Análisis semanal: 21 de enero

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La tragedia de Tlahuelilpan avivó, una vez más en un país polarizado, el debate acerca de la responsabilidad y la eficiencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La manera en que se desarrollaron los hechos desde que se dio a conocer la fuga, hasta el momento de la explosión –con redes sociales informando en tiempo real–, dan material para la polémica entre los seguidores y los adversarios del actual gobierno.

Varios aspectos son de llamar la atención:

  • La manera en que tanto la policía federal, local y el ejército dejaron de actuar para alejar a los pobladores de la fuga y, con eso, evitar una tragedia que –al momento de redactar este texto–, llevaba más de 80 muertos. Una explicación fue que los elementos de seguridad eran superados en número, a lo que se agregó la declaración del propio presidente de que no se iba a reprimir al pueblo, lo que da que pensar acerca de los protocolos a seguir en casos como el que se presentó en el municipio hidalguense.
  • Si bien es cierto que el problema del huachicoleo viene de sexenios anteriores, en los que se permitió que este ilícito creciera con la complicidad y omisión de autoridades, también lo es que a la actual administración federal le toca actuar para prevenir delitos y evitar la sangría de combustible que tanto le cuesta a la nación.
  • Adicionalmente, la curva de aprendizaje que todo gobierno entrante enfrenta, se ha mostrado en toda su dimensión en lo que para muchos ya es una guerra contra los huachicoleros de parte de López Obrador.
  • Finalmente, hay que agregar que las redes sociales ayudaron a informar de los hechos, pero también a difundir noticias que aún no se confirman del todo, como la versión de la demanda de indemnización por parte de familiares de loa pobladores fallecidos de Tlahuelilpan.

Hay que considerar que no se trata del único municipio en el cual los habitantes toman parte del robo de combustible, pues ya se han tenido enfrentamientos entre pobladores y miembros del ejército, sin que los llamados presidenciales de pedir que no participen en este ilícito tenga éxito y a pesar de las promesas de empleo y oportunidades para evitar que tengan que delinquir.

Bastante complicado luce el panorama, aunque hay que reconocer que a diferencia de la administración federal anterior, la actual bajo la batuta de López Obrador luce con mejores reflejos y una estrategia de comunicación que pudiera ser la diferencia en situaciones de crisis como la que se vivió el sábado 19 de enero.

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Sigue la guerra en redes

La polarización no cede y las redes sociales se ha convertido en un campo de batalla en donde cualquier suceso es aprovechado para atacar o promover al lopezobradorismo. Los sucedido en Tlahuelilpan es un buen ejemplo de esto. Los seguidores de AMLO vieron en esto la oportunidad de culpar a gobiernos anteriores y al PRIAN de la tragedia, en tanto los adversarios utilizaron la explosión en el ducto de gasolina para culpar a AMLO de se incapaz de garantizar la seguridad y no ser eficiente para evitar la fuga y posterior explosión.

Y nadie quiere ceder en este terreno, a pesar de la ausencia formal de partidos políticos de oposición, pues parece que el terrenos de las redes sociales es lo más parecido a una tierra de nadie en donde cualquiera puede aparecer y lanzar su verdad.

@LosPinos_mx