Análisis semanal: 8 de octubre

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La semana previa, dedicada a la conmemoración del 2 de octubre de 1968, nos regaló varias expresiones del presidente electo y de sus simpatizantes que tienen que ver con las ideas que manejan respecto a las fuerzas armadas.

Si bien hay que reconocer que el ejército participó en los lamentable hechos de Tlatelolco, mantener el rencor vivo y utilizarlo para apuntalar un proyecto político no es muy recomendable, en especial si se toma en cuenta el papel que las propias fuerzas armadas tienen en tareas no sólo de seguridad nacional o seguridad interior, sino también en casos de desastre.

Además, quien encabece la presidencia de la república es el comandante supremo de éstas, por lo que puede revisar la actuación de ejército y marina, hacer las adecuaciones correspondientes y modificar los aspectos que considere deben cambiar, pero no buscar demoler un par de instituciones que gozan de la confianza de los ciudadanos.

Al igual que en otros temas, el presidente electo se muestra sin una ruta clara para tomar las riendas del ejército y marina. Al respecto, hay que comentar la propuesta de crear una guardia nacional, después desechada por falta de recursos, para luego decir que se buscará contar con una ejército de paz –en lo que algunos analistas resaltaron un posible desarme de la institución castrense–, además del reconocimiento de que las fuerzas armadas seguirán en tareas de seguridad pública.

Pero, con motivo del 50 aniversario del 2 de octubre de 1968, vino un golpeteo en contra del ejército, en el cual periodistas afines al lopezobradorismo cuestionaron el papel de éste en la tragedia de Tlatelolco, incluido el Estado Mayor Presidencial, el cual –como sabemos– desaparecerá.

No es casual esta ofensiva en un contexto en el que el tema de la inseguridad –uno de los mayores reclamos ciudadanos–, es visto como un asunto en el que la próxima administración presidencial no ha mostrado una estrategia clara para su combate, aunque haya trascendido que los arquitectos de lo que se hará a partir de diciembre próximo serán Alejandro Gertz Manero y Manuel Mondragón y Kalb, quienes podrían retomar tácticas ya probadas en el pasado.

Así, la llamada cuarta transformación muestra que el rencor de algunos personajes ligados al tabasqueño se mantiene vivo, algo que podría derrumbar la idea de que un cambio vendrá con la llegada de López Obrador.

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La Silla Endiablada

La tendencia de López Obrador a mantenerse como candidato en campaña, diciendo lo que cada audiencia ante la que se presenta quiere oír, puede generar un problema mayor en el futuro. Además de la contradicción obvia por esto, prometer a cada sector lo que desea, puede generar que algunas acciones se anulen o no funcionen como debe ser.

Pero lejos de asumirse como jefe del Estado mexicano –algo que también será motivo de escándalo–, el presidente electo continúa con actitudes propias de un líder de oposición, sin considerar que muchas de las cosas que ha criticado la podrá corregir en el ejercicio de gobierno, la pregunta es sí será capaz de hacer a un lado su faceta de candidato eterno y actuar como estadista.

Otro aspecto que se debe considerar, en esta línea, es si cederá a los radicales de su movimiento, quienes empiezan a mostrar los dientes al hacer demandas que también se pueden sumar a los despropósitos que esperamos en la próxima administración.

@LosPinos_mx

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