Chiapas: la sombra de la barbarie

0
281

Un relato con la rabia y la tristeza en la garganta

Cuatro organizaciones —Creadores, académicos e Intelectuales (CAI), la Red de Apoyo a la Causa Zapatista, la Misión Civil por la Paz y el Congreso Nacional Indígena (CNI)— decidimos salir hacia Chiapas para realizar una observación en varios de los municipios autónomos que habían sido atacados por el Ejército y Seguridad Pública, asesinando a varios indígneas. Llegamos en avanzada Ana María Aragonés y yo para concertar el transporte y las rutas, para lo cual nos asistió en todo Mercedes Osuna y su grupo de Enlace Civil. Después de mucho viajar —unos por avión desde México, otros por autobús desde Puebla y Veracruz— nos reunimos todos felizmente a las 9 de la mañana del día 2 de julio en Enlace. Las rutas serían El Bosque, Ampara Aguatinta y Morelia. Nos organizamos para las compras de víveres mientras otros ultimábamos los detalles. Por fin salimos en tres vehículos cada uno a su destino, después de desearnos que no hubiera sobresaltos, y con el acuerdo de rencontrarnos en San Cristóbal de nuevo el sábado por la noche.

Nuestro grupo, compuesto por dos Alejandros, dos Anas y un Raúl, tomó carretera hacia El Bosque piloteados por Juanito, un intrépido conductor bilingüe. Las indicaciones desde San Cristóbal eran llegar a San Antonio El Brillante para que nos informaran si podíamos llegar primero a Unión Progreso o a Chavajeval. Encontramos el paraje y bajamos una empinada pendiente desde donde se veía toda la cañada, y en el fondo, la pequeña comunidad de Unión Progreso. Nos entrevistamos con los representantes de El Brillante y después de conversar un rato nos comunicaron que sí se podía pasar a Chavajeval, así que emprendimos viaje de nuevo.

El camino de terracería que llega a Chavajeval estaba resbaladizo y el trayecto fue lento desde de la entrada. Hacía muy poco tiempo que por ahí habían pasado los 86 camiones del Ejército y la Seguridad Pública. En dos ocasiones tuvimos que sacar la combi del fango, lo cual logramos con bastante destreza, quizá por el temor de vernos atascados en aquellas montañas en donde hacía sólo unos días habían muerto tres indígenas a mano de las «fuerzas del orden». Por fin llegamos a las inmediaciones de la comunidad y los compañeros nos recibieron y tomaron nuestros datos. Ingresamos en la comunidad cuando empezaba a chispear. Chavajeval está enclavada entre las montañas, en lo alto de una de ellas. Hacia abajo se mira el camino por donde habíamos subido. La hermosura es indescriptible. Nos recibieron representantes de Chavajeval en una especie de oficina de la que sólo quedaba una mesa y alguna silla. Fue allí que conocimos los hechos terribles sucedidos el 10 de junio.

Con alevosía

En la mañana muy temprano del día 10, cuando los hombres iban saliendo para sus labores en la milpa, vieron subir por el camino algo que no parecía real: 86 camiones del Ejército y de la Seguridad Pública repletos de efectivos. A toda prisa las mujeres y los niños bajaron a formar un cordón de seguridad a la entrada del pueblo. Sorpresivamente policías y soldados lanzaron gases directamente contra el cordón. Las mujeres y los niños fueron así dispersados y los camiones emprendieron de nuevo el camino. Durante este tiempo no había mediado ninguna explicación; no se sabía a qué venían. Viendo que estaban por entrar en la comunidad, sus habitantes comenzaron la carrera a las montañas, pero antes de que todos pudieran escapar, los soldados y policías empezaron a disparar contra la gente que corría aterrorizada. Dieciséis hombres fueron aprehendidos, al azar, a los que pasaban corriendo para escapar de la matanza. Los disparos continuaron durante varias horas, dejando sus señales en casas, oficinas comunales y animales muertos. Las ganancias de la reciente venta del café fueron robadas. Con el botín, los presos y tres heridos de bala, los soldados y policías se fueron por donde habían llegado.

El saldo fue de 16 presos, 15 de ellos de filiación priista, uno del municipio autónomo; tres heridos que finalmente volvieron muertos, uno priista, dos del municipio autónomo; mujeres y niños que hasta la fecha sufren lesiones en la vista por los gases; robo de instrumentos de labranza, dinero en efectivo, material de la oficina comunal, animales de crianza y otros bienes. La población se compone de mil 800 habitantes y el número de efectivos militares y de policía se estima en el mismo número.

