Después de 68

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Ya está circulando el libro El 68 no existió, de la pluma de Carlos Ramírez. La obra, junto al texto Octavio Paz y el 68, ofrecen más elementos para una mejor comprensión de lo que es el movimiento del 68 y su legado para el país. En esta ocasión ofrecemos un fragmento del libro, mismo que se puede adquirir en Mercado Libre o en Amazon Kindle.


Los años posteriores al 68 tienen una doble dimensión: los protagonistas estudiantiles quieren su cuita de agradecimiento y el régimen decidió optar por el camino de la reformitis que alejara una nueva represión. Del lado estudiantil no emergió ninguna fuerza ni liderazgo sólido como para lanzar iniciativas; la única memorable fue la de Heberto Castillo, Octavio Paz y Carlos Fuentes de construir un nuevo partido socialista democrático, pero una cosa fue la intención y otra la burocracia de la izquierda. El PCM volvió a sumirse en la clandestinidad y espeto diez años para cumplir su ambición de tener registro legal. Las cabezas estudiantiles cayeron en la cárcel, otros se exiliaron y los más buscaron sus espacios en la real politik de la sobrevivencia cotidiana.

Lo cierto fue que el propio sistema/régimen/Estado fue abriendo la llave de las reformas, no generales sino paulatinas. Comenzó el propio Díaz Ordaz con la reforma constitucional al artículo 34, el 22 de diciembre de 1969, para bajar la edad de la ciudadanía de 21 años a 18; en tiempo político articulado, el 25 de noviembre el presidente Echeverría acudió a la Universidad Nicolaíta de Michoacán donde fue increpado y guardó un minuto de silencio por los caídos en Tlatelolco. Fueron las dos primeras acciones de acercamiento a la esfera de los intereses estudiantiles, después de la violencia en Tlatelolco. Pero fueron reformas parciales, casi sin ilación, sólo de distensión de violencia o como aportaciones a la oposición para negociaciones del régimen en crisis económica desde 1973.

Las reformas fueron abriendo la democracia en el largo periodo 1969-2018:

–López Mateos reformó el 54 constitucional para introducir diputados de minoría, llamados de partido y acreditados por porcentajes electorales: cinco diputados por 2.5% de los votos y uno más por cada 0.5 % hasta completar 20 y un porcentaje de 10% de la votación.

–Como consecuencia directa del 68, Díaz Ordaz hizo dos reformas: en noviembre de 1969 bajó la ciudadanía de 21 años a 18 años para abrir cauces de participación política a los jóvenes y en agosto de 1970 derogó los artículos 145 y 145 bis del código penal federal para desaparecer el delito de disolución social que exigía el pliego petitorio estudiantil.

–Echeverría tomo decisiones más políticas que institucionales: liberó a presos políticos, abrió espacios a los jóvenes, criticó el autoritarismo del pasado, rompió con Díaz Ordaz, depuró su gobierno de funcionarios del pasado, desarrolló una diplomacia progresista con Chile, Cuba y los No Alienados, buscó un nuevo orden económico internacional y confrontó a los empresarios. Cambió el clima del 68, aunque aireando el sistema y no reformándolo.

–López Portillo fue más audaz: reformó el sistema con la legalización del Partido Comunista Mexicano, introdujo el derecho a la información y cambió los diputados de partido por 200 diputados plurinominales sin límites y votaciones especiales. En lo social aumentó gasto usando las exportaciones de petróleo.

–Con De la Madrid hubo un cambio de élite: se terminó el ciclo de los políticos que venían sobre todo de 1946 con Alemán, permitió voto libre en municipales y reorganizó al Estado, pero no cedió a la democracia: rechazó la propuesta de Enrique Krauze de una transición española a la democracia, desplazó fuera del PR a los progresistas cardenistas y detuvo el péndulo ideológico en el lado conservador. Y en 1988 avaló el golpe electoral contra Cárdenas para impedir el respeto al voto.

–Salinas de Gortari le dio prioridad a la reforma económica de mercado, contuvo al PRD, pactó con el PAN, creó el IFE con consejeros ciudadanos y control de Gobernación, abrió un poco la política por el tratado comercial y la cláusula democrática de la Unión Europea. El colapso de seguridad lo atropelló: el asesinato del cardenal Posadas Ocampo, el alzamiento zapatista en Chiapas, los secuestros de empresaritos, el asesinato de Colosio, la renuncia Jorge Carpizo como secretario de Gobernación, el asesinato del político zedillista José Francisco Ruiz Massieu y la denuncia de su hermano Mario Ruiz Massieu de un crimen de Estado. Las aperturas políticas fueron menores.

