Aristóteles Núñez y el fracaso del discurso liberal

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Hay tres formas de lidiar con la información en redes sociales. La primera es la selectividad: no todo lo que se ve vale la pena o es informativo, por lo que es necesario dejarlo pasar. La segunda es reaccionar: quien lo hace termina mostrándose pueril y banal. La tercera es complementaria a la primera: una vez que se pasa el filtro, hay que ponderar algo según sus méritos, aceptar lo que se considera válido y cuestionar lo demás, esperando que se abra un debate que nos enriquezca a todos.

El pasado domingo 10, el ex director del SAT y analista Aristóteles Nuñez escribió una serie de tuit en su cuenta (@AristotelesN) sobre la que reflexionó acerca del triunfo de López Obrador, la cultura política y el desarrollo del país, generando todo tipo de comentarios a favor y en contra. Van unos comentarios sobre lo que estoy de acuerdo y lo que no, esperando abrir una discusión.

Estoy completamente de acuerdo con la visión que ofrece sobre la idiosincrasia del mexicano: aspiracional y envuelta en la cultura del fracaso. También coincido que López Obrador es la consecuencia de esta visión del mundo. Sin embargo, no creo que esto sea consecuencia de la fatalidad o de nuestra nacionalidad. Es decir, por décadas se nos inculcaron estas ideas, de tal forma que la genialidad de nuestro presidente es representar el papel que a mucha gente se le enseñó a esperar. Como he expresado en mis textos: tenemos en el poder al último líder de masas del Nacionalismo Revolucionario.

Es aquí donde comienzo a diferir de los tuit de Aristóteles Núñez: la victoria de López Obrador no se valió sólo por las visiones que bien se señalan, sino también por la incapacidad de 30 años de discurso liberal por presentar y promover una visión alternativa al Nacionalismo Revolucionario. Es decir, el tabaqueño no sólo supo presentarse como el líder que las masas esperaban, sino que además lo logró por la inexistencia de alternativas. Hablamos de un trabajo indispensable para todo régimen desde que existe la civilización: tejer una narración de quiénes somos, de dónde venimos, qué nos une y hacia dónde vamos.

Tan es así, que muchos liberales parecieron haber tomado un desdén absoluto por el gobierno y las instituciones políticas, atrincherados en una posición economicista que es igual de mágica que el pensamiento aspiracional que denuncian. Hay dos tuit que lo muestran: “A menudo se nos olvida que gran parte de la sociedad mexicana, esa que algunos llaman pueblo, elige, decide y actúa con base a sentimientos y emociones”; y “En el modelo democrático que nos rige, el voto del ignorante, del flojo o del subvencionado vale lo mismo que del empresario o intelectual más exitoso del país”.

Hay dos cosas qué decir: el gran problema de implementar modelos económicos es que por lo general ignoran los problemas políticos que surgen o no consideran ciertos tipos de regímenes. Por ejemplo, en México se dio un proceso amplio de apertura económica que no estuvo acompañado con otra política y que tampoco se modificaron las relaciones corporativistas de viejo cuño. El resultado: un capitalismo de cuates con ciudadanos poco empoderados.

Segunda cosa: el liberalismo no asume que hay ciudadanos inteligentes o ignorantes, sino que todos podemos ser presa de la demagogia. Por otra parte, el supuesto del ciudadano educado es falaz: no existen personas expertas en todos los temas de la agenda pública, e incluso una carrera no muestra aptitud para la política en sí. En lugar del elitismo, conviene pensar en ampliar libertades y diseñar instituciones que ayuden a frenar los embates del demagogo.

Estos son, a mi juicio, los dos puntos donde Aristóteles Nuñez se tropieza en su argumentación y en nada abona a reconstruir la credibilidad del discurso liberal. Lamentablemente muchos de quienes abrazan este ideario se encuentran más ocupados en retuitearse entre sí en lugar de hacer un ejercicio serio de autocrítica.

@FernandoDworak

1 COMENTARIO

  1. Comparto la idea general de su columna, me parece exagerado hablar de un discurso liberal, porque no hubo una política, economía o cultura liberal en los últimos cien años. El periodo llamado «neoliberal» ese qué bien señala como capitalismo de cuates o mercantilismo de Estado. Solo implementó cambios a medias y a medida de ciertos intereses solo para moderar la política, economía y cultura socialista tan arraigada en este país.
    Es necesario un discurso liberal integral, no solo ocurrencias y descalificación.