Después de la entrevista les pedimos hospedaje por esa noche y nos instalaron en la escuela, la cual permanece sin funcionar desde aquel día, pues los maestros no han regresado. Nos instalamos con la rabia y la tristeza en la garganta, cuando oímos el sonido de la marimba y el tambor. Salimos buscando la procedencia del sonido y llegamos a la iglesia donde estaban reunidos hombres y mujeres. Era un ensayo musical para la fiesta que habría el domingo, pues como nos dijeron, la comunidad estaba triste y era hora de animarse un poco. La fiesta, aunque pobre, prometía ayudar al ánimo de todos. Así estuvimos hablando con ellos un rato largo y nos fuimos a dormir temprano.

Una mañana alegre

La mañana nos recibió clara y alegre. Habíamos causado un poco de curiosidad y los niños nos miraban intrigados. Teníamos que emprender camino hacia Unión Progreso, así que fuimos a despedirnos de nuevo a la oficina, donde nos recibieron varios representantes con los que conversamos un buen rato. Por último visitamos la tumba de los compañeros muertos, sobre los cuales estaban sus pertenencias: sus sombreros, sus botas; lo que tenían puesto cuando fueron asesinados.

Tomamos ruta y al mirar hacia arriba del pueblo de Chavajeval no pudimos sino preguntar: ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A quién benefició ese cobarde ataque a una población pacífica que lo único que ha hecho es defender su sobrevivencia en la marginación y el desamparo? Realmente no encontramos la respuesta. El Estado ha dejado a sus espaldas muerte y destrucción. Lo que sí fue muy claro es que el estado de cosas no ha cambiado en nada y el municipio autónomo sigue funcionando igual que antes.

Llegamos a El Bosque, cabecera municipal de ambos ayuntamientos, constitucional y autónomo. Las fuerzas armadas también habían entrado allí y el saldo fue la toma del edificio municipal autónomo. Ahora es una manzana pertrechada, llena de policías, como una isla azul marino en medio del pueblo. El municipio autónomo de San Juan de la Libertad sesiona ahora en otro sitio. Simplemente cambió de ubicación, sólo que en este momento tiene la presencia tensa de los policías fuertemente armados. Allí desayunamos y seguimos camino a Unión Progreso.

Sabíamos que la ruta a Unión sería de terracería y después a pie. El único temor era la cercanía del poblado de Los Plátanos, con alta presencia paramilitar; y aunque no tendríamos que entrar, sabíamos que los paramilitares circulan constantemente por las carreteras. Llegamos a lo alto de la cañada donde está el camino para llegar a Unión Progreso, y desde allí veíamos claramente el poblado, pues el terreno está acondicionado como pastizal y la ausencia de árboles es casi total. Al estar ahí pudimos constatar de manera contundente que una emboscada de la población contra los uniformados era imposible. Las declaraciones oficiales de que los soldados y policías fueron emboscados por los pobladores no tenía posibilidad logística de haber sucedido. La comunidad está en el fondo de la cañada y la limpieza del terreno hace imposible pensar en la veracidad de esa versión.

Desde lo alto, la comunidad parecía desierta, sólo hasta que estuvimos casi dentro pudimos apreciar movimiento humano. Entramos en la comunidad sin que nadie nos recibiera, y sólo hasta que nos encontramos en medio del pueblo salieron a recibirnos unas personas, a las que les explicamos el objeto de nuestra visita. La comunidad está compuesta de 180 personas. Uno de los representantes accedió a darnos una entrevista grabada y así conocimos los hechos del 10 de junio en Unión Progreso.

       A la misma hora que en Chavajeval entraban los camiones militares a la comunidad de Unión Progreso; eran 56 vehículos con alrededor de mil 200 efectivos. Sólo que a diferencia de Chavajeval, en Unión Progreso, cuando los soldados y los policías bajaban a pie, varios compañeros que estaban trabajando en sus milpas fueron atacados por sorpresa. Aquí no hay por dónde huir, y por toda la cañada bajaban efectivos. Comenzaron los disparos en las milpas y bajaron apresuradamente a amagar a los hombres que estaban en la comunidad. Sometidos en el piso, los interrogaron sobre armas; preguntaban que dónde estaban las tenían, a lo que ellos contestaron que no había armas en el pueblo. Misteriosamente apareció un arsenal que la gente desmintió que fuera suyo. Los compañeros contaron la humillación de haber sido golpeados y maniatados en el suelo durante varias horas; sometidos a un interrogatorio sin sentido. Finalmente los soldados y policías saquearon el lugar con los mismos métodos que en Chavajeval y se fueron con cinco heridos de bala, los cuales regresaron muertos, varios desaparecidos y dos presos. Días después, los cuerpos regresaron irreconocibles. La comunidad les dio sepultura sin saber realmente si eran sus compañeros caídos. En la comunidad hoy quedan la miseria, el saqueo, las viudas y los huérfanos.

