Análisis semanal: 29 de octubre

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La consulta se realizó y ha significado un duro golpe en la credibilidad del presidente electo, pues la manera en que se llevó a cabo, la parcialidad que mostraron algunos de sus colaboradores, en especial Javier Jiménez Espriú, y la forma en que sus seguidores apoyaron un ejercicio sin credibilidad –algunos reporteros y usuarios de redes sociales mostraron imágenes de cuando fueron a votar en varias ocasiones–, tendrá un costo para su gobierno.

            Y es que llevar a cabo una consulta en lugar de tomar una decisión –cancelar la obra en Texcoco o proseguir con la obra limpiándola de corrupción–, que ha sido no sólo severamente cuestionada sino que hasta con errores en su implementación, como integrantes de su propio equipo reconocieron, puede marcar la futura presidencia del tabasqueño, quien adicionalmente ha demostrado que sigue en modo candidato, ofreciendo un discurso de acuerdo a la audiencia que lo escuche.

            Pero realmente lo que se cuestiona no es si la terminal aérea de la Ciudad de México debe estar en Texcoco, Santa Lucía o en otra localidad, sino si el mandatario electo tiene la capacidad de tomar la mejor decisión con base en un análisis de la información –estudios, estadísticas, datos duros– y no con base en sus personales creencias, filias y fobias como todo indica que sucedió en este caso.

            Quienes conocen a López Obrador han dicho que cuando una idea se le mete a la cabeza, es difícil que cambie de opinión, además de que no reconoce sus errores. Ejemplos de esto hay muchos, pues la desaparición del Estado Mayor Presidencial, la venta del avión presidencial, la cancelación de Texcoco, la declaración de que si hay problemas financieros será por el mal manejo del Banco de México, la insistencia en construir el Tren Maya y la refinería en Dos Bocas, son parte de un catalogo en el que las decisiones ejecutivas del presidente de México pasan por procesos simplistas en los que la opinión u ocurrencia de una persona sustituye cualquier análisis.

            Y si esa persona es el presidente del país, pues la situación se vuelve complicada.

            Si como la consulta sobre el aeropuerto demostró, es más importante cumplir las promesas de campaña, por costosas que sean, que gobernar para todos los mexicanos, quienes alertaron que la llegada de López Obrador a la presidencia sería algo negativo pueden acabar teniendo la razón, a menos que el presidente electo empiece a corregir el rumbo. Todavía tiene tiempo.

El meme de la semana

La imagen de la semana

López Obrador voto en blanco en la consulta sobre el nuevo aeropuerto.

La Silla Endiablada

El control que la nueva administración federal busca en materia de comunicación social, se verá a prueba apenas entre en funciones la presidencia, pues acontecimientos como la consulta sobre el nuevo aeropuerto le han acarreado un sinnúmero de críticas, mismas que tendrán una repercusión.

Hay una versión que apunta a que los responsables próximos de comunicación del gobierno federal desestiman las advertencias en el sentido de que tendrán a una gran cantidad de medios en contra, con el argumento que dominan las redes sociales, pero sin considerar que si los errores prosiguen, no habrá ejército de activistas que los saque del hoyo.

Las recomendaciones acerca de que deben observar los errores de Peña Nieto en esta materia tampoco han servido para que reconsideren su estrategia, la cual tiene como mayor impulso que se trata de una decisión y promesa de campaña del propio López Obrador y, ante eso, hay poco margen de maniobra.

@LosPinos_mx

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