que además de ser un derecho al alcance de todo mexicano, sobre todo en sus tres etapas iniciales, convenza a los gobiernos del Estado mexicano a prestar la atención que necesitan y merecen los superdotados de ocupar el lugar de privilegio en los estratos mayores del conocimiento, la cultura y la docencia, por ser las llaves que en los países de mayor desarrollo integral van a la vanguardia en todas las actividades económicas, científicas, tecnológicas y sociales.

Andrew, el varón y el mayor de los hijos, tiene ya un lugar mundial en su desarrollo personal y en las aportaciones que a sus aún escasos 24 años ha hecho ya a la atención de los niños superdotados del país. Ha sido certificado por la Universidad de Harvard en Educación Diferenciada, como experto en Detección y Atención en niños del Trastorno en Déficit de Atención e Hiperactividad por la Harvard Medical School. Es médico cirujano, maestro en educación con acentuación en el desarrollo cognitivo y licenciado en psicología.

Delany Almazán Anaya tiene unos 21 años y ya también es alumna de Harvard, pero en disciplinas más apegadas a lo artístico, cultural y filosófico que a lo científico y tecnológico.

Y finalmente Dafne, la menor, que con sus escasos pero extraordinariamente aprovechados 17 años se ha convertido en la alumna más joven del mundo en la Universidad de Harvard, está decidida a mejorar en todo lo posible la enseñanza de las matemáticas, consciente de lo que esta disciplina es de fundamental para el crecimiento de México, donde la costumbre fue haciendo de ella una materia, temida y aborrecida por la gran mayoría de los mexicanos que han pasado por las aulas del país a través del tiempo.

Los Almazán Anaya son una familia igual que casi todas en el nivel de la clase media alta, pero como la ya algo añosa expresión para fortalecer la imagen de una institución bancaria en el país, podríamos decir de ella que es lo mismo pero no es igual… Han sabido hacer de la gran calidad intelectual que comparten el gran soporte de su propio mejoramiento individual y colectivo, pero han entendido que su gran capital humano debe ser compartido con el mayor número de niños superdotados al alcance de los, por fortuna, crecientes recursos con que cuentan en el CEDAT, Centro de Atención al Talento que fundaron y han hecho crecer —tiene ya una sucursal en Guadalajara y van por más— en beneficio de cuanto niño con alta inteligencia llega a su sede.

Esta célula familiar irradia tanta energía para el desarrollo de las mejores mentes del país, que la jefa de gobierno de esta capital, Claudia Sheinbaum, seguramente habrá de revisar su decisión de eliminar los recursos de apoyo a los niños prodigio, porque los Almazán Anaya han demostrado, en sí mismos y en los demás, que son la mayor reserva de capacidad para el crecimiento futuro del país.

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