            Era la hora de partir y sabíamos que dejaríamos atrás un pueblo de 180 habitantes desangrado y saqueado por las fuerzas de la destrucción, por mil 200 soldados y policías que además de eso dejaron indignación y mayor convicción en la lucha que desde hace tantos años llevan construyendo. El municipio autónomo es y seguirá siendo su única salida, lo saben y están dispuestos a defenderlo.

Regresamos a nuestro punto de encuentro con Juanito. Tuvimos que esperar una media hora mientras veíamos pasar camiones militares y de Seguridad Pública, uno tras otro. Finalmente, Juanito llegó y nos dirigimos a San Andrés Larráinzar, cabecera del municipio autónomo Sakanchem de los Pobres.

Gobierno: la verdadera cara

Los hechos del municipio de El Bosque –San Juan de la Libertad es su nombre como municipio autónomo— son particularmente graves. Esta vez el gobierno dio su verdadera cara y mostró claramente sus objetivos. Esta vez no fueron paramilitares los que perpetraron el crimen sino policías y soldados. El Ejército ha mostrado un rostro que nos preocupa profundamente, el de agresor de sus propios hermanos para cumplir con el mandato de la ceguera del gobierno mexicano. Queremos que el Ejército no se manche las manos en esta guerra sucia, sabemos que los soldados son mexicanos pobres en su mayoría y que si entraron en el Ejército no fue para participar en una guerra civil sino para defender al país de una agresión extranjera. Los representantes de este gobierno se irán en dos años, pero la institución militar permanecerá y tendrá que cargar con la sombra de esta barbarie. En El Bosque, Chavajeval y Unión Progreso se cometieron asesinatos a nombre del Estado de derecho, y los cometieron directamente policías y soldados, no paramilitares bajo pretextos de conflictos intercomunitarios.

Llegamos a la sede de los diálogos de San Andrés que durante más de dos años sostuvieron el gobierno y la representación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Cuando vimos el edificio de la sede nos impresionó su deterioro. Yo lo recordaba rodeado por los cinturones de seguridad, con un ambiente tenso, pero lleno de esperanza. Bajamos en aquella plaza y nos dirigimos al consejo autónomo. Afuera nos recibió el síndico, quien enseguida nos llevó a la oficina principal, y junto con otros representantes del municipio autónomo nos preguntó qué queríamos. Después de explicar quiénes éramos y lo que hacíamos allí, hablamos minuciosamente sobre el funcionamiento del municipio. El síndico pudo aclararnos muchas interrogantes. El municipio de Sakamchén de los Pobres comparte cabecera municipal, allí en San Andrés, con el municipio constitucional. Cada uno ocupa un edificio y atiende a sus miembros. El municipio consta de 44 comunidades, de las cuales 37 son gober­nadas por el municipio autónomo. Hasta este momento priistas y autónomos no habían tenido más que un altercado, hace dos años (de los tres años que lleva el autónomo de haber sido constituido), cuando los priistas quisieron recuperar el edificio que ahora es del municipio autónomo. En aquel momento hubo tensiones, pero finalmente los priistas aceptaron seguir en el edificio donde se encontraban. El dinero destinado al municipio lo recibe íntegramente el constitucional, que sólo gobierna en siete comunidades. El autónomo no recibe un solo centavo y sus miembros –presidente municipal, concejales, etcétera– trabajan sin sueldo y las comunidades no reciben nada de la federación.

Le preguntamos cuáles eran los delitos que resolvían internamente y cuáles los que giraban al Ministerio Público. El síndico nos contestó que los casos de delitos graves como el homicidio los enviaban fuera y todos los casos domésticos se atendían dentro del municipio autónomo. Por ejemplo, los matrimonios sólo son religiosos y los nacimientos sí se registran en el Registro Civil constitucional para que los niños no tengan problemas en la escuela o en los trámites legales. Por ejemplo, en San Andrés, donde conviven priistas y bases de apoyo del EZLN, los niños de ambos grupos asisten a la misma escuela. También nos contó que algunos priistas resuelven sus problemas en el municipio autónomo, pues generalmente es más sencillo. Las autoridades se designan por asamblea en las que participan todas las comunidades y nos señaló muy específicamente que las mujeres participan igual que los hombres.

