El Chirispiote Nº 77

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1° de SEPTIEMBRE de 2018

REVISTA VIRTUAL SATIRICA, LITERARIA Y POLITICA

EN JULIO COMENZÓ EL MOVIMIENTO DEL 68 EN MEXICO, PARA LOS LECTORES DEL CHIRISPIOTE VAYAN ALGUNOS POEMAS QUE FIGURAN EN LA ANTOLOGÍA “53 POEMAS DEL 68”, COMPILADA POR MIGUEL AROCHE PARRA, EDITORA Y DISTRIBUIDORA NACIONAL DE PUBLICACIONES, 1972.

Miguel Aroche Parra fue un infatigable luchador social, murió a la edad de 100 años en el 2017, consagró su vida a la lucha en favor del proletariado mal pagado, del campesino despojado, perteneció a esa generación de luchadores sociales en la cual figuran Valentín Campa, Miguel Ángel Velasco, Hugo Ponce de León, Carlos Sánchez Cárdenas, José Revueltas y otros no menos esforzados.


Tlatelolco

Inédito

ADOLFO ANGUIANO VALADEZ (1917-2006)

Caracol de guerra

antorcha que incendia

Adolfo Anguiano Valadez nació en 1917, en Guadalajara, Jalisco. Realizó sus estudios elementales y el bachillerato en la Universidad de Guadalajara, Escuela Preparatoria de Jalisco. En la UNAM estudió Economía y Letras; Lengua y Literatura Francesa en la Alianza Francesa de Palma. Su trayectoria en el campo de las letras fue vasta, destacándose en el género de la poesía épica con obras de carácter histórico como: El Corazón de Quetzalcóatl. 

Son las cinco y media en la Plaza

de las Tres Culturas…

El caimán avanza hacia el río

oliendo sangre, agazapado.

Entró el odio, penetró el espanto,

de pánico se estremecieron

los instantes, temblaron los relojes

congelándose las almas;

la metralla en víbora de plomo

paralizó las gargantas…

El tumulto no escuchó

las seis en paz de la tarde…

Porque no sonaron las seis de la tarde

sólo pólvora y ojos asesinos…

sólo pánico atorando las gargantas,

ansiedad y muerte desgarrando

niños, mujeres, estudiantes,

en la Plaza de las Tres Culturas.

La técnica y estrategia,

la maldad que habita en la bestia,

la piel tinta de sangre

enarboló la chacalesca, restregándose

en el pasto de sus víctimas,

trescientas voces se callaron

para siempre, trescientas…

¡Ahí, en Tlatelolco!

Fuente de ignominia, está brotando

roja semilla de una aurora,

la espada de una causa. ¡Ahí está brotando!

En los tanques se escudó la muerte,

brilló el filo de los dientes

del invierno prematuro de rabia

centelleando, ojos asesinos…

En el potro de la noche cabalgó

la furia y el espanto entre torres

de miedo que se irguieron con nombres

de próceres y héroes y fantasmas

de terror envueltos en las sábanas

de cientos de anónimas mortajas…

Rondó la muerte con su música

hasta el canto del gallo estrangulado.

se coaguló la sangre entre despojos

y quedó el panteón de gigantes malheridos,

un pueblo marcado con saña de asesinos

que tatuaron en la frente la serial

ardiente de una muerta democracia…

porque hoy estrenó Tlatelolco

¡El estigma que orna el pecho de la patria!


2 de Octubre

Inédito

RENÉ CABRERA PALOMEC

Catedrático titular de la Facultad de Antropología en la Universidad Veracruzana, oaxaqueño de origen.

Octubre, 68.

que era un día como cualquiera

pero esta vez

mataron niños

mataron hombres y mujeres

que la tarde era

y el recuerdo no valía

que se aventaban las palabras

y el vecino no estaba,

hablo

por los que eso vivieron

y siguieron viviendo, como en la tumba

hablo por las muertes y los pasos.

por el arrastrarse,

por los llantos hablo

y por los disparados

por blusas que se tiñeron

y zapatos sin dueño

por los que quedaron

a formar la piedra y la venganza

hablo por “los días de brigada”

por los manoseos

por los coitos de esos días,

también

por los que fueron para siempre dominados

por los que esperan que la muerte los domine,

porque después de la lluvia

llovió, se arrastró el odio.

porque no eran sino poder escapar

donde el júbilo de la sangre no se viera

porque no eran sino hombres, niños. mujeres, niños,

eran la memoria de los muertos de cinco siglos que vinieron a arrastrarlos

sólo que el llanto no valía

que era un día como cualquiera

un mes como cualquiera

en mi patria,

era la muerte como cualquiera

hablo por los que huyeron

por los que dentro de todas las ganas a gritos

supieron que era mejor un puñetazo

que ser arrastrados por el miedo,

hablo por todos,

por mí no he soltado mi culpa todavía.


