AMLO desafíos. 4.- Economía presidencial

0
265

Si se le da una lectura estratégica a la victoria de López Obrador, sin duda que la motivación principal de los electores fue la economía. El populismo duró cuarenta y ocho años (1924-1982) y dio 6% promedio de PIB con saldos negativos de inflación y devaluación. El neoliberalismo perduró treinta y cinco años (1983-2018) y sólo consiguió una tasa promedio el PIB de 2.2% y un 80% de marginación social.

Ahora no viene un nuevo modelo de desarrollo ni una nueva política económica, sino el regreso al populismo, sólo que con promesas más modestas: una tasa promedio del PIB sexenal de 4%. En todo caso, la principal característica del enfoque económico del próximo gobierno es la conducción presidencial o el presidencialismo económico.

El problema de la crisis mexicana no radica en la conducción de la economía, sino en la falta de un proyecto nacional de desarrollo. No es mala la intervención del Estado o del presidente de la república en la economía, sino que no exista una reorganización total del sistema productivo. Y toda nueva política del desarrollo debe estar sustentada en la redistribución de la riqueza.

López Obrador acumuló una buena cantidad de votos con sus promesas de programas asistencialistas ante la población mayoritaria marginada: 70% de las familias, 80% de los mexicanos, 57% de la base laboral informal y PIB de 2%. Pero todo gasto social suele ser improductivo en la medida en que se sustenta en gasto que no dinamiza la economía.

El monto de los compromisos sociales de López Obrador no cuadra con el equilibrio macroeconómico de 2% máximo de déficit presupuestal y sin tener en la presidencia la llave del circulante monetario. En este contexto, el presupuesto sexenal será incapaz de cubrir todos los compromisos de gasto social.

La salida de la crisis sólo se encuentra en la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo, una nueva política económica y una planta industrial-agropecuaria redimensionada para ampliar la producción. Como no se ve en los planes del próximo gobierno, entonces tendremos una política económica suma cero: lo que vaya a programas sociales se quitará de otros rubros productivos.

El pacto constitucional de economía mixta terminó en 1982 con la expropiación de la banca privada y desde entonces el Estado no ha podido construir una planta industrial pública. El neoliberalismo se concretó en abrir la frontera comercial para exportar más, pero también para importar aún más.

El dilema del gobierno de López Obrador es simple de plantear: una economía pública orientada a programas sociales o un modelo de desarrollo empresarial que multiplique las fábricas. El populismo iba bien hasta que se peleó con el capital privado y el neoliberalismo se olvidó de ampliar la planta productiva privada.

La crisis económica comenzó cuando el presidente de la república centralizó la economía y el desarrollo desde enfoques político-personales. Los secretarios de Hacienda, Desarrollo y Producción Agropecuaria pasaron a ser meros supervisores. La economía dejó de ser productiva y pasó a nivel bajo de administración de recursos.

Si López Obrador prioriza sus compromisos sociales, México seguirá en el crecimiento bajo, tensionado por la inflación-devaluación y con marginación social estructural. Pero si opta por un nuevo modelo de desarrollo, entonces se podría aspirar a salir de la crisis crónica.

http://indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here