El NAIM y la trampa de Morena

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Mientras el Gobierno Federal decidió unilateralmente suspender todo anuncio acerca de las bondades de construir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en Texcoco, Morena desató una descarada campaña en favor de Santa Lucía.

Hace semanas, la administración del presidente Enrique Peña Nieto suspendió spots, cosa que no hizo ninguno de los futuros funcionarios pejistas, que con toda claridad buscan inclinar la balanza para eliminar Texcoco.

No se puede llamar “democracia participativa” cuando se invita a cierto sector de la población a opinar dónde debe ser la sede del aeropuerto que surtirá de turistas al país, no sólo a la CDMX.

Un día antes de la consulta, que no es avalada por autoridad alguna, el próximo secretario de Comunicaciones, Javier Jiménez Espriú, da a conocer un supuesto informe de la empresa NavBlue, que se inclina por Santa Lucía como la mejor sede.

Lo que no dice Jiménez Espriú es que en la página 12 de dicho estudio se señala que quien participó en el mismo fue ¡Grupo Riobóo!, ligado a ya saben quién, y que quiere el contrato para construir en Santa Lucía.

En un mensaje grabado durante un vuelo comercial, el propio Andrés Manuel López Obrador asegura que es mentira que la calificación crediticia del país se verá afectada si se anula Texcoco, y que él hablará con las empresas afectadas para “tranquilizarlas”.

Al mismo tiempo, Claudia Sheinbaum declara que sería muy lamentable que la CDMX perdiera su actual aeropuerto, porque con ello se irían 70 mil plazas laborales y se afectaría la ecología, lo cual, por cierto, es falso.

Todo ello, aunado a que diputados locales y federales morenos aseguran que, contra lo que opinan empresarios, líneas aéreas, bancos, especialistas y hasta pilotos, la mejor opción es la Base Aérea de Santa Lucía, donde ni siquiera hay proyecto.

Por un lado, llaman a la ciudadanía a votar libremente por la opción que mejor les parezca, con base en una “democracia participativa”; por el otro, les dicen que Texcoco no es opción, lo que en los hechos es “democracia inducida”.

La consulta de cuatro días que arranca hoy ni siquiera se debería llevar a cabo, sin importar que sea legal o no, pues finalmente es una facultad del Presidente de la República hacer o no la obra, sin tener que pedir permiso.

Si López Obrador lanzó como uno de sus ejes de campaña que de ganar suspendería la construcción del NAIM en Texcoco, pues que determine la desaparición de la obra y ya. Nadie se llamaría engañado, pues claramente lo advirtió.

El asunto es que, al parecer, ya se dio cuenta que de cumplir con esa promesa meterá al país en un grave problema antes de asumir el cargo, y busca una salida para dar marcha atrás, pero necesita justificarse ante sus votantes argumentando que “el pueblo decidirá”.

Sería una forma de legitimarse, argumentando que su gobierno no será una dictadura, pues, aunque él se inclinaba por Santa Lucía, la mayoría votó por Texcoco y él sabe respetar el resultado de las consultas.

CENTAVITOS… Indignado porque se señaló que a las reuniones con damnificados llegaba en estado etílico —borracho, pues— Ricardo Becerra, excomisionado para la Reconstrucción de la CDMX, envió una carta para decir que esas aseveraciones eran “intrigas palaciegas”, y que él hizo un gran trabajo. Bueno, quienes lo acusaron de borrachales, exhibiéndolo en videos, fueron los propios damnificados de Benito Juárez, y el propio Ricardo aceptó su afición por los mezcales. ¿O ya no se acuerda?, así ha de haber estado.