2019: más incertidumbres

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Si 2018 fue un año difícil más en lo político que en lo económico, el año de 2019 se presenta con una densa niebla económica y política. El modelo de gobierno del presidente López Obrador seguirá buscando nuevos cambios en estilos y enfoques, pero con una oposición cohesionada y sobre todo una mayoría morenista sin capacidad de funcionamiento como instrumento político y de poder.

El PRI y el PAN en la presidencia pudieron hacer lo que hicieron porque contaron con una estructura priísta funcional, inclusive para las dos presidencias panistas que buscaron el camino cómodo de un pacto legislativo con el PRI. Como López Obrador no viene sólo con un proyecto de gobierno con diferentes prioridades, sus posibilidades de funcionamiento dependerán de la mayoría legislativa de Morena.

El principal problema de este año que comienza será económico. Las metas macroeconómicas del presupuesto anual fueron producto del candado inflacionario estabilizador. Sin embargo, el desafío más importante del gobierno de López Obrador estará en la crisis de expectativas. En campaña y en sus discursos en el poder ha privilegiado el “todo se puede” cuando enfrentará obstáculos casi insalvables para la mayoría de sus compromisos.

El otro problema severo se localiza en la falta de un proyecto de reorganización del Estado, del gobierno y de sus metas cuantitativas y en la ausencia de un modelo programático de reestructuración. El replanteamiento del equilibrio entre poderes dejó heridas abiertas, el mayoriteo en el Congreso dio la mala imagen de los vicios priistas, la política salarial dejó a miles de funcionarios sin empleo, la relación clave con los medios de comunicación no ha podido ser replanteada por la ausencia de operadores eficaces y por la falta de un modelo de comunicación social y política y Morena no ha cumplido con la función del partido mayoritario en el poder para cohesionar porque carece de una dirigencia con inteligencia política estratégica.

Le economía será la fuerza y la debilidad del gobierno entrante. La meta de 2% de PIB como eje rector de las posibilidades es baja en expectativas. Los primeros cien días verán la puesta en marcha de proyectos de campaña con poco efecto multiplicador en la economía. Y la inflación seguirá rondando sobre las posibilidades de dinamismo económico porque el ajuste de expectativas se hizo para bajar la inflación.

La tasa promedio anual de inflación del sexenio de Peña Nieto fue de 4%, contra un promedio de 2.2% en los EE. UU. El pico inflacionario mexicano por el gasolinazo fue de 6.7% en el 2017, lo que obligó a un ajuste. La meta del gobierno de López Obrador será la de llevar la inflación debajo de 3%. Y ahí el nuevo gobierno se encontrará con todas las desdichas de la economía desde 1972.

Por tanto, el principal reto del gobierno de López Obrador estará en una nueva política económica que rompa con la maldición inflacionaria. Y para ello necesitará de una reforma estructural del sistema productivo con menor intervencionismo del Estado, pero con necesidades de aumentar la acción del Estado por razones de compromisos sociales.

El dilema del 2019 estará entre el desarrollo social y la reestructuración productiva, las dos incompatibles, las dos necesarias, las dos determinantes de grados de mayor o menos crisis social y económica. El camino intermedio acotará la crisis, pero también disminuirá resultados sociales.

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@carlosramirezh