Mejor dejen morir al PRD

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Es tan poco el amor como para desperdiciarlo en celos.

Lo que, se supone, vendría a solucionar una situación de ilegalidad y reactivaría, al mismo tiempo, a los adormilados cuadros del PRD, se convirtió de repente en una disputa sin sentido entre los sobrevivientes del partido.

Y es que el domingo pasado el sol azteca decidió que en la Ciudad de México se instalara una dirigencia colectiva provisional, mientras el partido está en condiciones de realizar elecciones internas para renovar a su Comité Directivo.

Se repitió el mismo esquema que las tribus mayores emplearon el año pasado para dejar a Ángel Ávila al frente de una dirigencia colectiva, previo a la realización del Consejo Nacional que en un par de meses estará sesionando para renovar los cuadros del PRD.

Manuel Granados, quien entonces fungía como presidente del instituto, no hizo el menor pancho y entendió que el partido estaba en falta porque no había renovado su dirigencia; dio las gracias y se retiró.

Cierto que hubo pataleo de representantes de algunas tribus, que incluso salieron cuadros muy importantes, como Héctor Serrano y casi la totalidad de Vanguardia Progresista, la corriente afín a Miguel Ángel Mancera, pero todo siguió su curso.

Ya con las aguas en calma, se decidió hacer algo con la dirigencia de la Ciudad de México, en la que Raúl Flores ya había excedido —y por mucho— el tiempo legal para estar al frente.

Al parecer nadie le avisó que lo iban a sustituir por una dirigencia colegiada y, cuando se enteró, montó en cólera. A través de sus redes calificó su relevo como un “intento de golpe de Estado” de la dirigencia nacional, y dijo que se mantendrá “institucional”.

Lo de “institucional” muchos lo entendieron como que se iba a alinear, pero al parecer está pensando irse por la vía jurídica para combatir su destitución.

Independientemente de rollos legales, en el PRD debería imperar la cordura de todo el mundo, pues quienes decidieron destituirlo debieron avisarle y convencerlo. Aunque también Flores debe entender que su tiempo concluyó hace mucho.

Llegó a la dirigencia como una concesión a Miguel Ángel Mancera y los resultados que entregó al frente del partido fueron realmente malos. Cierto que no fue el dueño de las decisiones, pero estuvo sentado en la silla de presidente y él avaló las mismas.

Como presidente te cae lo bueno y lo malo; desgraciadamente para él, la cosecha no fue nada buena y, hoy que se tiene que ir, es un poco incomprensible que se aferre al cargo, sobre todo porque el partido está en el fondo del pantano y no será él quien lo saque.

Es bueno que se ventile el PRD con una nueva dirigencia provisional, que puede traer ideas para tratar de resucitar a los amarillos, pero pónganse de acuerdo.

CENTAVITOS… El guerrerense Manuel Negrete demostró, una vez más, cuán ignorante es, pues defendió a capa y espada haber mandado a pintar la alcaldía de Coyoacán de blanco, porque el color ocre, que durante tantos años había conservado, no le gustaba. Y si es de gustos, pues está bien, pero el hecho de que no haya consultado al Instituto Nacional de Antropología e Historia, tan sólo porque es el alcalde y dice que su opinión cuenta, habla no de dolo, porque, desgraciadamente, ni para eso le alcanza, sino de absoluta ignorancia. Si no sabe que trabaja en un inmueble protegido, mal; y si ignora que tiene que pedir permiso hasta para poner un clavo, peor. En una alcaldía, cuyo centro destaca por tener vecinos de la cultura y el arte, sí debió calentar a más de uno el tema.