–Zedillo se encontró con un país en colapso económico y pactó una reforma política para garantizar el voto legislativo a favor de su programa drástico de ajuste con alto costo social. La parte más importante de la reforma política fue la autonomía total del IFE, sacándolo de Gobernación y sobre todo el respeto al voto que le hizo perder al PRI en 1997 la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, el gobierno del Distrito Federal y la presidencia de la república en el 2000. También promovió los Acuerdos de San Andrés para darle espacios a la guerrilla zapatista del EZLN, a excepción de su demanda de nación autónoma.

–La victoria presidencial del panista Vicente Fox fue una reforma política de facto, pero careció de reformas del poder, pacto con el PRI para un cogobierno y promovió una reforma electoral sin rumbo y combatió la precandidatura de López Obrador con un proceso de desafuero.

–Calderón ganó las elecciones forzando el sistema electoral, de nueva cuenta promovió otra reforma electoral y presentó dos reformas que no pasaron en el congreso. Su aliado, también, fue el PRI, quien se opuso a cualquier reforma que le quitara ventajas político-electorales.

–Peña Nieto le dio prioridad a la reforma estructural del sistema productivo y dejó una reforma política del PAN que no resolvió el problema central del sistema electoral: la partidocracia. De nueva cuenta, como con Zedillo, Peña Nieto promovió otra reforma de facto: el respeto a las elecciones que le dieron al opositor López Obrador 53% de los votos, 44% a su partido en la Cámara y hundió al PRI en tercer sitio con apenas 16% de votos.

En muchas de las reformas estuvo el 68 como segundo pensamiento, pero al final fueron reformas de coyuntura para distensiones la política y dar cauce a prácticas democráticas.

Evolución del régimen

Las reformas políticas con argumentos democráticos no han cambiado la caracterización priísta del sistema/régimen/Estado. Y la razón es de modelo: sólo un cambio en la estructura productiva capitalista podría modificar la estructura de dominación de las fuerzas priístas en la política. Fox, Calderón y López Obrador han usado a priístas y han tenido que pactar con el PRI; y no tanto por falta de mayoría, sino por el hecho de que todas las fuerzas políticas del sistema productivo capitalista se mueven en las reglas del mercado.

Si bien el régimen logró desterrar el fantasma del autoritarismo represivo tipo 68, en cincuenta años no ha sabido transitar del capitalismo priísta a un modelo de desarrollo con distribución de la riqueza y nuevas fuerzas políticas. En medio siglo el PRI sigue sobreviviendo, el PAN, el PRD y Morena se nutren de priístas y el sistema/régimen/Estado sigue obedeciendo a las leyes políticas del PRI. Del 68 al 2018 ha habido una veintena de nuevos partidos que nacen, succionan recursos del erario y desaparecen, pero ninguno supo asumir la herencia de lucha del 68. El PCM logró su registro legal en 1978, tuvo diputados comunistas tres años, cambio de nombre a Partido Socialista Unificado de México en 1981, luego mutó a Partido Mexicano Socialista en 1987, en 1989 se disolvió como movimiento comunista y cedió su registro al PRD de expriístas-cardenistaspopulistas y luego muchos excomunistas se afiliaron a Morena de López Obrador.

De ahí la percepción de que el fracaso político del 68 después del 68 fue la ausencia de un verdadero partido de izquierda socialista, con una propuesta de alternativa al capitalismo PRI-PAN-PRD-Morena. En cambio, el relevo en la dirección política del sistema/régimen/Estado que representaron los neoliberales ha mantenido el rumbo de México por el neoliberalismo de mercado salvaje. Lo paradójico ha sido que muchos comunistas del 68 hoy militan y tienen cargos en el PRI, el PRD, el PAN y Morena.

Así, la priización del pos 68 revela el fracaso del 68 después del 68.

¿Y la democracia?

México es, a 50 años del 68, un país democrático-no-democrático.

El problema ha sido confundir la democracia con un mecanismo procedimental de elecciones libres. Pero la democracia es el escenario político de las relaciones sociales de producción.

México ha tenido cuatro dilemas:

–Democracia o bienestar, esencia del PRI de Alemán a Peña Nieto y del PAN y Morena en la presidencia de la república.

–Democracia o dictadura como efecto de la represión del 68 y la exclusión de libertades.

–Luego de tres alternancias: democracia o república

–Y el decisivo que atraviesa los anteriores: democracia formal o desarrollo con distribución de la riqueza.