Lectura de los “cantares mexicanos”

JOSÉ EMILIO PACHECO (1939-2014)

“Siempre”. No. 802, noviembre 6-1968.

Fue un escritor mexicano famoso principalmente por su poesía, aunque cultivó con éxito también la crónica, la novela, el cuento, el ensayo y la traducción. Integrante básico de la Mafia de Fernando Benítez, a cuyo amparo creció. [

El llanto se extiende

gotean las lágrimas

allí en Tlatelolco.

(Porque ese día hicieron

una de las mayores crueldades

que sobre los desventurados mexicanos

se han hecho en esta tierra.)

Cuando todos se hubieron reunido.

los hombres en armas de guerra,

los hombres que hacen estruendo,

ataviados de hierro

fueron a cerrar las salidas,

(Sus perros van por delante,

las entradas, los pasos.

los van precediendo.)

Entonces se oyó el estruendo,
entonces se alzaron los gritos.

Muchos maridos buscaban a sus mujeres.

Unos llevaban en brazos a sus hijos pequeños.

Con perfidia fueron muertos,

sin saberlo murieron.

Y el olor de la sangre mojaba el aire

Y el olor de la sangre mojaba el aire.

Y los padres y madres alzaban el llanto.

Fueron llorados,

se hizo la lamentación de los muertos.

Los mexicanos estaban muy temerosos:

miedo y vergüenza los dominaban.

Y todo eso pasó con nosotros.

Con esta lamentosa y triste suerte

nos vimos angustiados.

En la montaña de los alaridos.

en los jardines de la greda

se ofrecen sacrificios

ante la montaña de las águilas

donde se tiende la niebla de los escudos.

Ah yo nací en la guerra florida.

yo soy mexicano

Sufro, mi corazón se llena de pena.

Veo la desolación que se cierne sobre el templo

cuando todos los escudos se abrazan en llamas.

En los caminos yacen dardos rotos.

Las casas están destechadas.

Enrojecidos tienen sus muros,

Gusanos pululan por calles y plazas

Golpeamos los muros de adobe

y es nuestra herencia

una red de agujeros.

Esto es lo que ha hecho el Dador de la Vida

Allí en Tlatelolco.


El espejo de piedra

JOSÉ CARLOS BECERRA (1936-1970)

“Siempre”, No. 802, noviembre 6 – 1968.

Tras la represión del movimiento ferrocarrilero encabezado por Demetrio Vallejo, en marzo de 1959, Becerra escribió un poema civil: “Vamos a hacer azúcar con vidrios”, que recoge Marco Antonio Acosta en su Antología de poetas tabasqueños. El espejo de piedra es el gran poema del 68 mexicano. Lamentablemente, el poeta murió muy joven en un accidente de tránsito en Italia.

Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco,

los cuchillos de jade hallaron su visaje ceremonial en

boca de las ametralladoras.

Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco, Nuño de

Guzmán oró ante Huitzilopochtli.

y le ofreció el sacrificio.

Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco, descubrieron

aterrados que otra vez existía ese país,

aquel que ellos creyeron sepultado

bajo el jade y las plumas y los estípites y los palacios

de Adamo Boari y los desayunos en Sanborn’s,

de su oportuna y mestiza retórica.

Detrás de la iglesia de Santiago Tlatelolco, treinta años

de paz más otros treinta años de paz,

más todo el acero y el cemento empleados en construir

la escenografía para las fiestas del fantasmagórico

país, más todos los discursos,

salieron por boca de las ametralladoras.

Lava extendiéndose para borrar lo que iba tocando, lo

que iba haciendo suyo,

para traerlo a la piedra del ídolo nuevamente.

¿Pero lo trajo de nuevo a la piedra del ídolo?

