¿Y las mujeres qué?

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Intensa y profusa debió ser la actividad de las mujeres a la caída del régimen dictatorial de Porfirio Díaz en 1911. No tenemos claro cómo, en esos 34 años del gobierno de Díaz, fue posible el desarrollo de un discurso feminista que se difundió con sus propios medios y abarcó las acciones prerrevolucionarias. ¿Cómo y por qué las ideas liberadoras de las mujeres transitaron en medio de la barbarie?

Barbarie inocultable: tiendas de raya; campos de explotación inhumana en Valle Nacional, las y los expulsados de su tierra; las persecuciones de los enemigos del régimen; la pobreza boyante en todas direcciones. La insensatez del dictador. El silencio y los indicios de persecución y violencia.

Tan semejante situación en nuestros días. Tan parecida la pobreza, la exclusión y los escándalos de corrupción y la violencia.

Ante algunos hechos históricos, nos parece tan contradictorio y apesadumbrado nuestro momento. Hemos transitado seis años de régimen priista, en un espacio de barbarie, con la suma de miles de mujeres violentadas. Asesinadas. Sólo en 2018 la violencia política se llevó a 19 de ellas, candidatas, familiares, funcionarias y personas que nada tuvieron que ver, que estaban ahí por casualidad. Ya en el nuevo régimen, que cumple este primero de enero un mes en Palacio Nacional, eso continúa.

Los resultados electorales que llevaron a Andrés López Obrador al poder, también fueron resultado de la permanente y profusa ola de violaciones a los derechos humanos, de pobreza insultante en algunas regiones del país y, contradictoriamente, en ese sexenio las mujeres logramos la paridad electoral, de cara al feminicidio con más de 7 mujeres asesinadas al día; nuevos derechos y acciones tendientes a garantizar el camino de lo que hoy se llama igualdad sustantiva.

Durante la dictadura de Díaz el magisterio se convirtió en la gran oportunidad de profesionalización de las mujeres. Con el régimen de Peña Nieto, se decretó la norma de igualdad laboral al lado del tremendo problema de acoso y hostigamiento en instituciones y oficinas gubernamentales. Y hoy nos encontramos de frente a la cuarta transformación. Para nosotras confusa y contradictoria. Reducción de programas, salvación de otros y los más duro y difícil, no sabemos en qué espacio estarán las demandas feministas pendientes: como el aborto y la justicia.

El régimen derrotado en las urnas, y el gobierno de varios lustros rompió, tenemos que admitirlo, la visión disminuida de las mujeres institucionalmente, aplicando programas y reglas, lo que era materia y afán de la lucha feminista de los años 70: toda la política pública, los programas gubernamentales y compromisos de los estados, en nombre del Plan Nacional de Desarrollo, debieron desplegar acciones contra la desigualdad. Esas acciones están en la mira, en la necesidad de su evaluación, en cómo se aplicaron los recursos, en el cómo serán transformadas. Por lo pronto sólo en la capital del país hay una reingeniería para atender y frenar la violencia feminicida, pero desaparece el programa de cáncer de mama que se ubicaba en el Instituto de las Mujeres que este primero de enero será secretaría y se verá qué sirve de lo construido, que se sabe hoy podría atender la secretaría de salud. Es preocupante que sin desaparecer en el papel los enlaces de género, no tengan presupuesto; desconocemos el rumbo de las declaratorias de la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, si en las entidades que las deben continuar, también se reduce el presupuesto.

Ni idea de cuál será el futuro del Instituto Nacional de las Mujeres, mientras no se nombre a la nueva presidenta o si, en el camino donde todo se define por la prisa y una cascada de ajustes jurídicos, será reestructurado. Segura estoy que estorba la intervención de la sociedad civil. Estorban los consejos ciudadanos, la mera idea de la autonomía. Entonces ¿qué sucederá con la transversalización de la perspectiva de género en la Administración Pública Federal?

Adiós al régimen. Vayamos al grano. Durante el régimen de Enrique Peña Nieto (2012-2018) se reanimaron las demandas y los apuros de la segunda ola del feminismo (1970), independientemente de los discursos, algunas acciones. Las aspiraciones y los problemas de la población femenina de México no se resolvieron sin embargo. Casi 50 años después están pendientes los 4 ejes sustantivos: aborto libre y gratuito, libre opción sexual, no a la violencia contra las mujeres y la participación social y política en igualdad.

Sin embargo se instaló en el régimen el deseo de avanzar en esos ejes. El régimen heredó, de años previos, el marco jurídico legal que le dio la oportunidad de armar el propósito. Entre el año 1995 en que el régimen creó el Programa Nacional de la Mujer (PRONAM), hasta las leyes nacionales en la década del 2000 como la de Igualdad, otra para la No Discriminación, la de Acceso de las Mujeres a una Vida sin Violencia, la que creó el Instituto Nacional de las Mujeres, la de los derechos para Niñas y Niños y la de Trata, pasando por la creación de los dispositivos legales que permiten el uso de la pastilla del día siguiente, o la norma 046 para atender la violencia sexual, daba al nuevo régimen elementos para parar o continuar. ¿Hoy qué pasará?

Durante los últimos seis años se instalaron los ejes, mediados por la transformación del movimiento feminista en uno de organizaciones e instituciones que colaboraron con el panismo para avanzar jurídicamente y en la construcción de políticas públicas; así el PRI, con Peña Nieto, no podía desestimar esas acciones, no pudo evitarlas, pero la emergencia lo hacía imposible. Se había corrido la cortina y el feminicidio aparecía como la evidencia más clara de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Es en este marco como puede analizarse el régimen antiguo en materia de género. Sin maquillaje, como se dice, con intención de analizarlo al margen de su circunstancia y de las características que lo hacen tan funesto. Qué sucederá ahora, a partir de mañana, qué se conservará o se desechará todo, para algo que no sabemos, que no tenemos claro.