Si se quiere resumir el modelo ideal ya no posterior al 68 sino del PRI reducido a su mínima expresión, ya no se trataría de un dilema sino de un objetivo: desarrollo con distribución de la riqueza, en el entendido de que ese modelo productivo con equidad sólo es posible con relaciones democráticas; es decir, que la democracia será consustancial de una República con bienestar social.

A partir de las experiencias anteriores y posteriores al 68, ¿qué es la democracia en México?

–Adjetivo. Complementa sustantivo para calificarlo. Cualidad central.

–Verbo. Definición central. Acción, movimiento, proceso, estado, definición.

–Sustantivo: existencia independiente, esencial, sustancia, propiedades propias, parte esencial.

7.3.- Si la Revolución Mexicana fue una lucha por la democracia en el planteamiento de Madero 1908-1913, entonces la periodización de la democracia deja ver avances y retrocesos:

–La democracia priísta anterior al 68: autoritarismo político, democracia acotada, bienestar como placebo democrático.

–La democracia del 68: el grito como liberación, la masa como expresión y la confrontación como poder.

–La democracia del 2000: la expectativa y el desencanto.

–La democracia del 2012: la última oportunidad al viejo régimen.

–La democracia del 2018: Morena como el regreso al origen… no democrático.

La democracia no fue lo que era

Si la democracia que uno de los ejes discursivos en el 68, al final se trató de una democracia de resistencia: no hay mejor forma, más rápida y más directa para detener el autoritarismo que contrastarlo con la democracia como forma de protesta sin represalias. Desmantelar el Estado represivo, permitir la protesta y garantizar derechos elementales fue la democracia de circunstancias que se planteó en el 68. Para el sistema/régimen/Estado autoritario de entonces, la libertad para la protesta era la esencia de la democracia.

Pasada la lucha y aplastado el movimiento, la sociedad del 68 no dio el paso adelante: reflexionar sobre el fin del régimen autoritario y pensar la democracia general, no a de resistencia. En 1977 López Portillo sorprendió con la iniciativa de reforma política –PCM al Congreso, derecho a la información y plurinominales para las minorías–, aunque la sociedad política no supo ir más allá: el respeto al voto llegaría veinte años después. Así, la sociedad pos-68 pareció conformarse con el beneficio asistencialista del populismo Echeverría-López Portillo y no planteó una reflexión sobre la imposibilidad de la democracia en el sistema/régimen/Estado priísta.

La demanda democrática mexicana ha sido por etapas: en el 68 fue el derecho a disentir públicamente y en las calles, en 1977 como el derecho a la pluralidad partidista, en 1988 como el respeto al voto, en 1997-2000 como l alternancia. Ni la academia, ni la sociedad, ni los partidos de oposición se han planteado la democracia como un todo: no sólo derechos, sino obligaciones y sobre todo indicadores de la calidad de la democracia.

De la amplia bibliografía sobre la democracia tomo unos cuántos para definir las características de la calidad de la democracia:

–Robert Dahl: La poliarquía, participación y oposición, 1971.

–Juan Linz: Cómo quiebran las democracias, 1978.

–Leonardo Morlino: Cómo cambian los regímenes políticos, 1980.

–Guillermo O´Donnell; Transiciones desde un gobierno autoritario, 4 tomos, 1986.

–Guillermo O´Donnell: La calidad de la democracia, 2004.

Y de ellas se puede elaborar una lista de veinte características de la calidad de la democracia, después, por supuesto, de haber sido establecida:

1.- Derechos políticos.

2.- Información para la participación abierta.

3.- Gobernabilidad como equilibrio entre demandas sociales de democracia y reformas gubernamentales.

4.- Representación social activa.

5.- Canales para la participación de la sociedad.

6.- Controles al ejercicio del poder.

7.- Derechos y libertades.

8.- Espacios para la competencia plural y democrática.

9.- Respeto absoluto al voto.

10.- Estado de derecho.

11.- Rendición de cuentas.

12.- Bienestar social para votar en liberta y no de manera clientelar.

13.- Vigilancia sobre el poder.

14.- Soberanía popular.

15.- Democratización de partidos.

16.- Libertad de expresión.

17.- Controles a la corrupción.

18.- Transparencia gubernamental y política.

19.- Oposición con competencia equitativa.

20.- Democracia inclusiva.

21.- Control de los órganos de autoridad del Estado.

22.- Instituciones para garantizar las prácticas de la democracia.