¿Pero tantos y tantos muertos por la lava de otros

treinta años de paz,

terminarán en la paz digestiva de Huitzilopochtli?

Se llevaron los muertos quién sabe a dónde.

Llenaron de estudiantes las cárceles de la ciudad.

Pero al jade y a las plumas y al estofado de los estípites

y a los nuevos palacios que ya no construyó Boari.

  y a los desayunos en Sanborn’s.

se les rompió por fin el discurso.

Y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido

para contemplarse,

encontrarán en ellos solamente

a los muertos hablándoles.

A 30 años de paz —como a otros treinta años de paz—,

más todo el acero y cemento empleados en inventar

  la sombra de un país,

más a todos los discursos y los planes de negocios

  dulcemente empapados

por el olor de los desayunos de Sanborn’s,

se les rompió, de pronto, el espejo.

Se apostaron como siempre detrás de una iglesia,

poco importa si laica o religiosa,

y otras “Noches” y otras “Matanzas”,

vinieron en ayuda de ellos.

En la Plaza de las Tres Culturas,

el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de

Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado,

descubrieron que en realidad eran uno solo, porque

secretamente siempre

desearon parecerse a Limantour.

Después de haber desayunado juntos en Sanborn’s,

el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de

Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado.

en la Plaza de las Tres Culturas, escucharon

—en uno de los últimos conciertos—

el vals “Dios nunca muere”


Cantarle a la patria

RAÚL CÁCERES CARENZO (1938-2017)

Cronista, dramaturgo y poeta. Radicó en Toluca desde 1970. Estudió en la Escuela Normal Superior y Arte Dramático del inba. Fue coordinador de Literatura y Teatro en el Instituto de Cultura de Yucatán; asesor literario en el imc

(Testimonio antilírico para Latinoamérica).

(Nota: En cuanto a la posible semejanza con nuestro país y nuestra política, ésta, des­de luego, es una coincidencia en la que el poeta no tiene culpa, pero de la cual se sien­te responsable. Por remordimiento y cólera, con ira y asco, escribimos hoy las palabras que pueden nombrar estos días enmascarados y valientes. Las escribimos entre todos).

8 de noviembre de 1968.

México, D. F.—Año de la ira.

A LOS JÓVENES

Sucede que no encuentro a la patria:

que no puedo cantarle

porque aún no se enciende

ni suenan sus espigas en mis dedos.

¿De cuál patria me hablan?

¿De esto que se recita en las escuelas?

¿De esto que se publica en las revistas

de ayer, mañana y siempre

con la gente de siempre

y por el oro de siempre?

¿A cuál patria queréis, oh señores con úlcera,

que consuman mis fuegos solitarios?

¿A esta en la que se apoya el candidato?

¿A esto que engaña, esto que insulta, esto que muerde?

¿A esto que duele, a este trapo que sirve para

fregar el piso y el automóvil del señor Ministro?

¿A esto que hiede, a este perfume de querida costosa,

A esta junta de bestias, grandes monos, culebras,

sapos y soldaditos, momias y secretarios?

¿A esto he de cantarle?

Sí señor, al momento;

aquí está mi palabra,

la joven prostituta

que demanda una beca.

Aquí están los poetas

los jóvenes poetas de espíritu invertido

de lánguidas caricias;

para sobar tu sexo marchito, oh burguesía,

tu sexo humanicida, patria mía,

dulce patria, suavísimo esqueleto,

ancianita cachonda, mi abuelita.

¿A esto he de cantarle?

Si señor, al momento;

más dadme unas señales

—dictado taquigráfico al cerebro genoide—

para apoyar el canto, mi Gorila.

Para empezar: aplausos, alegría,

los XIX Juegos, mariguana,

charros y jaripeos, el tequila

y grandes cartelones: PAN Y CIRCO

un canto a la bandera, un desagravio

a nuestros padres mayas, al rebozo,

al alma nacional, a las estatuas;

odas al genocidio, a las consignas

al INEFABLE-INCOMPARABLE ejército,

al granadero heroico, a la magna,

permanente, gloriosa invasión de Norteamérica;

a la jauría oficial, a nuestras leyes;

“La libertad de prensa”, he comprendido,

más la poesía abstracta, Resultado:

—nuestra patria es muy-culta-y-progresista.

