Las advertencias desatendidas

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Hace algunos años, cuando Nicolás Maduro no era sino un simple chofer del transporte público en Venezuela, Hugo Chávez brillaba como el seguro sucesor de Fidel Castro. Hombre con ambición de historia. Esos son los más peligrosos.

En ese tiempo conocí a Chávez en La Habana y me pareció un tipo de extraordinaria personalidad. Me interesó hacer algunos reportajes en Caracas, y le pedí a mi amigo Jesús Puente Leyva —ya desaparecido—, entonces embajador por segunda o tercera vez en Venezuela, una orientación.

Me dijo sin un momento de dudas: para hablar con alguien importante debes buscar a Teodoro Petkoff, un exguerrillero quien se ha convertido en voz notable de la crítica al gobierno de Chávez.

—No tiene razón en todo, pero tiene razón en algo: no es posible vivir sin los aportes de la crítica.

Tiempo después Puente Leyva falleció. También Chávez y hasta Petkoff. La estrella de Maduro se alzó en el horizonte y el cielo de Venezuela se oscureció como nunca en su historia. Quizá la diferencia más grande entre Chávez y Maduro consista en la educación: uno aprendió a leer; el otro no acabó la primaria.

Uno mal administraba la riqueza petrolera; el otro mal administra la penuria petrolera.

El populismo, se disfrace como se le quiera vestir, siempre empobrece y casi siempre a quienes dice querer beneficiar. Tarde o temprano la verdad se impone y dos y dos son cuatro, aun cuando el redentor en turno diga lo contrario o los haga sumar cinco por decreto. Por ucase.

En los tiempos finales de Petkoff… cuando ya había padecido cárcel y marginación y su periódico “TalCual” era una especie de recordatorio indispensable, otro de los franeleros de Chávez y Maduro, Diosdado Cabello, hizo una triste declaración propia de los valentones cobijados por el gobierno (así cualquiera es machín), y les dijo a quienes se quejaban por la inseguridad y la violencia: si no les gusta, váyanse de Venezuela.

Fue como alguna vez dijo Ramón Aguirre en los tiempos del PRI, si no les gustan los problemas de la ciudad, no vengan. Más o menos. Pero si al hombre de Torresmochas nadie lo tomó en serio, a Maduro —por las buenas o por las malas—, mil venezolanos diariamente, desde hace meses, se le van por la penosa ruta del éxodo.

Pero el motivo de todo esto es reflexionar sobre una carta de Petkoff (2014), quien a raíz de la desafortunada invitación a largarse que les hizo Cabello a quienes alzaban la voz por una situación complicada, publicó las célebres palabras con un tinte crítico.

Obviamente como suelen hacer los políticos, renegó de sus expresiones y dijo, me las inventaron, me las sacaron de contexto, me truquearon la grabación. Entonces la emprendió contra Teodoro y sus socios y colaboradores. Y el exguerrillero escribió y publicó esto. Vale la pena:

“…Nosotros, Teodoro Petkoff, Francisco Layrisse, Manuel Puyana y Juan Antonio Golía, venezolanos, denunciamos que el ciudadano Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de la República de Venezuela, en uso y abuso de su poder, manipulando el sistema judicial, nos ha acusado penalmente, en nuestro carácter de directores del diario ‘TalCual’, por la supuesta difamación agravada de la cual habría sido objeto, a raíz de un artículo de opinión publicado en este diario el 17/1/2014, suscrito por un articulista independiente, quien le atribuye una frase que Cabello niega haber dicho, la cual reza:

—“Si no les gusta la inseguridad váyanse”.

“Según la apoderada de Cabello, los directores hemos actuado “con la intención consciente de difamar”, y, “la intensión (sic) de dañar la reputación y decoro que caracteriza” (al denunciante). Asienta además que nosotros nos hacemos “eco de tales divulgaciones, así como permitir dicha publicación sin la debida revisión de la veracidad de la misma”, lo cual sugiere la existencia de una censura previa, expresamente prohibida en nuestra Constitución.

“Más allá del fondo del asunto, el demandar penalmente a los directores de un diario por el contenido de un artículo de opinión suscrito por un articulista independiente, constituye un acontecimiento inédito que pone de manifiesto la censura a la libertad de expresión a la que estamos sometidos en Venezuela, política de Estado que se ha manifestado en este régimen totalitario a través de distintos mecanismos: cierre de medios de comunicación, compra de medios, leyes inconstitucionales de control de la información, presiones fiscales, falta de papel para los periódicos, multas y acosos de todo tipo…”.

Cosa linda…

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

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