El “precio justo”

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La demagogia sin límites del nuevo gobierno sigue manifestándose en nuevas y amenazantes formas. Hace ocho días la flamante secretaria de la Función Pública, Eréndira Sandoval, salió a pontificar la siguiente perogrullada:

“…es el Estado y sus poderes el que debe (sic) definir los criterios básicos de la justicia social y, en este caso de los salarios, los ingresos y los honorarios que definirán la justicia social, no el mercado. No tenemos por qué, desde el Estado… llegar a los salarios del mercado. Más bien los salarios del mercado… tendrían que ajustarse a una nueva moralidad y a una nueva ética pública de salarios justos en todo sentido…”

Esta reveladora joya del “pensamiento” de altos burócratas del nuevo régimen nos da varias claves de sus verdaderas intenciones para la economía del país, y su profundo odio y pavor a ese enemigo acérrimo de la política dirigista que ellos propugnan: el mercado.

La referencia al “salario justo” me retrotrajo a un fascinante cónclave académico sobre historia del pensamiento económico al que asistí en La Granda, Asturias, hace muchos años, y donde tuve el privilegio de conocer a la profesora Marjorie Grice-Hutchinson experta en la Escuela de Salamanca.

Yo sabía poco del pensamiento económico español de los siglos XVI-XVIII y de las muchas y notables aportaciones originales que se hicieron en Salamanca al análisis económico, por lo que mis conversaciones con esta notable experta picaron mi curiosidad para meterme a estudiarlo más a fondo.

Específicamente, en 1550 se discutían los problemas morales asociados al comercio, sobre todo por el influjo del oro y plata de América, y de los rumores que finalmente la Iglesia habría de modificar su prohibición a la usura, que obligó a que la banca estuviera en manos de los no católicos.

Las aportaciones salmantinas fueron esenciales para la definición primigenia de la teoría cuantitativa del dinero, al observar cómo el influjo del tesoro de América se esfumaba al generar inflación, provocando así déficit comerciales con el resto del mundo, salida de capitales y la deflación correspondiente.

Otra de las aportaciones que son reconocidas como fruto de la Escuela de Salamanca es la teoría subjetiva del valor. Los economistas clásicos y sus principales críticos, como Marx, partían de una teoría objetiva: la cantidad de trabajo para producir un bien era la que fijaba su precio frente a los demás.

Los escolásticos salmantinos avanzaron la teoría que el precio justo de las cosas dependía de lo que sirven a la utilidad humana, lo que se determina en un mercado competitivo, sin distorsiones, monopolios o interferencias que impidan a la oferta y la demanda interactuar libremente.

Quienes pretenden controlar los precios o los salarios artificialmente para hacerlos “justos” conforme a su criterio artificial de justicia y así acogerse a la “nueva moralidad,” como está sucediendo con el actual gobierno de México, sólo generarán distorsiones con graves consecuencias.

Tal es el caso del aumento en el salario mínimo anunciado el lunes en más de 4 veces el monto de la inflación esperada para el año próximo, incremento que será aún más pronunciado en una banda fronteriza ideada por el gobierno, de 35 kms del linde con EU, dónde se ubica importante actividad exportadora.

Los aumentos en los salarios mínimos más la forzada disminución por decreto de los salarios más altos, por lo pronto de la burocracia pero con el deseo de los nuevos redentores de extenderlo al resto de la economía, solo generarán aumentos en precios, en el primer caso, y fuga de cerebros, en el segundo.

Cada día queda más claro que la recién designada alta burocracia no sólo no entiende nada de la ciencia económica sino que sus sesgos ideológicos exigen la demolición de la economía de mercado.

[1] El autor es consultor en economía y finanzas internacionales en Washington DC y fue catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo: <aquelarre.economico@gmail.com>