Con el PRI peñista: 5 años de acarreo a “El Grito”

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La tradicional ceremonia de “El Grito” se ha tornado en el termómetro político de la

Nación. Habría preferido que no, pero es lo que hay. Múltiples factores la han convertido en tal. No es que sea como la asistencia al festival de Viña del Mar, pero sí, la gente reacciona como tal público pendenciero, según el mandatario de turno.

Empero, para colmo, terminó siendo vergonzoso lo que ha sucedido este sexenio gobernando el PRI: el culmen de la testarudez gubernamental: rellenar de acarreados el Zócalo para que acallen con sus impostados ¡vivas!  los insultos al presidente.

Amén de que si no se querían tales agravios a la elevada investidura, entonces haber gobernado mejor (ya es tarde para rectificar, desde luego) y lo más sano hubiera sido dejar el curso natural de la ocasión. Total, si la gente no iba, acaso hubiera contribuido a gobernar mejor y si acudía, pues eso, que se trata de una noche, la Noche mexicana, que pertenece no a los gobernantes, sino al pueblo en toda la extensión de la palabra.

Unos insultos ganados, tristemente, por el mandatario. No son gratuitos. Para no correr riesgos –de que el Zócalo quedara o vacío o de que los insultos fueran mayores que los vítores a los héroes– mejor optaron desde la Presidencia por el también insultante acarreo y el control de acceso, donde hasta los infantes de brazos son basculeados rompiendo todas las reglas de derechos humanos y todas las convenciones internacionales firmadas por México, en desacato a tales y al más elemental sentido común. Se puede afirmar que el PRI en el gobierno federal prostituyó una ceremonia que era popular y espontánea. Así de sencillo y así de realista. Vergonzoso, porque la Patria no lo merece.

El PRI deja una ceremonia podrida por el uso del acarreo. Lo nunca visto. Acaso se necesitará una figura de arrastre como López Obrador, para devolverle la espontaneidad multitudinaria de la que gozó tan singular ocasión en que los mexicanos de pie celebran ser mexicanos. Y quizás ellos solos puedan reavivarla. A mí no me asombran ni secundo las palabras de Octavio Paz diciendo que era el único momento en que se expresaban los mexicanos. Cuánta ignorancia. Ni cuando lo escribió ni hoy, sucede así.

Hay que recordarle al PRI gobernando, la verdadera esencia de esa noche: el pueblo acude espontáneamente a esperar que el mandatario o autoridad principal  respectiva, arengue a los héroes que nos dieron patria. Los que consideren oportuno acudir y acepten las autoridades escoger las arengas que salgan de su ronco pecho. Por eso es contra la naturaleza del evento, el acarreo partidista, grosero, impostado y que el mandatario controle el escenario para que lo tenga a modo, con aplausos y porras a su persona antes que a la Patria, mientras lee torpemente los apagados “vivas”. Acaba usted de leer la descripción de esta ceremonia en el actual sexenio priista. Muy penoso.

Si el abucheo era intenso en el último “Grito” dado por Salinas en el Zócalo, como lo presencié in situ cerca del asta bandera, el primero de Fox fue exultante a más no poder. En los años calderonistas, López Obrador intentó dar “El Grito de los libres”. Secundarle era cosa de cada quien, pero desde luego no consiguió ni apagar la fiesta ni la asistencia. Las lluvias a modo de aguaceros de los años 2011 y 2012 desangelaron la faena porque desde luego, nadie por patriota que sea, pensará en quedarse 7 horas bajo el agua cayendo a cántaros.

Con Peña Nieto hemos visto lo indecible: llenar el Zócalo con el acarreo, sobre todo mexiquense, por cercanía, como si tratara de la Plaza de los Mártires de Toluca, creando un escenario controlado para la ocasión, fácil de enfrentar y como le agradan. Sin importar que adulteraba así, la esencia del momento.  Camiones, vallas ordenando la entrada,  ¿cuándo se ha numerado el Zócalo por secciones como mitin priista, para entrar en él, “libremente”?, viendo gente uniformada con jorongos y sombreros idénticos, portando los residuos de las campañas priistas (“Tultitlán contigo” se ha visto en cadena nacional), y hemos visto acarreados a los que no les cumplieron su torta y su refresco y cuantas sandeces más pueden enlistarse desde el quehacer priista organizador.  Banderas y sombreros uniformes conducen a preguntarnos ¿cuándo se ha visto eso en un Zócalo lleno de manera espontánea. Tal uniformidad solo con el PRI.

Pienso de verdad que todo ese desbarajuste organizador ha sido solo para el aplauso fácil, inmerecido, enlodando una fiesta auténtica, popular, donde el mandatario ahora solo lee la arenga, desangelada en consecuencia, parsimoniosa y carente de todo sentimiento patrio y emocional. Como leer el etiquetado de una medicina. Peripatético el proceder del Ejecutivo actual, absolutamente reprobable.

Este año si se marcha a Dolores-Hidalgo será un escenario más controlado, como le agradan. Allá los dolorenses si lo secundan. Suelen ser institucionales. La Cuna de la Independencia se engalana y si vales pintan las calles por donde pasará, así que estarán felices. Y si se queda en el Zócalo, a recetarnos más de lo mismo. Si es así, el rechazo de la Nación será el de estos cinco largos años: más de lo mismo. ¿Por qué? Porque hay que emparejar el partido, si no es que ganárselo otra vez al Ejecutivo, porque México ha sido siempre más que el PRI, a veces con el PRI y las más de las veces, muy a pesar del PRI.

“El Grito” no le pertenece al mandatario priista. Le pertenece al pueblo de México. A ese que hasta en un 76% rechazó a su partido el 1 de julio. A ver si este año otra vez no se les vuelve a caer la bandera nacional monumental, porque ni izarla se supo hacer bien. A su camarilla le quedó grande México.

@marcosmarindice