Echeverría en el 68

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LIC. LUIS ECHEVERRÍA, EX PRESIDENTE:

+Sólo después del desastre podemos resucitar. Chuck Palahniuk

Ha faltado conmemorar la fecha del día de mañana, en cada uno de los años desde entonces transcurridos, uno de los primeros hechos de ese 2 de octubre del que supe varios años después, sobre los avisos que desde horas antes usted hizo en horas de la mañana a algunos medios de comunicación sobre lo que “esta tarde” sucedería…

… Naturalmente para que la opinión pública entendiera la “grande y patriótica defensa de la Patria que está haciendo el señor presidente”

… Y para que el señor presidente —que quizá ni enterado fue de aquellas llamadas— valorara todo el peso del esfuerzo que usted hacía, para ser considerado en el ya para entonces cercano proceso de la  sucesión presidencial de 1970…

Como efectivamente ocurrió…

Y quizá finalmente se haya dado respuesta, este sábado pasado, a la calamitosa cifra de crímenes, en su mayoría de muchachos cuyas ambiciones y pasiones se les derramaron del cuerpo junto con su sangre aquel atardecer del 2 de octubre de 1968, que anteayer publicó El Universal, completada por la investigadora universitaria Susana Zavala: ¡78 entre julio y diciembre de aquel 68, más 31 desaparecidos..!

Si una sola muerte hubiese ocurrido, un inmenso, cobarde e injusto crimen se habría cometido. No fueron tantos como la irresponsabilidad y la mala fe llegaron a inventar, pero sí demasiados para el amor que se tiene por los hijos. 109 matrimonios y los numerosos hermanos y amigos de aquellos que les fueron arrebatados, han llorado medio siglo y sólo por momentos les habrá consolado un poco la causa, esa sí patriótica, de la demanda en que participaban por el logro de un país más justo y de una Nación más libre y solidaria.

Es usted uno entre los que han sobrevivido medio siglo después de aquellos hechos, parte de los cuales me tocó relatar como reportero. Qué vital se ha conservado, Expresidente, para llegar a la fecha de mañana. Otros que llegaron a presidentes décadas antes de usted, lo hicieron también a un alto costo de mexicanos caídos, como soldados de ejércitos que pelearon por razones políticas, patrióticas y de poder, campechaneadas, como fue su caso: un poder conquistado derramando sangre joven, de cuerpos que no llevaron a las manifestaciones estudiantiles de aquel 68, más armas que sus nacientes responsabilidades ciudadanas, pero ya comprometidas con el futuro de la Patria a la que en algún momento les tocaría servir; un momento que usted les adelantó, haciéndolos morir antes de tiempo.

Ése fue el camino que usted se construyó para secuestrar la Presidencia de la República, sobre las construcciones sociales y económicas que ya había logrado levantar el país como resultado de la Revolución de 1910… Se supone que usted entregó su empeño a la derrota de “una fuerza comunista” que intentaba capitalizar los Juegos Olímpicos de aquel año en beneficio de los intereses latinoamericanos en el Kremlin…

Y que habría logrado liquidar a los imberbes soldados rojomexicanos, alumnos de las preparatorias y vocacionales de las principales instituciones educativas del país, la UNAM y el IPN, supuestamente puestos al servicio de la antipatria…

Lleva usted varios años preso en su domicilio. Así, se supone, está pagando lo que le hizo a su país.

Agrego estas palabras a la conmemoración de mañana.

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