Amieva ya las entregó

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Más que un proceso de recepción-entrega, parece que José Ramón Amieva está haciendo un acto de entrega total y anticipada al próximo Gobierno de la CDMX, que encabezará la morena Claudia Sheinbaum.

Tarde se le hace al gobernante sustituto para tirar el arpa e irse a descansar o a disfrutar de lo obtenido durante el sexenio que está por concluir, y que a él le tocó cerrar por una decisión de su exjefe, Miguel Ángel Mancera.

A sólo unos cuantos meses de que asumió el relevo, ya se vio por qué la plana mayor del PRD siempre se opuso a que Mancera se empecinara en dejar al frente a quien fue primero su consejero Jurídico, después su titular de Desarrollo Social y luego de Gobierno.

Todos le decían al entonces jefe de Gobierno que Amieva no era confiable y que, si bien era dócil y manejable, eso mismo podrían aprovechar los enemigos del PRD, y al final tuvieron razón, pues el gobernante sustituto es un tapete viviente de Sheinbaum.

Si bien es cierto que Morena arrasó en las votaciones, también lo es que aún no asumen el Gobierno, por lo que no pueden tomar decisiones que en teoría corresponden al actual titular de la administración capitalina.

El tema viene a cuento porque ayer se supo que el Tribunal de Justicia Administrativa de la CDMX suspendió los efectos del contrato que el gobierno capitalino había firmado con empresarios privados para construir la planta termovalorizadora, que seguro ya no va.

El problema no es que la obra —que en teoría acabaría con el problema de la basura en la capital— ya no se vaya a hacer. El asunto es que el jefe de Gobierno salió presuroso a decir que aceptan la suspensión y que ni siquiera impugnarán la decisión.

Que no cerrarán ningún contrato que signifique compromisos para el gobierno entrante, porque así se lo pidió Claudia Sheinbaum. Ah caray, ¿y a cuenta de qué?

Vaya jefe de Gobierno heredado por los capitalinos, pues no es capaz de causar la menor molestia a quien gobernará a partir del próximo 5 de diciembre, aunque ello signifique ni gobernar ni tomar decisiones por la capital.

Si a Amieva se le hace tarde para bajarse del barco o de plano llevársela de a muertito mientras llega la entrega formal, su gabinete está peor, ningún funcionario se quiere mover ni tantito.

Ya se quieren ir y nadie hace el menor caso a las indicaciones; ¿para qué, si el que está arriba anda con la cabeza gacha?

Una vergüenza extra para Amieva es tener que recibir, tratar con respeto y agacharse ante su excompañera de gabinete, Rosa Icela Rodríguez, a quien sustituyó en Desarrollo Social, pero que ahora será la próxima secretaria de Gobierno de la CDMX.

Ni modo, a ponerse en posición de flojito y cooperando y a tragar sapos, no sea que los futuros jefes de la ciudad se vayan a molestar.

CENTAVITOS… Vaya declaración que hizo ayer la alcaldesa de Álvaro Obregón, Layda Sansores, quien al hablar en contra de la corrupción de las anteriores autoridades locales, anunció una decisión de vida: “Hemos decidido ser pobres, pero dignos”. ¿Eso quiere decir que Laydita dejará su casa de El Pedregal, las Noches Palacio, su camioneta Audi, el jamón serrano y los tintes escarlatas de marca para el cabello? Ojalá, pues sería muy bueno que viajara en micro, comprara en el tianguis, comiera garnachas, se entintara el pelo en el salón de la colonia y viviera en La Cebada, Puerta Grande o La Angostura. Si de esto está hablando, pues hay que felicitarla. ¿O de qué tipo de pobreza con dignidad habla?