2019: reacomodo desordenado

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La parte más difícil de todo nuevo gobierno es la implementación de objetivos, no sus muchas definiciones. Lo de menos es invocar los nuevos equilibrios políticos, cuando en realidad el problema radica en la construcción de esos nuevos equilibrios. No se trata sólo de sumar, sino de saber qué hacer con las restas.

Analizadas en frío, las propuestas más polémicas del gobierno ejecutivo-legislativo de López Obrador no representan hasta ahora ninguna ruptura de sistema político/régimen de gobierno/Estado constitucional, aunque en los hechos difieren de los estilos del PRI y del PAN. Lo que llama la atención son las prisas por consolidar proyectos.

El 2019 será clave para el sexenio que ha comenzado porque tiene que ver con imposición de nuevas reglas y modos. Podría asumirse el primer semestre como el más importante porque es el de las resistencias. Sin una tarea política de Morena para la administración y contención de medidas, los mecanismos judiciales y políticos de la oposición llevarán al nuevo gobierno a un desgaste de funcionalidad.

Morena, sin embargo, aparece fuera de lugar: sin dirección, control o profundidad. Su presidenta Yeidckol Polevnsky no forma parte de la estructura de toma de decisiones presidenciales; el presidente López Obrador confía más en los dos líderes senatoriales Ricardo Monreal y Martí Batres que en el poco competente líder morenista Mario Delgado o en la dirigente de Morena. Al comenzar el día todos andan cazando las conferencias matutinas presidenciales para fijar líneas de trabajo.

La clave del 2019 estará en la economía: PIB, inflación, tipo de cambio y empleo promovido por el sector privado. Si no hay un avance estabilizador con aumento de empleo, las cifras decepcionarán a los ciudadanos. El 2019 será de consolidación de la estabilidad para poder crecer a partir del 2020 a tasas de más de 3% de PIB. El modelo parece fácil, pero no se percibe pericia en Hacienda para manejar las principales variables macroeconómicas.

En lo político el 2019 seguirá dependiendo de la capacidad presidencial para mantener activa la relación de López Obrador con su electorado mayoritario. Al comenzar el año ninguno de los operadores políticos del presidente parece funcionar para administrar las protestas por algunos programas ni, sobre todo, para atender los procedimientos judiciales donde podrían naufragar algunas decisiones.

En la primera mitad del año el principal problema de México será Donald Trump y sus atrabancadas decisiones funcionales a sus planes internos de resistencia ante los acosos, la victoria demócrata en la Cámara de Representantes y el año clave para su reelección en el 2020, en medio del cerco que le cierra el fiscal especial Robert Mueller que quisiera ver a Trump tras de las rejas.

El tema migratorio se ha dejado en manos de la Casa Blanca, con un negativo retroceso del lado mexicano por los indicios de que la secretaria Olga Sánchez Cordero y el canciller Marcelo Ebrard están eludiendo nuevas definiciones. México se está llenando de indocumentados centroamericanos que no tendrán aceptación en los EE. UU. y Trump estás dejando la impresión de que México va a hacer lo que la Casa Blanca quiera.

Por la intensidad de algunas decisiones presidenciales, el 2019 será año determinante en el sexenio de López Obrador y mostrará una batalla política de la oposición para enfriar a como dé lugar al nuevo gobierno.

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