AMLO, Valjean y Javert

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Lo de menos es justificar al pueblo bueno que nunca se equivoca; lo difícil es reconocer la existencia de un pueblo vandálico. Lo bueno no radica en reconocer que la pobreza genera el síndrome Valjean del delito por hambre; lo malo se localiza en la justificación del robo como comportamiento social.

Tlahuelilpan fue el shock videograbado de una explosión de una fuga de gasolina y las decenas de cuerpos quemados en vivo y en directo, pero la tragedia asume la condición de vandalismo con el caso del camión con reses accidentado en Veracruz y los animales destazados por la gente para llevarse carne a su casa.

Las justificaciones son lo de menos. Lo grave radica en la falta de una estrategia para atender las turbamultas que asaltan trenes con víveres o camiones con mercancías para robar sus productos.

La justificación es el hambre. Por tanto podríamos estar ante evidencias de delincuencia por razones sociales. Pero esa explicación se distorsiona cuando jóvenes sin educación ni empleo justifican sus empleos con los cárteles del narcotráfico por condiciones de ingresos.

La causa de la delincuencia social y del vandalismo popular —no de los jefes de los cárteles o de los funcionarios corruptos— es en realidad el efecto de un modelo de desarrollo que apenas puede ofrecer PIB de 1.5 a 2% en promedio anual y desempleo de 60% de la población, sumando los que no tienen trabajo y los que tienen empleo con salarios que no alcanzan.

El vandalismo social debiera ser una categoría sociológica de sociedades en crisis de bienestar. El perfil social del presidente López Obrador podría convertirse en un acelerante de la delincuencia por razones sociales: el síndrome Valjean, el delincuente de la novela Los miserables, de Víctor Hugo, que fue a la cárcel por robar un pan para su sobrina. Cuando fue jefe de Gobierno del DF Marcelo Ebrard dijo que metería a la cárcel a los que robaran un peso porque se requería de autoridad para evitar la delincuencia. López Obrador ya ordenó noprocesar a personas que se roban gasolina por hambre.

Diagnóstico

La crisis de la delincuencia social es producto de una crisis en el crecimiento económico con una tasa de 2.2% en promedio anual de 1983 a 2019. Es decir, México ha tenido una generación de personas nacidas en la crisis de crecimiento y de empleo y por tanto de bienestar.

El PIB de 2.2% promedio anual ha sido acompañado de una política económica que asume la inflación como un problema de demanda-capacidad de compra, por lo que se bajan precios controlando la demanda-salarios. Sin PIB ni salarios los mexicanos se empobrecieron: 80% de las familias pobres y medias tiene 48% del ingreso, en tanto que 20% de las familias más ricas acapara 52%. Sí hubo riqueza, pero se distribuyó mal, muy mal.

La delincuencia social oscila entre el robapan Valjean y el implacable comisario Javert que lo persigue sin entender motivaciones sociales. En medio se localiza la urgencia de un modelo de desarrollo para el bienestar, no para la estabilidad macroeconómica.

López Obrador tiene un diagnóstico acertado de la inseguridad y violencia por causas sociales, pero su modelo económico no dará más de 3% promedio anual de PIB si no realiza una gran reforma para cambiar el modelo de desarrollo. Lo malo será que no haya desarrollo-bienestar y sí justificaciones de la delincuencia social.

@carlosramirezh