T-MEC: un pésimo acuerdo comercial. La necedad priista de insistir en él y de firmarlo Peña.

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Parece mentira, pero no es más grave la crisis migratoria entre México y Estados Unidos, frente a los países centroamericanos, que el T-MEC; ese mal acuerdo en que la delegación priista cedió en todo frente a Estados Unidos y aceptó términos desventajosos para México, con el cuento de que era mejor eso a nada. ¿Mejor para quién? no bastaba modernizar el TLCAN, sino hacer frente a las presiones de Trump y pues no, no sucedió esto.

Y…hubiera sido mejor nada para un país que es el segundo mercado del otro que amaga con el “nada”. Perdieron esos negociadores mexicanos la oportunidad histórica de jugar una mejor carta.

Ambos fenómenos referidos se nos quedarán, pero el T-MEC afectará más hondo y peor a nuestra economía a corto, mediano y largo plazo.

Porque sépase: este “acuerdo” comercial que han intentado edulcorar las revistas afines al régimen priista, degrada ya de momento al “tratado” que suponíamos que se firmaría, relajándolo como un mero acuerdo. Hasta Peña Nieto lo llama “acuerdo”, lo que delata su percepción y conocimiento, en vez de ceñirse a nuestro orden legal y llamarlo “tratado”, como bien apuntó López Obrador que correspondía hacerlo, para variar, y no es prometedor para México.

Un documento poco informado en México. Repetidos los partes de prensa, callando los detalles la página de Economía, que no ha sido capaz siquiera de explicarlo ni de actualizar la mafufada de nombre propuesta por Trump, sin adoptar el nombre de T-MEC que ella misma dice que es el idóneo. Así vamos de expuestos los mexicanos. Antes decían desde el gobierno priista que eran parcos y discretos al referirlo en sus detalles, para no entorpecer las negociaciones. Han terminado aquellas y siguen igual de parcos. Solo tenemos la sospechosa sonrisa congelada de Guajardo y Videgaray, que van como el perro que se comió el jabón.

En efecto, se comprende que no den detalles: el equipo negociador, con un amplio presupuesto designado para pagarse las idas y venidas a Washington, fue cediendo en todo al final de cuentas, desde los tiempos de negociación hasta la sede negociadora y el idioma en el cual entablar las imposiciones, que no negociaciones. Como si nos importara qué buen inglés poseen Videgaray y Guajardo. Cosa absolutamente intrascendente para México, sépase. Cuánta ventaja nos lleva la diplomacia europea, más igualitaria hasta en eso.

           Parece mentira que Economía mandara el borrador en inglés al Senado mexicano, ¡en inglés!. Supina ignorancia institucional y diplomática entre entidades mexicanas. ¡Cuánto disparate y arrogancia! No es al Senado al que toca estudiar inglés, que no es su idioma y no es el de una nación que suponemos soberana frente a las otras dos, aunque lo de soberanía a algunos les quede grande o les sea inclusive. No nos equivoquemos. Era a Economía a la que tocaba traducir y solo necea en que Peña firme el acuerdo. Después salieron en Economía conque les mandarían a los senadores una traducción que pretenden que desahogue el Senado antes del 30 de noviembre, porque al PRI le urge vender la foto de Peña firmando algo tan mal negociado. Qué irresponsables.

Yo sí espero que el Senado morenista sea un filtro y ponga orden denunciando lo necesario. Urge.

México pudo buscar más mercados y romper la mediocridad que quiérase que no, existe en su empresariado de mirada corta y que la confesaba subrepticiamente Juan Pablo Castañón, titular del CEE, reconociendo que estos 25 años aquel “se durmió en sus laureles”. Qué mediocres, tanto como el pase lo que pase ”tenemos tratado” de un orondo Luis Videgaray. A qué costo. Castañón ha reconocido que el apartado 10 del capítulo 32 frena acercarse a China, porque no es una economía de mercado. No, pero sí es la primera del mundo y nuestro segundo socio comercial. Los negociadores mexicanos han puesto un grillete inadmisible a nuestra política exterior supeditándola a Estados Unidos. Si firmamos un tratado comercial debemos notificárselos y pueden rescindir el T-MEC. Eso es vender al país y eso es comprometer su soberanía. Aunque no le guste que se diga a esos negociadores o a voceros oficiosos. Y sí, compromete un proyecto del siguiente gobierno, cuando China ya ofreció un TLC. Si en 25 años no buscaron diversificar mercados, dudosamente lo harán ahora, conformistas con un mal tratado.

El equipo de López Obrador no es el creador de este tratado y sí su enmendador ante los errores de Videgaray y Guajardo. Los priistas no podían concluirlo. Debió llegar Seade a poner orden. Se pueden adornar aquellos, pero las cosas son como son. Y como son demuestran situaciones alarmantes. Por ejemplo: que el equipo de Videgaray y Guajardo se entrampó con la cláusula sunset, admitiéndola, o que habían cedido en hidrocarburos, dándolos a cuenta y dando la razón a quienes decían que así apuntalarían la reforma energética peñista. Parece que Seade lo impidió. Pues entonces ¿a qué fueron los priistas a Washington? ¿a rematar y a amarrar a México de pies y manos? Graves los términos en los que negociaron. Irresponsables entonces sí que resultan las palabras de Videgaray: pase lo que pase. Sí, pero no a tan elevado costo, habría que enmendarle la plana.

Si era inevitable levantar las cejas al oír a Seade que aceptaba el tratado y lo aprobaba y cuando Morena en el Senado decía que lo veía bien, la verdad es que hay resquemores. Y que bueno, porque no apunta a ser un buen tratado. Y el equipo negociador responsable de ello ya se va y no sabemos si el documento será ratificado por López Obrador. Sería muy irresponsable discutir el texto al vapor como pretende el priismo. Y si es por López que no quiera esa foto entreguista en los términos actuales del instrumento, mejor rechazarlo o exigir su renegociación. De momento no hay nada claro, pues, además, Canadá impuso nuevos aranceles al acero, ya aparte de haberla abandonado México desde el proceso negociador. El subsecretario mexicano Baker señalaba que había que esperar 200 días a que Canadá confirme su propia medida. Sin fajarse ante los canadienses, el sujeto saber que él carece de 200 días para dar seguimiento al atropello porque su gobierno se marcha. Es que han sido un entreguismo y un sometimiento vergonzosos de parte del PRI en el gobierno.

Una tomadura de pelo este tratado. ¿Mejor tener tratado que nada? Eso es aventar la toalla y no ser verdaderamente realistas. Es no saber que somos el segundo mercado de EE.UU. y pudimos presionar por allí, y es desconocer que teníamos manera de pelear las imposiciones de Trump, que es lo enfrentado y no simples propuestas de contraparte. No, no era el tratado o nada. Que sea nada, entonces si se compromete así a México cediendo en todo, y a ver qué hacia una economía proteccionista como la estadounidense. Los aranceles de la OMC no le habrían ayudado y era una carta que se debió jugar y no ceder como lo hizo este equipo negociador mexicano bisoño y encandilado con EE.UU..

Voy más, ¿todo a cambio de? ¿Cero aranceles que ya había no por concesión de EE.UU., sino por los términos del TLCAN? Qué manera de perder. Los intereses de México estuvieron depositados en las peores manos.

@marcosmarindice