El 68, como ninguna otra explosión popular, abrió el debate sobre el régimen mexicano; en efecto, el dilema era, como lo planteó Octavio Paz en 1968, 1969 y 1970, democracia o dictadura; sólo que la construcción de la democracia no era, como se pensó entonces, la libertad de protesta, el respeto a la movilización ciudadana y el control de la represión, sino la construcción de una república de instituciones, equilibrios y garantías.

La intensidad de la represión a sectores medios paralizó el debate y la lucha por la democracia, desmovilizó a la sociedad en el largo periodo 1968-1994, el zapatismo volvió a despertar el discurso social por la democracia, las alternancias probaron la libertad de voto, pero la sociedad misma sigue sin debatir el tema de la democracia no solo como libertades de participación y protesta, sino la construcción de instituciones para garantizar un sistema/régimen/Estado no priísta.

 

 

10.- 1968-2018: cambiar para seguir igual

A partir del modelo teórico de sistema político de David Easton (1956) que lo refiere como el espacio similar a una caja negra en cuyo seno se da la asignación autoritaria de valores y beneficios, el sistema político mexicano ha sido el PRI: Revueltas en su prólogo de 1976 a México: democracia bárbara refiere al PRI como el espacio en que el presidente de la repúblicas controlaba las relaciones sociales derivadas de las relaciones de producción con el presidente de la república como el primer priísta de la república repartiendo el poder.

A la distancia, en 1968 el PRI funcionaba a la perfección como caja negra, excepto por la existencia en un periodo de diez años de nuevos protagonistas que no encontraron espacio en el sistema porque carecía de espacio legal (los jóvenes eran ciudadanos a los 21 años, aunque inquietos desde los 15) y de interés (la izquierda socialista no quería meterse a la institucionalización priísta). Las manifestaciones de protesta del 68 no lograron poner una agenda de demandas, sino que se agotaron en una larga lista de quejas.

Aplastado el movimiento con la violencia del 2 de octubre a finales de diciembre, el movimiento estudiantil se disolvió, el PCM regresó a la semiclandestinidad y los jóvenes quedaron inmovilizados por los temores a la represión. La crisis del 68 no fue del sistema, sino de una parte importante de su funcionamiento: su legitimidad política desportillada por las protestas y la violencia institucional. Mientras los líderes del 68, los estudiantes posteriores, y las organizaciones políticas decidieron rumiar (masticar varias veces, refunfuñar) el movimiento y convertirlo en una vaca para ordeñarla, el sistema político aplicó la astucia maquiavélica para realizar cambios que pospusieran casi para siempre el uso de la represión masiva.

Si los jóvenes del 68 quisieron hacer la revolución, el régimen priísta optó por las reformas. A lo largo de medio siglo, el régimen se autorreformó cumpliendo puntualmente el pliego petitorio del 4 de agosto de 1968:

1.- Libertad a todos los presos políticos en 1971 vía decisión del presidente Echeverría.

2.- Derogación del artículo 145 del código penal federal en agosto de 1970.

3.- Desaparición del cuerpo de granaderos, aunque en grado de mayor control institucional. Este punto ha sido aplicado a medias.

4.- Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto y Raúl Mendiola, quienes pasaron al ostracismo.

5.- Indemnización a las víctimas de los actos represivos, petición simplemente ignorada ante la incapacidad de las víctimas de organizarse para operarla-.

6.- Deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en los actos de violencia contra estudiantes, exigencia no cumplida ante la incapacidad de los dirigentes estudiantiles de fijar con nombres y apellidos a los responsables. De todos modos, el sistema se encargó de ajustar cuentas de manera positiva o negativa: Díaz Ordaz cargó con el fardo del 68, le estalló como petardo al ser designado embajador de México en España en 1977, renunció a los doce días después y murió en 1979 rumiando su amargura; el general Marcelino García Barragán (Defensa Nacional) pasó a retiro total; Alfonso Corona del Rosal (Jefe del Departamento del Distrito Federal) no tuvo ningún cargo y murió en el 2000 envuelto en el olvido; Emilio Martínez Manautou (Secretario de la Presidencia y competidor de Echeverría por la candidatura presidencial en 1969) fue secretario de Salud y gobernador de Tamaulipas en el gobierno de López Portillo, Agustín Yáñez (secretario de Educación) cuidó su retiro en la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuito; Antonio Ortiz Mena (Hacienda y aspirante a la candidatura en 1969) se fue al BID. Sólo dos de los funcionarios directamente involucrados en el 68 tuvieron buenas posiciones: Echeverría (secretario de Gobernación) fue presidente de la república 1970-1976 y embajador muchos años; y Julio Sánchez Vargas (procurador general encargado del proceso judicial amañado contra estudiantes y gentil con funcionarios) estuvo un tiempo en el sector financiero y luego López Portillo lo hizo nada menos que ministro de la Suprema Corte.