En estos años se visualizó a profundidad el gravísimo asunto de la violencia feminicida. Se rompió el mito de no aceptar la Alerta de Género para las mujeres. Se cambió el reglamento y hoy 13 entidades del país declararon esa alerta que se vive, no obstante, como inconsistente y sin resultados. Lentamente se ha construido el banco de datos, sin temor a reconocer el problema y sus consecuencias. Ello, rendirá con el tiempo. Por ahora, lo que tenemos es información, datos oficiales, sobre cómo ha escalado la violencia y el acoso sexual.

Otra cuestión significativa fueron los programas para las mujeres indígenas, donde el trabajo de las feministas fue permanente a partir de 1994, en el marco de la rebelión zapatista. En 13 entidades del país hay casas de la mujer campesina, donde se discute su condición subordinada, a contrapelo de costumbres y tradiciones. ¿Se mantendrán esas casas?

Sin menospreciar los intereses del gran capital, desde el gobierno central, se pusieron en discusión la igualdad y el reconocimiento de la condición femenina, en el terreno de la economía. Los bancos y las empresas han tenido que certificar buenas prácticas en su tarea de propiciar la promoción de las mujeres. El capital internacional ha horadado para ello. Los brazos femeninos son hoy, reconocidos, como fundamentales para el desarrollo de esta etapa capitalista. Pensé que ello sólo redundará en la mejoría del sistema. ¿Hay en la cuarta transformación intención o no de mantener estos cambios?

Todo ello, y lo poco y muy poco hecho en educación y salud, respecto de la condición subordinada de las mujeres, probablemente contribuyó al cambio cultural. Algún aprendizaje forjará nuevas conciencias. Estoy segura. Es verdad que hasta ahora diputadas y senadoras, de todos los partidos, y no obstante las consignas para las de MORENA, el discurso de avance se mantiene. Pero en lo concreto la disminución hasta de 30 por ciento en el personal, que sólo en INMUJERES, será de 69 personas, muchas con una antigüedad hasta de 15 años nos lleva a la duda; y en los institutos estatales y municipales, todo es una incógnita.

Los cambios en la Constitución para ungir en la vida política la paridad electoral, tuvo, desde mi perspectiva dos efectos. Uno, el crecimiento del orgullo de las políticas por las acciones y compromisos de género, impulsadas, en paralelo, por las propias mujeres y el gobierno de Peña Nieto. Concretado en 2018, numéricamente, con 546 presidentas municipales, casi el 25 por ciento. Resultado de la Reforma Política de 2014 y sólo posible por esa reforma. ¿Se cambiará? o ¿cómo? La iniciativa presidencial, en este sistema, obligó a los gobernadores, a las y los legisladores y al Instituto Nacional Electoral a secundarlo. Fiel reflejo de la cultura política mexicana. Hoy nos han anunciado cambio de luces. ¿Cómo se conservará?

El otro efecto fue y es la aparición pública de la violencia política. El hostigamiento y el acoso de las mujeres, pre candidatas, candidatas y en el ejercicio del poder. Ello muestra el gran atraso cultural, pero evidencia que la omisión de esta política de género, tiene su principal escollo en los cambios, apuntados pero relegados, en la operación, concesión y vigilancia de los medios de comunicación, que podrían hacer la diferencia. Pero más grave aún, es que la Reforma Educativa, de la que el régimen ya ido, se sintió orgulloso, no se sumó a la propuesta de gobierno inscrita en el Plan Nacional de Desarrollo. Parece una contradicción mayor la resistencia en los centros de educación superior y aun en la academia. ¿Pero qué sucederá con lo que ya llaman nueva reforma educativa? Si el régimen corrupto no tuvo una política, ni fue capaz de sumar a estos dos sectores, fundamentales para el cambio cultural. ¿El nuevo régimen la tendrá?

Las tareas del régimen antiguo en cuanto a su política de género, ahora sin resultados contables, visibles, apetecibles, lo pensé como antaño, que se construyó un piso desde donde podrían generarse cambios trascendentes en el corto plazo. Antaño, porque la dictadura de Díaz creo escuelas para las mujeres. Hoy no puedo decir lo mismo. Las mujeres no constituimos un eje central en la cuarta transformación.

¿Por qué? Si el régimen, como piensa un elevado porcentaje de la población, decía, si el régimen de Peña Nieto generó por sus acciones, corrupción y desprecio a la tradición política, un retroceso en la democracia y en la economía mexicana, hoy habría que tener esperanza. Dependerá de nosotras, las organizadas y convencidas. No podemos desestimar que el régimen dictatorial de Porfirio Díaz, nunca calculó el tamaño de los cambios al propiciar la educación para las mujeres y la libertad para plantear sus demandas en la vida pública. Es probable que la reforma educativa, sea la diferencia como en la época de Díaz, pero por las acciones y los deseos, cientos de mujeres en estos años accedieron a la toma de conciencia sobre la problemática de las mujeres y adquirieron un nuevo lenguaje. ¿Serán hoy valladar para evitar un retroceso?

También la creación de estructuras, algunas instituciones y los cambios en la administración pública, podría ser un factor de cambio. Ello va a depender de la existencia de una masa que lo reclame, como bueno.

A pesar de todo ello, lo que está en el escenario es la aparición del feminismo juvenil, las me too mexicanas, las que saben el significado de decir no. Ellas harán la diferencia en breve. ¿Les será posible? Al tiempo, veremos.

saraloveralopez@gmail.com