Y el pueblo, oh dueño mío,

el campesino, el obrero, las tierras, mi sirvienta,

los bosques, la riqueza nacional, el primo Pepe?

—¿Metáforas? —¿Fuegos artificiales? — ¿Decoración folklórica?

He comprendido bien, Gran Renacuajo.

A la noche regreso para yacer contigo

en tu lecho de intensa suciedad encumbrada.


El día 22 de agosto pasado se presentó en la “Sala José Martí” la cuarta edición especial ilustrada de la novela “Los símbolos transparentes” para el 50° aniversario del 68 mexicano. Sala repleta, presentaron el libro el senador Pablo Gómez quien hizo una disección de los acontecimientos de aquel gran movimiento; Ivone Gutiérrez, compiladora de una antología de textos sobre el movimiento y Francisco Vicente }Torres quien leyó el siguiente texto:

TENTATIVAS

LOS SÍMBOLOS TRANSPARENTES
Vicente Francisco Torres

Los símbolos transparentes (1978), la novela más reeditada de Gonzalo Martré, es una ficción y un documento sobre el movimiento estudiantil de 1968, sí, pero también un libro indisociable del conjunto de su obra. Sus tantos libros y los dilatados años de nuestra convivencia dejan en mi mente la imagen de Gonzalo como un escritor diestro pero, ante todo, la de un hombre que ha buscado la verdad, la honradez y lo justo en este país que estamos cambiando los mexicanos. Si hay que usar un término político digo que Gonzalo es un hombre de izquierda, un escritor que, con los recursos de su oficio, ha batallado por un estado de cosas más justo. Un estado de justicia en el que se incluye él mismo y cuya búsqueda le ha ganado muchos malquerientes. Sus enemigos no han leído sus libros, pero se quedan con el anecdotario que lo pinta como el escritor que se encadena afuera del Palacio de Minería para pedir que el antiguo Conaculta lo edite en su famosa serie de Lecturas Mexicanas. Quienes han leído sus revistas electrónicas y satíricas como La Rana Roja lo desdeñan por la majadería y el humor vitriólico que escurre de todos sus números, pero esa es sólo una parte del escritor, del ser humano que es el químico Mario Trejo (Martré). A mi juicio, para tener una imagen cabal de este hombre hay que leer sus libros, o muchos de sus libros; así quizá entenderemos de dónde salen sus más famosos desplantes.

Gonzalo es para mí, ante todo, el autor de una trilogía novelística indispensable para conocer el México contemporáneo en sus momentos políticos e históricos más relevantes, pero también para mirar la ciudad capital en sus ámbitos más fifís, como dice ya saben quién, pero también en sus estratos económica y socialmente más desprotegidos. El chanfalla (1979), Entre porros, tiras y caifanes (1982) y Tormenta roja sobre México (1993) son verdaderos murales que debe leer quien aspire a conocer, siquiera medianamente, la literatura mexicana. Me parece que lo hasta aquí dicho suena a monumento de prócer nacional, pero hay también en Gonzalo una faceta risueña, sensual y sexual inevitables. En su trilogía está la historia del porrismo que aquejó a la UNAM, la guía de los sitios de rompe y rasga de varias décadas del siglo pasado, y la noticia de cómo llegó Pérez Prado a México, porque él conoce perfectamente la historia de la música afrocaribeña. Su larga existencia ha sido no sólo de lucha, sino también y sobre todo de disfrute de los placeres de la vida. ¿Quieren saber de comida? Pregúntenle a él. ¿Quieren saber de alcoholes? Pregúntenle a él. ¿Quieren saber de todo lo demás? En él encontrarán respuestas sabias.

La carrera literaria de Martré ha sido larga y diversa. Él fue uno de los primeros novelistas que trató el tema del narcotráfico con humor corrosivo e imaginación. Sus novelas El cadáver errante (1993), Los dineros de Dios (1999) y Pájaros en el alambre (2000) son precursoras de las novelas de Bernardo Fernández (BEF), Hilario Peña, Francisco Hagenbeck, Juan José Rodríguez y tantos otros que, por lo negro de las novelas que han hecho, se refieren a Paco Ignacio Taibo II como su abuelito. Precisamente un joven como Bernardo Fernández ha reconocido otra faceta de Gonzalo: la de historietista. BEF escribe en la cuarta de forros de La justicia de Fantomas, un libro publicado apenas el año pasado:

