AMLO desafíos. 5.- Crisis de expectativas

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El principal problema que enfrenta el presidente López Obrador a partir del sábado 1 de diciembre será el del incumplimiento de sus promesas. Y no por exagerar la crítica, sino porque se comprometió a resolver las tres principales crisis: violencia criminal, corrupción y pobreza. Dijo resolver y no atenuar o trabajar para bajar los índices negativos.

Si algún punto de comparación se puede aplicar a López Obrador, seria el de Barack Obama: impulsado por su condición de minoría racial y su lenguaje progresista, Obama se perfiló como el presidente que iba a resolver los problemas estadounidenses. Al final su objetivo fue otro: salvar al capitalismo en crisis y al imperio en decadencia. Las cifras de bienestar y el enojo ciudadano llevaron al voto de castigo por el conservador Donald Trump y no Hillary Clinton como continuismo de Obama.

A lo largo de su vida de líder disidente de masas, desde sus primeras protestas en 1988 por el fraude electoral en la elección de gobernador de Tabasco a la que asistió como candidato del Frente Democrático de Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador ha dicho tener la solución en sus proyectos. Aunque su gestión como jefe de gobierno del DF no resolvió las crisis de seguridad, corrupción y pobreza.

La presidencia de la república es el centro del poder, de las decisiones y der las críticas, pero también es el eje de las expectativas. Como centro del poder, la esencia de la presidencia es la dominación de los otros (Weber). Al final de las experiencias, todos los populismos caudillistas han naufragado porque dependen de la voluntad temporal de un solo hombre: Santa Anna, Juárez, Madero, Obregón, Cárdenas, Echeverría, López Portillo, entre nosotros; Perón, Vargas, Castro, los sandinistas, en Iberoamérica.

López Obrador fijó su carrera política como líder social en clave caudillista; no fue, como los políticos tradicionales, un promotor de propuestas de soluciones. A lo largo de su tercera campaña y en los cinco meses de interregno después de la victoria del pasado 1 de julio no hizo sino anunciar la solución de los problemas. El plan de seguridad puso la meta de tres años para resolver la crisis de violencia en grado de crisis humanitaria por los muertos, desplazados y desaparecidos.

Sin embargo, la crisis de México es de agotamiento del proyecto nacional de la Revolución Mexicana: discursos, compromisos y viabilidades ya se no sirven. Es decir, el proyecto actual carece de viabilidad y necesita otro. Para eso eligieron a López Obrador. Y se trata de cuando menos cuatro reconstrucciones:

–sistema político/régimen de gobierno/ Estado;

–modelo de desarrollo/política económica/bienestar social;

–rectoría del Estado/economía mixta/ pacto constitucional;

–y modo de producción/lucha de clases/ideología.

Hasta donde se tienen datos visibles y analizables, López Obrador no va a cambiar el proyecto nacional, tratará de resanarlo y buscará sólo su eficacia operativa. La gente, sin embargo, exige más y quiere que López Obrador rehaga la república.

Ahí se dará la crisis de expectativas, el desencanto entre lo que se prometió, lo que se supuso que sería y los resultados atados a tres variables dependientes: estabilidad macroeconómica, no ruptura política y aumento de PIB y bienestar. Sin la ruptura de modelo económico/política económica las posibilidades de López Obrador serán bajas.

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

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