En un momento llegó el juez, un hombre alto y fuerte que se sentó junto al síndico. Nos explicó que casi todas las decisiones se toman de común acuerdo entre todos los miembros del consejo. Asimismo, para las resoluciones en casos de conflictos muy serios que involucran a la comunidad, se llama a asamblea y se toman por acuerdo general. Nos contaron muchas experiencias y varios de sus sufrimientos por falta recursos.

Lo impactante de la conversación era el tono de convencimiento, seguridad y destreza con la que hablaban de los pormenores del manejo del municipio, pero también la tranquilidad con la que nos ponían al corriente de la casi inminente posibilidad de un ataque a su municipio. Viven en estado de alerta, esperando que en cualquier momento los ataque la Seguridad Pública y el Ejército. Saben que el gobierno quiere acabar con ellos y que precisamente San Andrés Larráinzar es un símbolo para la paz, a la cual hay que destruir, así como Oventic es símbolo de la resistencia indígena en ese municipio y en todo Chiapas.

Trabajo e imaginación

Finalmente visitamos la cooperativa de mujeres artesanas, donde se venden los productos de varias comunidades. La tienda es un lugar cálido y hermoso, lleno de trabajo e imaginación, donde venden desde Ramonas hasta manteles y morrales, Nos despedimos de los compañeros, pues habíamos decidido dormir en San Cristóbal para volver al día siguiente temprano a Oventic y a Polhó.

Ya era de noche y veíamos las estrellas y la luna pensando en el contraste de la belleza del lugar y el horror que aquí se estaba viviendo. Pensábamos que en cualquier momento, estos hombres y mujeres que nos habían recibido y nos habían abierto su vida y sus esperanzas podían caer asesinados a manos de la sinrazón y la barbarie contra la que luchaban. Preocupados por la seguridad del municipio hablábamos de qué hacer para evitar el tan anunciado ataque. La impotencia nos llenaba por momentos, pero también sabíamos que a pesar de cualquier ataque, el municipio autónomo y su camino no tenían marcha atrás.

Caímos agotados en la cama después de un día de tantas emociones, deseosos de llegar a Oventic. Creo que a todos nos costó despertar, pero logramos ponernos en camino temprano y así llegamos a las puertas del Aguascalientes. A diferencia de otras ocasiones en las que he estado allí, ese día no hacía frío. Era un día amable y soleado El Aguascalientes de Oventic siempre me ha provocado una sensación de respeto muy profundo. Allí jugué con cientos de niños que habían bajado de las montañas descalzos, con un frío terrible, y que sin embargo querían disfrutar de un día de fiesta de fin de año organizado por Ofelia Medina, donde lo que les ofrecíamos eran galletas, tamales, unos pocos juguetes y por supuesto, muchas ganas de echar relajo aun cuando no hablábamos el mismo idioma. Así, con ese frío y con el temor de ser atacados, los vi regresar de noche a sus montanas sin poder ofrecerles ningún transporte para reducir las horas que les faltaban por llegar a lugar seguro.

Después de identificarnos nos hicieron pasar al auditorio, y ahí esperamos durante un rato. Por fin llegaron tres compañeros con paliacates en el rostro, con los cuales conversamos muy cálidamente sobre los problemas más serios que sufría Aguascalientes. Nos relataron las múltiples dificultades que enfrentan para las cosechas y para dar respuesta a las necesidades de todos, pero dijeron que le hacían frente a los problemas como iban pudiendo. Nos hablaron del estado de alerta en el que vivían y, conociendo lo poco alarmistas que son por lo general, salimos de ahí todos muy preocupados.

Dejamos Oventic, añorando verlo de nuevo pronto, deseando que la resistencia histórica de ese Aguascalientes donde mujeres y niños han repelido la entrada de los militares continúe fuerte, y sin desgracias.

Nos dirigimos a Polhó esperando entrevistarnos con los representantes del municipio autónomo. Pasamos la entrada después de identificarnos y de saludar a las mujeres y los niños que durante 24 horas al día hacen guardia previendo un ataque. Ya abajo en la escuela pedimos ver a los representantes y nos pidieron que esperáramos pues estaban en una reunión. Aproveché para saludar a mis amigos de la comunidad y para constatar lo rápido que había crecido el campamento de refugiados, que ya alberga a 5 mil almas. Lo que antes eran sólo techos de plástico, ahora son ya construcciones más en forma. Aproveché cuando vi salir a Domingo, el presidente municipal autónomo, para abordarlo pues estaba a punto de caer la noche y debíamos regresar. Aceptó vernos un momento y sólo pudimos preguntarle cómo estaban. Nos explicó el grave problema de la alimentación de los desplazados por la falta de tierras, y que aun cuando ellos les habían prestado algunas parcelas éstas no darían cosecha por la sequía. También nos habló de la situación de alerta, pues había muchos indicios y aun amenazas de que el gobierno pensaba atacar al municipio autónomo pronto y el miedo había aumentado con los últimos ataques.

