Pejistas, de nuevo por la RTP

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La petición aprobada ayer para que Ramón Jiménez López se separe del cargo de diputado al Congreso de la Ciudad de México, al que acababa de llegar, tiene más fondo del que cualquiera pueda ver; sólo hay que seguirle la pista de hacia dónde irá.

El veterano admirador de dictaduras como las de Venezuela, Cuba y Corea del Norte, dejó gustoso su curul para próximamente ir a dirigir la tan desacreditada Ruta de Transporte Público (RTP), que se conocerá como Sistema M-1.

¿Y eso qué tan importante era como para que a don Ramón le hayan importado un comino sus vecinos de GAM, a quienes supuestamente representaría en el Congreso, y los haya dejado botados para ir a cuidar la operación de los camiones del gobierno de la CDMX?

Pues que, históricamente, la RTP ha sido la caja chica del pejismo, ya que en sus nóminas iban a parar desde choferes, guaruras y nanas de los dirigentes partidistas, hasta amigas y parejas de más de un político sin chamba.

No es que los pejistas necesiten hoy de la vieja RTP para mantener a sus propios ninis, por supuesto, pues tendrán al gobierno completo, pero dirigentes como René Bejarano y otras personitas sí necesitan de una nómina para mantener sus estructuras políticas.

Durante años, ese organismo del gobierno capitalino ha estado financiando movimientos políticos, todo el mundo lo sabe.

A lo mejor al veterano Jiménez lo llevarán para que les facilite a estos grupos el pago a aviadores o, tal vez, para que evite su llegada, pero lo único claro es que de movilidad del Transporte Público no sabe mucho el hoy diputado con licencia.

Se esperaba que Claudia Sheinbaum batallara para encontrar colaboradores de nivel para su futura administración, en primer lugar, porque no abundaban en Morena, y en segundo, porque la mayoría quería irse al gobierno federal con El Peje, pero la cosa está peor.

A lo mejor ya se acabaron las opciones y los morenos del gobierno están recurriendo a su reserva de la tercera edad, pues además de don Ramón, en el Congreso revivieron a Javier El Güero González Garza, un cardenista que ha vagado por diversas nóminas oficiales.

El último puesto que se le recordaba al especialista en matemáticas era como jefe de la Oficina de Miguel Ángel Mancera, de donde fue echado por la burbuja del exjefe de Gobierno.

El regiomontano tiene la habilidad —o fortuna— de Alejandro Encinas, por ejemplo, que jamás se compromete con nadie, no trabaja un territorio y mantiene un concepto muy particular de la lealtad, por lo que siempre cae parado.

Ahora, El Güero manejará la amplia nómina del Congreso local, que al menos, a las primeras de cambio, no se ve que vaya a disminuir, y menos con eso de que, de 32 comisiones que hay, la actual Legislatura las crecerá a 40.

Y para que operen se necesita lana.

CENTAVITOS… El brinco de la diputada Leonor Gómez Otegui del PRI al PT en el Congreso de la CDMX fue pactado en las alturas y no en la capital del país. No es que doña Leonor sea importante, sino porque sus principios eran “más elásticos” y daría el chapulinazo sin pudor alguno. El asunto es que el brinco fue al vacío, porque los petistas no la quieren, para ellos es sólo un número más, y terminando la Legislatura la desecharán, pero, además, quien la pagará será su marido, René Muñoz, a quien ya le están tendiendo la caminata para que vaya desocupando la presidencia de la Fundación Colosio del PRI capitalino. Y todo por unos cuantos pesitos para la señora.