A Claudia le urge una bolita

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Una regla básica para cualquier gobierno, sobre todo si va llegando, es buscar el control del Congreso, pues es ahí donde fincará los cambios legales que le darán soporte a su proyecto y el presupuesto con el que lo echará a andar.

El tema viene a cuento porque desde que se instaló el primer Congreso de la Ciudad de México, la granja morena en Donceles es un verdadero relajo, y sus diputados se la han pasado peleando los espacios de poder… y de dinero.

Claudia Sheinbaum, quien el próximo 5 de diciembre asumirá la Jefatura de Gobierno, inicialmente quiso imponer a Jesús Martín del Campo como líder cameral, pero fue vetado desde arriba y bateado desde abajo.

Entonces creyeron que la simple orden superior de que Ernestina Godoy se hiciera cargo de la granja morena en Donceles arreglaría el asunto; hasta creen.

Si bien dejaron pasar a Ernestina, no hicieron lo mismo con Martín del Campo, a quien no le concedieron la vice-coordinación, como lo sugería Claudia, y sorpresivamente se metió ahí Eduardo Santillán, quien algo se fumó porque empezó de hiperactivo.

Sin el menor control sobre sus compañeros, la aún coordinadora morena vio como válvula de escape la oferta de salir de Donceles y aceptar un cargo administrativo en los gobiernos  de Andrés Manuel López Obrador o de la propia Sheinbaum.

Es por eso que en la granja pejista de la capital hay una verdadera guerra a navajazo limpio por la sucesión, que muy probablemente se concrete esta misma semana.

Y aquí es donde la futura jefa de Gobierno debe pulir su mensaje. Ése que al principio de la legislatura les envió a sus diputados, al exigirles que no hicieran bolitas ni se reunieran en lo oscurito para conspirar; fue lo primero que hicieron.

Lo que señala el ABC de la grilla es todo lo contrario: que los diputados hagan bolitas, pero controlados por el gobierno, para darles juego interno sin perder el control del grupo parlamentario.

Más de uno recomendaría a Claudia fortalecer no sólo a uno o dos diputados, sino hacer una mayoría al interior de la propia bancada, repartiendo entre ellos el poder para que sean ellos mismos quienes controlen brotes rebeldes de sus propios compañeros.

Porque no basta ungir a una persona si no se le da una base que lo sustente, y como los morenos son perredistas con nuevo uniforme, por supuesto que no han dejado las mañas de querer poder y dinero a cambio de su lealtad.

Si Sheinbaum no quiere que anden complotando en lo oscurito, que negocie con ellos a plena luz y mande el mensaje de que su bolita será la única vía de interlocución con su gobierno, y asunto concluido.

Es contra natura pedirle a los integrantes de la granja no grillar ni hacer tribus; mejor que ella haga la suya.  Lo malo es que, por timorata, los morenos ya la pusieron contra la pared, pues si se va con el autoungido, José Luis Rodríguez, despreciará a los rucos.

Pero si impone a los rucos, representados por Ricardo Ruiz, el viejo gato de Alejandro Encinas, los chavos le harán la vida imposible. El chiste es que, se haga para donde se haga, Claudia ya perdió y llegará al gobierno con una amplia fractura.

CENTAVITOS… Y ahora que se va Godoy, más de uno de sus compañeros se pregunta si se llevará a Laura Ángeles Gómez, quien llegó con ella como secretaria particular y después la hizo tesorera del Congreso. Dicen que lo justo es que, si doña Ernestina ya no va a estar, por qué tendría que tener bajo su control los pagos que se hagan en Donceles. Y luego dicen que a los morenos no los mueve el dinero, sino el interés de servir al pueblo.