¿Te lo digo, Juan..?

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PRESIDENTE LÓPEZ OBRADOR:

-Cometer una injusticia es peor que sufrirla. Aristóteles

CIUDAD DE MÉXICO.- Quien escribió la carta que envió a usted pero también subió a redes sociales, de seguro asistió al evento que cita en el texto. No dio su nombre; por ende, ­corro con la responsabilidad de publicarla, íntegra,  porque parece un llamado de atención muy importante para no multiplicarlo palabra por palabra:

“Señor Presidente:

“Le escribo en su calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, con todo el respeto que impone su investidura.

“La razón por la cual le dirijo estas palabras es por la intención de reducir los sueldos a los servidores públicos, incluidos los mandos militares; no queda claro si es una orden suya o una iniciativa del partido político al que usted pertenece. En cualquier caso, si es real, se estará cometiendo además de un error estratégico, una injusticia.

“Por razones obvias, me voy a referir a los sueldos de los militares.

“A estas alturas de su gestión, usted ya debe estar enterado de cómo un mando militar, en cualquier nivel, obtiene su grado y su cargo. En las Fuerzas Armadas no existen ‘los de arriba’ ni ‘los de abajo’, existen jerarquías y sirven para ejercer, conducir las operaciones y mantener la disciplina.

“Todos, absolutamente todos, usamos el mismo uniforme y las mismas botas, no hay otras para los ‘los de arriba’, ni para ‘los de abajo’. Hace unos días usted convocó a más de 30,000 hombres en uniforme en el Campo Militar No. 1. Ante usted estaban los mandos y la tropa de las Fuerzas Armadas, como una sola unidad. Estaban los comandantes de brigada, comandantes de batallón, comandantes de compañía, los comandantes de sección y la tropa, aquella a la que se debe la existencia de los comandantes. Por cierto, aquella a la que usted, en el pasado, acusó de asesinos y violadores de derechos humanos.

“La tropa es el corazón, brazos y piernas del Ejército, es la que lucha incansablemente bajo el sol, la lluvia, el calor y el frío. La que se desvela las noches cuidando a su unidad y a la gente. La primera en entrar en combate, la primera en caer abatida en el fuego. La que deja a su familia por meses para cuidar a la sociedad. La que ahora marcha orgullosa ante usted. Por eso, aplaudo con energía su anuncio de elevarles su sueldo, espero y deseo con todas mis fuerzas que no sea un incremento de tan sólo unos pocos miles de pesos. Deseo que usted les incremente a un sueldo que compense todo lo que hacen y sacrifican por usted y por todos los mexicanos. Espero que el aplauso que se ganó de la tropa ese día, realmente sea correspondido por usted y no haya sido sólo un discurso político. Como le dije antes, también estaban los oficiales, jefes y generales, a los que usted equivocadamente llamó ‘los de arriba’. No son los de arriba, son a los que la Nación les ha otorgado un grado para ejercer el mando, para conducir a las tropas, para enseñarles, para orientarlas, para cuidarlas, para equiparlas, para procurar por ellas y sobre todo para conducirlas en las operaciones. La tropa no actúa sola, a ella la acompañan los oficiales, los jefes y los generales. Los oficiales hombro con hombro, ahí a su lado, en el frío, en el calor, en la lluvia y en el sol. Bajo el fuego. Caminando con ellos. Los oficiales, señor presidente, serán los futuros generales. Los jefes y generales también acompañan a la tropa, la organizan, la adiestran, la procuran, la orientan, la enseñan, la equipan, la supervisan, conviven con ella y la conducen en las operaciones. Los oficiales y los jefes son la columna vertebral sobre la que se sostiene el instituto armado. Los generales son el cerebro del cuerpo, sirva la analogía para mayor claridad. Sin el cerebro, la columna vertebral, el corazón, los brazos y las piernas no se mueven. Sepa usted que todos y cada uno de los generales, el que usted quiera, incluso el secretario de la Defensa Nacional, a quien también pretenden reducirle el sueldo, fue oficial y caminó hombro con hombro con la tropa. Él también ha estado en la línea de fuego.

“Señor Presidente, el día de su discurso, los mandos, aquellos que usted llamó ‘los de arriba’ estaban frente a usted y atrás, la tropa, a los que usted llamó ‘los de abajo’. Si usted hubiera dado su discurso hace muchos años, mínimo 30, los que usted vio adelante, hubieran estado atrás. Si dentro 30 años, mínimo, usted vuelve a ir, los que usted vio atrás, estarán adelante. No cometan un error estratégico ni una injusticia. El Ejército es un cuerpo vivo, con columna vertebral y extremidades; pero sin cerebro, no funciona. Usted no podrá traer generales de afuera y tampoco podrá hacer generales por designación. Aquí nadie quiere ser millonario, esa decisión se toma desde que causamos alta para servir al país, pero tampoco nadie quiere una reducción de su sueldo, por lo menos nadie que se haya esforzado por muchos años para tener el más grande de los privilegios para una (sic) militar: conducir a la tropa. El Ejército no constituye un poder como el judicial y no puede confrontarlo, está a sus órdenes y le es leal, no puede detener sus proyectos, sólo quedan líneas como éstas, para que las lea y las entienda. No cometa un error estratégico ni una injusticia con quienes lo acompañarán en la tarea de servir a nuestra querida Patria.”

Nada que agregar…

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