“Antes de que la historieta se legitimara, antes de que el formato de la novela gráfica llegara a la librería, antes de que fuera cooler leer cómics, Gonzalo Martré ya escribía los guiones de Fantomas” Y después de reconocer su sitio como decano de la ciencia ficción mexicana, continúa: “Siempre inquieto, mantiene el espíritu contracultural, el humor corrosivo y la vocación transgresora que durante décadas lo han aislado del mainstream (y le han ganado no pocas enemistades en el underground y la izquierda). Ahora vuelve con este híbrido de novela e historieta. ¿Novela graficada? ¿Novelhistorieta? No importa la etiqueta, el mejor ladrón del mundo habita entre sus páginas.

“Gonzalo Martré es buen narrador. Pregúntenle a Julio Cortázar.”

Los símbolos transparentes, novela pantagruélica, se solaza en un segundo capítulo digno de la película La gran comilona de Marco Ferrer. Vemos una francachela que es el canto del cisne para un aspirante a presidente de la república. Allí está el humor negro de Gonzalo junto al señalamiento de los derroches y las hipocresías de los políticos que llevan a sus mesas lo mismo al cantante de moda que al escritor famoso.

Dije arriba que a Gonzalo hay que juzgarlo como escritor porque en este libro son notables los recursos literarios que hablan de su oficio. En primer lugar, la escatología que funde la gigantesca mezcla de alimentos, alcohol y encuentros sexuales junto con los vómitos y la reiteración simbólica de los dos borrachos que preguntan (cito) dónde está el cagadero. Y como andan buscando por todas partes, incluso atrás de la mesa del candidato fallido, resulta que el cagadero está entre todos los políticos y periodistas chayoteros que son convidados a documentar el banquete. El episodio de los espías ruso y norteamericano incide en las aptitudes del autor para el relato de espionaje y de aventuras. Permítanme recordar un episodio de alguna de las novelas negras de Martré. Hay un detective que estudia por correspondencia y, cuando se gradúa, le mandan un maletín con sus herramientas. Cuando está resolviendo uno de sus casos, en compañía de su amante manca, descubre que una serpiente va a morderla. Abre entonces su maletín y sale un águila que se lanza a devorar la serpiente. Estos juegos de humor negro son los que no le perdona la gente respetable, pero son sin duda los elementos que lo caracterizan como escritor.

A pesar de todos los libros que ha publicado, Gonzalo sigue siendo un escritor marginal, que le da sus obras a editoriales como la Cofradía de Coyotes, la editorial que tiene Eduardo Villegas en Ciudad Nezahualcóyotl. Incluso hay otro caso más risible pero más escandaloso. Unos amigos decidieron rescatar la célebre aventura de Fantomas que homenajeó Julio Cortázar, con las ilustraciones originales de Víctor Cruz. Resultó un cuadernito empastado con tela y, para salvar el problema de los derechos de autor, dijeron que lo publicaba la Editorial “A mí me vale verga”. ¿Qué escritor mexicano hubiera aceptado esta salida tan poco edificante? ¿Qué abogado aceptaría demandar a una editorial con ese nombre?

Los símbolos transparentes ofrece una sucinta historia del movimiento estudiantil de 1968, desde su inicio con el pleito de los estudiantes de la vocacional de la Ciudadela y los alumnos de la escuela Isaac Ochoterena hasta su culminación en la matanza de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Pero no se atiene a estos límites sino se remonta al movimiento ferrocarrilero de 1958 y luego a la lucha magisterial. Después, con la figura de Luis Echeverría, habla de otra matanza juvenil, la del diez de junio en la Escuela Nacional de Maestros. Los símbolos transparentes es una ambiciosa novela que toma la corrupción priista en su cenit, cuando el presidencialismo lo era todo y el PRI no tenía quien le hiciera sombra. En esta novela encontramos a los protagonistas de muchos arios de abuso y corrupción, con todo y sus personajes emblemáticos apenas disfrazados en sus nombres: Espadowsky es Jacobo Zabludobsky, Ferrizino es Pedro Ferriz Gedeón es GDO, vale decir, Gustavo Diaz Ordaz, Barril Gómez es Agustín Barrios Gómez, Frank González es Carlos Hank González y Méndez Monstruo es Méndez Rostro, el siniestro director de San Ildefonso…

Mediante la exposición de las corruptelas y despojos de los políticos como el cobijo a talamontes y madereros, concesiones de carreteras y obras, licitaciones amañadas y cuotas policiacas, Martré despierta la indignación del lector no sólo por los crímenes contra estudiantes y personas indefensas, sino por el despojo de los grupos indígenas y los abusos que padecimos durante décadas, incluida la complicidad de intelectuales.

