López Obrador juega con la seguridad nacional

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Las narrativas épicas sirven para apuntalar la legitimidad de un gobernante, especialmente en momentos de crisis. Cuando se inspira a la ciudadanía a aspirar a algo grande, es necesario ser claro en los costos y el tiempo que se tendrá que resistir, tanto como la magnitud de la recompensa. En este manejo se distingue al líder del demagogo. Por otra parte, una política requiere de un diagnóstico, planeación y cálculo de externalidades para ser eficaz. De lo contrario, se tendrán ocurrencias que pueden llevar a un peor entorno del que se estaba antes.

A más de una semana de la crisis en el desabasto de combustibles, todo parece indicar que tenemos enfrente a una ocurrencia hecha para construir una narrativa: debemos apoyar al presidente. A un lado se encuentra una política de la que todavía no sabemos en qué consiste más allá de cerrar ductos, noticias que se han detenido a algunas personas y algunos ejercicios de inteligencia financiera que no requerían cerrar ductos. ¿Se podía hacer mejor? ¿Era necesario recurrir a la idea del sacrificio en el mes dos de gobierno? ¿Se está jugando con la seguridad nacional?

Uno de los efectos de la estrategia contra le huachicol es que se desacreditó tanto al PRI como al PAN para hablar del tema, pues eran cómplices de la corrupción. Sin embargo, no fue sino hasta 2016 que se comenzó a tener una normativa adecuada para combatir el problema con la Ley federal para prevenir y sancionar los delitos cometidos en materia de hidrocarburos: todavía se encuentra en las primeras etapas de aplicación. Haría bien la prensa evaluar el combate a este fenómeno a partir de la eficacia de esta norma.

Otro tema: el huachicol y la forma en que se afronte es un problema que incide en la confiabilidad de México como destino de inversiones extranjeras. Bajo esta premisa, entre más se incremente la sustracción y venta de combustible, menor será el interés en invertir en ductos por las empresas privadas. Como consecuencia, PEMEX libera más capacidad de la actual planeada en las temporadas abiertas, pero con la incertidumbre de la participación del mercado. Entre más ordeña o incertidumbre, menos atractivos somos para invertir en energías no renovables. Todavía peor, entre mayor incertidumbre haya por desabasto, menos atractivos seremos para cualquier otro tipo de inversiones.

La estrategia de cerrar ductos conforme haya alguna extracción es ineficiente, aunque permite al gobierno jugar con expectativas mientras hace creer que el problema es de moralidad en lugar de estado de derecho o solidez de instituciones. ¿Qué hacer?

Primero, reconocer que la toma clandestina forma parte del mercado y es una actividad que tiene una amplia base social; por lo cual hay que tomar medidas que reconduzcan la economía de comunidades enteras, dejando a un lado otros temas como la colusión de grupos con empresarios y políticos de todos los partidos.

Igual de importante es un entramado institucional que incluya un órgano encargado de vigilar los ductos bajo estrictas normas de confiabilidad personal y tecnológica, evitando que Pemex como juez y parte lo haga. Frente a los inversionistas, crear un marco jurídico que provea certidumbre a las empresas que trabajan e invierten en el país. Y finalmente una cultura preventiva en vez de reactiva.

No hacer esto no hace vulnerables. No tener combustible deteriora a la economía en su totalidad, más allá de los buenistas que se sienten bien a liberarse de lo que llaman la “tiranía del automóvil”. Hablamos de la transportación de bienes y servicios que van desde las redes de abasto de alimentos hasta actividades cotidianas que requieren de vehículos y personas que dependen de las ganancias que se generan, desde empresarios hasta empleados. ¿Qué tanto incidirá la ocurrencia del gobierno en el crecimiento, el empleo o la inflación mientras distraen la atención a través de un falso discurso de privilegios?

Finalmente, ¿hasta qué punto la escasez de gasolinas permite o no al Estado en sus tres niveles de gobierno no sólo desempeñar sus funciones, sino atender una crisis?

@FernandoDworak