En efecto, la vida política siguió caminando muy campante, sin que en ningún momento el fantasma del 68 se le apareciera al sistema priísta para ajustar cuentas con la historia.

Paulatinamente, en cámara lenta, el sistema político se fue reformando, al principio (1970-1976) con la sombra del 68 y con la intención de diluir esa historia negra, luego por el cambio en la élite gobernantes de políticos a administradores, burócratas y tecnócratas, más tarde por las contradicciones económicas y sociales al soslayar el proyecto político-social del PRI y mutarlo al neoliberalismo de mercado y finalmente por una alternancia a la derecha.

Lo paradójico han sido las contradicciones: los presidentes panistas de la república 2000-2012 salieron del PAN que fue cómplice del régimen en el 68 y no hizo valer su bancara parlamentaria para contener la represión, el PRI de Peña Nieto en 2000-2012 venía del venero político de los priístas del 68 y López Obrador 2018-2024 se afilió al PRI en 1970 después de Tlatelolco, en 1988 pasó al FDN-PRD formado por priístas cardenistas que callaron en el 68 y en el 2018 incorporó a su equipo de gobierno a priístas que militaron en el PRI hace 50 años.

La democracia cerrada, autoritaria y priísta de 1929 (con el PNR y PRM, antecedentes del PRI) a 1968 pasó por el túnel del endurecimiento represivo 1968-1970. El proceso de democratización tuvo dos fases:

–1968-1978, catapultada por la represión del 68: distensión, derogación de delitos políticos, libertas de presos políticos, apertura del Estado, legalización del PCM y traslado de la lucha política de la barricada, la trinchera y la guerrilla al parlamento.

–1983-2018: la democratización catapultada sobre todo por el proceso económico de apertura comercial y política y los nuevos compromisos democráticos de la globalización.

Desensamblada para entender sus alcances, el proceso de democratización 1969-2018 ha tenido cuando menos cinco puntos esenciales:

–Democratizar los procesos electorales pasando la prueba de las alternancias.

–Abrir los canales de participación política para disminuir el dominio priísta.

–Institucionalizar los contrapesos democráticos y sociales a las estructuras naturales de la represión que existen en el poder del Estado. Y encarecer políticamente la represión con reglas, leyes, organismos y medios nacionales y con el acotamiento de la vigilancia internacional.

–Formalizar el equilibrio de poderes.

–Organización autónoma de la sociedad civil para operar como una especie de Cuarto Poder formal, institucional y vigilante.

Pero el problema no estaba –como creyó el movimiento estudiantil del 68 y sus liderazgos universitarios y políticos– en la falta de democracia procedimental o de respeto a la disidencia, sino que las dificultades se localizaban en las estructuras del sistema priísta autoritario: el PRI como sistema absolutista que no aceptada la disidencia o la oposición, el presidente de la república como el poder omnipotente e omnisciente por encima de todos los ciudadanos y de todas las cosas y el bienestar social como placebo de democracia que justificaba autoritarismos y represiones.

El PRI se permitió de 1917 a 1968 sólo tres concesiones políticas con tintes democráticos: la legitimación electoral desde 1929, la fundación del PAN en 1939 y los diputados de partido en 1963. El eje del sistema político priísta se movió en esos tiempos alrededor de un pivote –la estructura de poder– con tres dinamizadores: el presidente de la república, el PRI y el bienestar social. Las exigencias democratizadoras de los jóvenes en el 68 se dieron en un vacío político palpable: la ausencia de una oposición real por el sistema controlado de partidos, la incapacidad del PCM para convertirse en un partido institucional de masas y una sociedad aún dominada por el paternalismo presidencialista que reflejaba el síndrome del hijo golpeado: enojo con el padre, pero incapacidad para vivir sin el padre. Por eso los seis puntos del pliego petitorio estudiantil se agotaron la denuncia de represión y el castigo a los golpeadores, aunque en las asambleas los alcances democratizadores fueron más profundos, aunque incapaces de traducirse en iniciativas. De ahí la respuesta tibia de los encarcelados después de su liberación: el movimiento del 68 fue incapaz de construir opciones al sistema priísta, al discurso priísta y al Estado priísta.