El verdadero pacto AMLO-EPN

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Si todo presidente de la república decide su sucesor en función de la continuidad de su legado, de su grupo político y de su protección personal-familiar, hay un punto que suele ser aún más prioritario: el proyecto de nación.

El revolucionario Cárdenas optó por el conservador Avila Camacho, al ambicioso Alemán tuvo que impulsar al austero Ruiz Cortines, Díaz Ordaz decidió por Echeverría, López Portillo escogió a De la Madrid, Salinas puso a Zedillo y éste prefirió al panista Fox, los salientes a pesar de que pudieron adivinar que sus sucesores no serían agradecidos, pero sí con la certeza de mantener la continuidad de proyecto.

El presidente Peña Nieto escogió como candidato a José Antonio Meade Kuribreña porque garantizaba la continuidad neoliberal, en tanto que el político Miguel Angel Osorio Chong iba a sacrificar parte de la estabilidad macroeconómica. Y la campaña peñista contra López Obrador se basó en el populismo del tabasqueño.

Pero… Oh sorpresa. Apenas con dos meses como candidato ganador-presidente electo, López Obrador ha sorprendido a sus votantes, a sus aliados, a los mercados y a la comunidad financiera internacional con sus reafirmaciones de continuidad de la estabilidad macroeconómica, es decir, con la política económica neoliberal como eje de su presupuesto.

Ahí se puede fijar el verdadero pacto Peña Nieto-López Obrador: la estabilidad macroeconómica o la lucha contra la inflación por el lado de la demanda. Los compromisos de gasto asistencialista improductivo –apoyos a tercera edad, becas a jóvenes y similares– no van a salir de un aumento del gasto público. Por tanto, el eje del gobierno de López Obrador no estará en donde viva como presidente –Los Pinos, Palacio o su casa–, sino en el Banco de México con el control del circulante monetario como eje-ancla de la inflación.

Lo que haga López Obrador como obra no implicará mayor gasto, sino reasignación de recursos. Este modelo no es nuevo: quiso ser ideal de De la Madrid, Salinas y Zedillo, pero la reordenación de la política económica como tránsito del populismo al neoliberalismo impidió programas sociales, aunque el neoliberalismo salinista como modelo económico en ciclo 1983-2018 ha tenido sus programas asistencialistas populistas.

La ruptura del acuerdo estabilizador que suponía la llegada de López Obrador a la presidencia hubiera costado una severa crisis como la del sexenio de De la Madrid 1983-1988 por el ajuste: inflación, PIB negativo y pérdida adicional de nivel de vida.

Por lo demás, las propuestas económicas de López Obrador nunca fijaron un nuevo modelo de desarrollo o una nueva política económica y su “nuevo” proyecto de nación no era más que una propuesta retórica similar –por no decir que igual– a la de la elite gobernante revolucionaria-priísta-panista desde 1920. El modelo mexicano 1917-2024 será el de un capitalismo de mercado con programas sociales para los más pobres.

López Obrador necesitaba cierto aval económico de Peña y éste se lo dio, así como Zedillo apoyó a Vicente Fox porque no iba a liquidar el neoliberalismo. Por ello la tranquilidad de los mercados y los suspiros en la comunidad financiera internacional: López Obrador no será un Chávez-Maduro, sino una síntesis de Echeverría-Salinas de Gortari.

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