Esta novela, eminentemente social y política, tiene otros recursos como los flash backs, las diferentes hablas de sus personajes, las cintas de grabación, la autorreferencialidad a su novela con varios calificativos elogiosos, el repaso dentro de esta novela de algunos libros que se ocuparon del movimiento, la parodia de la prosa de los autores de la onda y hasta la intertextualidad que resulta de insertar en Los símbolos transparentes la famosa entrevista que Jesús Luis Benítez hizo con la encuerada de Avándaro. La matanza es narrada una y otra vez desde distintas perspectivas, lo mismo desde los ojos de un niño que desde el punto de vista de un soldado. La narración es aluvional y a ratos vulgar, pero también suele ser lírica y sentenciosa. Se sustenta en diálogos, monólogos y visiones omniscientes.

Si hacemos una lectura social de la novela, cuando los protagonistas del movimiento se han vuelto cínicos o están amargados, cuando los militares de antaño aparecen dándose la gran vida, algunos jóvenes se están alistando para sumarse a la guerrilla. Vistos los hechos así, la continuación literaria de Los símbolos transparentes sería la obra de Carlos Montemayor y, en particular, Guerra en el Paraíso.

El pasado lunes 20 de agosto, en la feria del libro instalada afuera del Palacio de Bellas Artes, dos escritoras dijeron que no se ha escrito la gran novela mexicana del 68. Yo no pienso lo mismo; Gonzalo ya escribió Los símbolos transparentes. 

NOTA DE GM: Las dos comentaristas a que alude Vicente Torres al final de su intervención, son desconocidas y por lo tanto carentes de la autoridad moral y literaria para hacer una afirmación de tal calibre. He de aclarar, que tal feria es promovida año con año por Paconaco Ataibo, achichincle cultural del Peje y grande enemigo mío. No dudo en lo más mínimo que él ordenó decir ese despropósito a sus pupilas. Un agravio más de los muchos y muy enconados que ha emprendido en mi contra.

JUNTOS HAREMOS JUSTICIA

AVISOS

DESDE AGOSTO APARECIÓ “LOS SIMBOLOS TRANSPARENTES” EN EDICIÓN ESPECIAL ILUSTRADA PARA EL 50° ANIVERSARIO DEL 68 MEXICANO, NOVELA DE GONZALO MARTRÉ. SE ENCUENTRA EN LAS LIBRERIASPRINCIPALES.


CONVOCATORIA

2° CONCURSO DEL CUENTO SATÍRICO “GONZALO MARTRÉ”

-Podrán participar todas las personas mayores de 18 años residentes en la República Mexicana.

-Premio al Primer lugar de $ 10,000.00 con una mención  honorifica

3.- Se participará con un solo cuento de tema libre, deberá tener una  visión crítica y burlesca de la realidad, propia del género satírico.

4.- El plazo de admisión de las obras finalizará el 31 de diciembre del 2017 a las 19:00 horas p.m.

5.- El premio se entregará el día 30 de enero del 2018

6.-Los trabajos se aceptarán bajo las siguientes bases:

Estarán escritos en español.

Deberán ser originales e inéditos

No haber sido premiados en ningún otro concurso.

Estarán firmados con seudónimo.

Tendrán una extensión mínima de 5 cuartillas a doble espacio y una máxima de 20.

Letra fuente: Arial a 12 puntos.

7.-Los trabajos se enviarán a la siguiente dirección. Calle Quetzalcóatl 234 Colonia Aquiles Serdán, Pachuca, Hidalgo, CP 42034

8.-El jurado estará integrado por tres escritores de reconocido prestigio.

FUNDACION TOMATIAN (TIEMPO DEL SABER) A.C.

DIRECTORIO

Fernando Sotres Fundador y director general (RIP)

Gonzalo Martré Subdirector

Francisco de la Parra de Grillas, epigramista.

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