AMLO, desafíos 2.- Fin de sistema

0
338

A pesar de ser un producto del sistema político/régimen de gobierno/Estado constitucional fundado por la estructura Revolución Mexicana/PRI, Andrés Manuel López Obrador logró consolidar una base electoral mayoritaria a partir de la propuesta de cambio de sistema. Sin embargo, hasta antes de la toma de posesión su propuesta se reduce sólo a hacer eficiente ese mismo sistema.

Si se buscara un punto de inflexión sobre el principio del fin del sistema/régimen/Estado priista, sería hace medio siglo: el movimiento estudiantil del 68, sin objetivos concretos, llevó el sistema autoritario al límite; en 1969, en su conferencia en Austin, el poeta y ensayista Octavio Paz dijo que el dilema del sistema era simple: democracia o dictadura. La salida fue otra, intermedia: las reformas progresivas, lentas, hasta llegar a la alternancia en el 2000.

Lo que los priístas, los panistas en la presidencia y ahora el disidente priista López Obrador parecen no querer entender radica en el hecho de que la democracia es un modelo procedimental de legitimación del ejercicio del poder y como tal forma parte de un andamiaje superior: la estabilidad del viejo sistema político priísta, con tensiones lógicas de la pluralidad inevitable, no estuvo en el manejo del PRI para el reparto del poder, sino en el Estado de bienestar que llevó a los mexicanos a optar entre democracia o bienestar.

Ahora López Obrador enfrenta el mismo dilema: el voto mayoritario tiene múltiples interpretaciones; para este análisis ensayamos uno: no por la democracia, sino por la promesa de acabar con la pobreza y la desigualdad. De ahí que la recuperación del equilibrio y la estabilidad no pasa por las reglas de la democracia procedimental que –mal que bien– ya existe, sino por los programas de desarrollo y sobre todo los mecanismos de distribución de la riqueza. Los datos no deben cansarse de señalarlos: 16 superricos con casi 150 mil millones de dólares de fortuna, 80% de mexicanos con una a cinco carencias sociales y 20% de ricos con el 52% del ingreso nacional

Los sistemas políticos cumplen dos funciones: administrar la distribución de bienes y beneficios y estabilizar las dinámicas tensiones/equilibrios. López Obrador mantuvo su base electoral hasta hacerla victoriosa por la existencia de grupos sociales en tensión con la riqueza.

El problema de López Obrador radica en el hecho de que el actual sistema político priísta depende del PRI y no funcionaría con alguna otra fuerza opositora, como se vio en el docenato panista 2000-2012 y en el sexenio peñista que olvidó la dinámica del PRI. Lo malo, sin embargo, es que Morena está muy lejos de funcionar como el partido administrador de las relaciones sociales, porque los sectores representativos de las clases productivas fueron hechos añicos por el propio PRI.

De ahí el desafío de López Obrador para recuperar la estabilidad: construir un nuevo sistema político o desgastarse administrando el viejo sistema priísta. La victoria en votos fue una pequeña parte del acceso al poder; la gobernabilidad se construye con una relación directa positiva entre demandas sociales y ofertas gubernamentales. Sin un nuevo sistema, López Obrador carecerá de estabilidad para su programa de gobierno.

Mantener el mismo sistema priísta apenas le daría tiempo para terminar su sexenio. Nada más.

http://indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here