¿Y los consejos legales al presidente, don Julio?

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LIC. JULIO SCHERER IBARRA, CONSEJERO JURÍDICO PRESIDENCIAL:

+Quien no oye consejo, no llega a viejo. Refrán universal

Del sitio Significados, que forma parte del portal de Google, tomo dos párrafos que se relacionan con el epígrafe de esta entrega, por ser un consejo que casi todo ser humano ha escuchado, pero no todos lo han aplicado. Son éstos, licenciado:

“El refrán que reza: El que no oye consejo no llega a viejo advierte, primero, que una persona sin humildad para considerar el consejo de alguien sensato, está expuesta al fracaso de su objetivo, sea del alcance que sea. Segundo, enseña que es de sabios saber escuchar y que eso garantiza el buen desarrollo de la vida. Existen variaciones del refrán como: ‘Quien no oye consejo no llega a viejo’.

“Se usa como una advertencia para quien se muestra soberbio o desinteresado ante el consejo del prójimo. Por lo tanto, suele venir después del acto de aconsejar y pocas veces antes. Quien aconseja entiende que la persona está actuando en contra de su propio bien y es capaz de predecir que su comportamiento no le traerá buenos resultados. Por ello, al ver la terquedad del aconsejado, le exhorta a pensar en su futuro…”

Como empleo, siempre al servicio de personajes importantes y hasta fundamentales en la historia de los pueblos, un consejero debe siempre sentir que lleva una lápida sobre la espalda que le aplasta las vértebras por sentirse como aquel antiquísimo colega que, cuenta la anécdota, acompañaba a uno de los césares en el desfile de regreso triunfal después de una gran victoria, por la que el pueblo romano recibía a su héroe con toda la algarabía y toda la entrega y toda la admiración que los grandes líderes infunden.

Detrás del César, como siempre fue costumbre, iba su consejero, el que siempre tuvo como responsabilidad principal frenar los excesos del jefe, mantenerlo tranquilo e, incluso, de ser posible, humilde. Por ello nuestro consejero de la historia se acercó al oído de su amo y le dijo:

César excelso, recuerda que eres un hombre, no un dios…

Continuó el desfile del glorioso ejército con su comandante al frente y la multitud enloquecida de júbilo, de amor y entrega; y el César, cada vez más envuelto en la euforia que aquel encuentro con su pueblo le hacía sentirse y convencerse de que era el dueño del universo entero. Por eso, su fiel consejero de trecho en trecho volvía a repetirle la sutil convocatoria, que el indomable soldado escuchaba y le hacía muecas que, traducidas mentalmente a palabras, el consejero interpretaba como ¡pos qué trai este p..!, etc., etc., etc… Hasta que don César se hartó y cuando oootra vez le soltó el rollo que terminaba con que no era un dios, el excelso César, ¡¿qué cree, licenciado Scherer?!… Que vuelto energúmeno, dio medio giro, levantó sus brazos y los bajó con gran violencia como queriendo golpear al pobre consejero, cosa que no hizo, pero los dedos de sus manos se extendieron temblorosos al tiempo que su garganta soltó un grito feroz que se convirtió en cuatro palabras:

¡Hijo de p.., LARGOOOO..!

… Y sí, se largó el consejero, se volvió humo, desapareció…

… Supongo que aún no le pasa a usted algo así, don Julio.   Supongo también que no piensa ganarse, cualquier día de éstos, algo parecido …

Serio problema,  porque tras cada uno de los asuntos que en estos escasos días de su sexenio, el presidente López Obrador ha encontrado reacciones negativas —los bonos del AICM, los salarios, el Tren Maya y lo demás— hay cuestiones jurídicas que debieran debieran manejarse al ritmo de la batuta legal que está en sus manos y que sólo usted debe saber cómo moverla…

Ahí esta, don Julio, su oportunidad de envolverse en gloria.

Porque si no, podría volverse estatua de sal….

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