Buscan hacerlo puré

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Cuando en 2016 se supo que Mauricio Toledo estaba detrás de la denuncia penal por un presunto robo en contra de Alejandro El Chino Robles, quien había sido de sus escuderos más fieles, hasta los propios perredistas reprobaron esa vil acción.

Y es que en Donceles era público que El Chino tenía que entregar casi su cheque completo a la familia de su patrón, además de mantener en la nómina a la madre de quien en ese entonces era delegado en Coyoacán.

En la Asamblea Legislativa la defensa de todo lo relacionado con Toledo era tan vehemente por parte de Robles, y de su entonces colega —después delegado y hoy diputado local— Valentín Maldonado, que entre la tropa eran conocidos como los tomatitos cherry.

A pesar de los servicios prestados a la causa, en 2015, El Chino no fue considerado para ninguna posición relevante por su patrón, por lo que decidió escuchar el llamado de algunos morenos para cambiar de camiseta.

Enfurecido por lo que consideró una traición, pero más aún por el temor a perder todo el trabajo territorial de su colaborador, Toledo urdió un plan para anular al desertor y, de paso, darle una buena lección que sirviera de ejemplo para los demás.

Utilizó a Juan Jesús Martínez Zavala, entonces presidente del PRD en Coyoacán, para denunciar a Robles por el supuesto robo de computadoras en un módulo del partido, ubicado en la zona de los pedregales de esa delegación.

Eso fue suficiente para que en 2016 la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal iniciara una verdadera cacería en contra de El Chino, a quien relacionaban incluso en otra acta por un robo a casa habitación, lo cual evidenciaba la fabricación del delito.

Como en la ciudad Toledo era el dedo chiquito de un poderoso personaje que dominaba prácticamente todo lo que se moviera en torno al gobierno capitalino, no le fue nada difícil conseguir el apoyo del Ministerio Público para fabricar las pruebas.

Al ver que nadie levantaría un dedo en su favor, y ante el temor de ser encarcelado injustamente, El Chino se refugió en Canadá, país en el que pidió asilo como refugiado político, y en el que aún se mantiene.

Lleva ya dos años en ese país, tiempo en el que la PGJDF le negó la revisión de su caso, a pesar de que incluso en 2018 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos pidió suspender el proceso por evidentes inconsistencias.

Ahora que arribaron autoridades emanadas de Morena, y ante la evidente animadversión que hay de los pejistas hacia Toledo, la Fiscalía para la Investigación de los Delitos Cometidos por Servidores Públicos reactivó el caso.

El tema cobra relevancia porque, aunado a que Toledo se encuentra muy disminuido, el equipo de Claudia Sheinbaum le quiere cobrar las afrentas de campaña en contra de la hoy jefa de Gobierno, y ésta sería una magnífica oportunidad de aclarar paradas.

Por lo pronto, Mauricio Toledo se mueve incómodo en su jugo.

CENTAVITOS… Sobre el pleito que traen el Congreso de la Ciudad de México y el periodista Ricardo Rocha, se publicó ayer aquí que durante una charla llevada a cabo el 11 de septiembre en el Gran Hotel entre Rocha y Ernestina Godoy, entonces diputada electa, estuvo presente el entonces diputado José Alfonso Suárez del Real, quien afirmó haber sido testigo de un acuerdo para desaparecer el canal. Al respecto, Manuel Moreno, director general de Vinculación, asegura que esa reunión sí tuvo efecto, pero que en ningún momento estuvo presente Suárez del Real, como lo afirma, y que el café donde se habló del tema sólo fue entre Rocha y Godoy.

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