AMLO Desafíos: 3. México, 2024

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El principal problema del proyecto de gobierno de Andrés Manuel López Obrador se localiza en el candado del propio sistema político priista vigente: los periodos de gobierno duran seis años bajo el mando de una persona y no más de doce en proyecto de grupo, pero con la dirección sexenal relevada.

Como todo grupo de poder el liderazgo único también es temporal. A partir de la primera percepción de que no habrá reforma constitucional para regresar la reelección presidencial —no se descarta del todo— los liderazgos populistas son individuales: Obregón no pudo controlar a Calles, Calles se topó con Cárdenas, Cárdenas decidió ser sexenal, Alemán no pudo dirigir a Ruiz Cortines, Díaz Ordaz confió en Echeverría, Echeverría fue eludido por López Portillo, Salinas no pudo con Zedillo y Fox fue hecho a un lado por Calderón.

Los tiempos políticos son los principales enemigos de los gobernantes mexicanos. Cuenta la tradición que en la ceremonia oficial de la fotografía del presidente entrante y su gabinete en Palacio Nacional después de la jura del cargo las apuestas entre fotógrafos, periodistas, columnistas y observadores se centran en tratar de adivinar quién será el sucesor.

Y a lo largo de cinco años el presidente de la República tiene que lidiar con los juegos sucesorios del poder, los grupos realineados, las lealtades falsas y las intrigas palaciegas. En este sentido el poder presidencial solo dura dos años: el segundo y el tercero, porque el primero se gasta en aprender la administración de los protocolos del poder, el cuarto coloca las piezas sucesorias después de las elecciones federales de medio sexenio, el quinto es el del dedazo y el sexto el de los desencantos, porque el candidato del gobierno en turno tendrá que ir decantando lealtades para fijar su autonomía indispensable.

Problema

Estos tiempos políticos no le son extraños a López Obrador: después de tomar posesión de la Jefatura de Gobierno del DF se dedicó a administrar la figura de su sucesor, el priista-salinista-camachista-perredista Marcelo Ebrard Casaubón, sometido a presiones justamente por su papel de delfín. Además López Obrador padeció el acoso del presidente Fox para desbarrancarlo de la candidatura de 2006.

La historia política del sistema priista revela periodos de grupos —o complicidades— de doce años, aun con traiciones y conflictos: Obregón-Calles, Cárdenas-Ávila Camacho, Ruiz Cortines-Alemán, López Mateos-Díaz Ordaz, Echeverría-López Portillo, Salinas-Zedillo, Fox-Calderón y Peña Nieto la quería con Meade Kuribreña. A López Obrador le alcanzará su poder caudillista solo para poner a su sucesor, aunque desde ahora con la certeza de que su sucesor tendrá que marginarlo del poder por más deudas o lealtades que existan.

El otro problema de la transexenalidad de López Obrador radicará en la inexistencia de un partido-sistema como lo fue el PRI: la representación en su seno del conflicto social. Morena es una Torre de Babel de intereses, ideas y lealtades no cohesionadas, como se ve en la tribalización de los centros legislativos y estatales de poder. En las sucesiones el PRI operaba como el partido del control de resentimientos.

En los espacios de poder actuales no se discuten proyectos de gobierno, compromisos de campaña o lealtades indispensables sino que el eje de todas las acciones es 2024.

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