Regresamos a San Cristóbal y al punto de encuentro con nuestros compañeros de las otras dos observaciones. Después de cenar algo y brindar por nuestro retorno sin mayores contratiempos, cada viaje relató sus pormenores. En resumen, las conclusiones coincidieron en el diagnóstico fundamental: el municipio autónomo es ya un proceso histórico irreversible, que ni las balas ni las cárceles ni la represión pueden detener. Los indígenas en Chiapas siempre vivieron marginados de todos los beneficios que marca la Constitución, de todo a lo que un ser humano tiene derecho, siempre vivieron autogobernándose, autoabasteciéndose y sobreviviendo sin ayuda de nada ni de nadie. Hoy simplemente legitiman lo que siempre fue una realidad, hoy quieren hacer ley lo que es legítimo. Durante muchas décadas fueron huyendo de las guardias blancas hacia lugares inhóspitos que los terratenientes no querían, ahí lograron sobrevivir despojados de todo, y ahora que simplemente quieren sobrevivir y organizarse, se enfrentan a la violencia del Estado, que hace más de dos años firmó un acuerdo que debía respetar los municipios autónomos y que no cumplió. Hoy se sienten traicionados y humillados, pero con más entereza que nunca para defender su organización y su lucha.

En la cárcel

Sólo quedaba visitar al día siguiente a los compañeros presos en Cerro Hueco. Debíamos llegar a buena hora, así que salimos temprano de San Cristóbal, rumbo a Tuxtla. Nuestra intención era hablar con La Voz de Cerro Hueco, que es la organi­zación de los presos políticos de los municipios autónomos. El director del penal nos permitió la entrada con facilidad hasta el lugar donde se ubicaban. Nos acompañaba Ángel, quien nos ayudó en todo con mucha generosidad. Llegamos al jacalón de 70 metros cuadrados donde viven más de 60 presos, el cual estaba muy limpio y ordenado. Allí no hay camas, duermen en el suelo con alguna cobija; ahí cocinan y conviven todos juntos. Consiguieron estar juntos y sin rejas gracias a su organización. Entramos, y después de saludar a todos hicimos un círculo grande, ellos rezaron como iniciación de la reunión y luego cada uno de nosotros habló sobre lo que significaba estar allí con ellos ese día. Los presos también nos hablaron y finalmente uno de ellos tomó su guitarra y todos cantamos el himno zapatista. La emoción nos cerró la garganta al ver a esos hombres que lo único que tienen en ese encierro es su dignidad y su himno, que cantan fuerte y orgullosos. Nayeli Nesme cantó con su voz hermosa dos canciones para los compañeros y terminó la reunión. Entonces nos dividimos en grupos, por municipio, para informarles lo que habíamos constatado de sus comunidades en esos días. Asimismo, ellos nos contaron la historia de los municipios que nosotros no habíamos visitado.

Puesto que dentro de la cárcel no se permiten las cámaras, tuvimos que pasar a la parte de arriba con una comisión de ellos para llevar un testimonio en video y cinta de audio de sus principales demandas. Con ellos estaba Checo, que nos relató su absurdo encierro y cuestiones internas en la cárcel. También estaba Luis en la reunión. Desafortunadamente no hablamos después con él. El resumen es muy claro: son presos de conciencia que han visto truncada su vida y la de sus familias por su encarcelamiento injustificado; en definitiva, por la represión que se vive en el estado y el objetivo de destruir los municipios autónomos. No obstante, los vimos fuertes y claros, la convicción de sus demandas es ahora más grande. Lo que nos preocupa son sus condiciones de vida y la escasa atención médica que existe dentro del penal.

La observación había terminado y nuestros propósitos se habían cumplido casi en su totalidad. Ahora empezaba la labor del informar sobre lo observado y tratar del concretar esfuerzos para proyectos productivos, educativos, de salud, etcétera. Es en esta etapa en la que estamos ahora, con los ánimos renovados y con la luz de los municipios autónomos para iluminarnos.