Análisis semanal: 3 de septiembre

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Dio inicio una nueva legislatura, una marcada por la mayoría de Morena en ambas cámaras, en las cuales encabeza las respectivas presidencias. Durante la toma de protesta, el grito de “es un honor estar con Obrador” retumbó en el recinto legislativo.

Esto ha generado inquietudes por el hecho de que esto se interpreta como la renuncia a la independencia del poder legislativo respecto al ejecutivo.

En tanto, en la reunión de la Conago, López Obrador fue claro en que los coordinadores estatales siguen adelante a pesar de cierta resistencia de los gobernadores.

Asimismo, en la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, las palabras de Luis Videgaray reconocieron la participación de los enviados del presidente electo para destrabar las pláticas, algo que también muestra que el poder fue cedido de manera anticipada en esta ocasión.

Los análisis que se debe hacer para revisar el momento por el que atraviesa el país, deben buscar nuevas herramientas pues se trata de algo inédito. No se tienen antecedentes de un presidente en funciones que deje todo el campo libre a su sucesor, como tampoco se tienen de un presidente electo que haya llegado con tal legitimidad, pero generando una gran cantidad de expectativas que serán difíciles de cumplir.

Por supuesto que esto no hace que dejemos atrás la polarización que se originó en las campañas electorales anteriores, pues los bandos siguen defendiendo o señalando lo negativo de las propuestas, palabras o acciones del presidente electo, en un coctel peligroso para la estabilidad de país, pues de las acusaciones mutuas se podría pasar a algo más riesgoso para nuestra nación.

Lo anterior se podría combinar con una crisis de expectativas, al no verse cumplidas las promesas de campaña. Las primeras señales de esto se empiezan a percibir, con anuncios como la cancelación del proyecto de guardia nacional, mantener la presencia de las fuerzas armadas en las calles para atender el problema de inseguridad, entre los más importantes.

Así, cada paso que da López Obrador es motivo de polémica, algo que sus estrategas no han comprendido, a menos que esto responda a un plan que se beneficie de esta situación.

El meme de la semana

La imagen de la semana

Gerardo Fernández Noroña pidió mantener la unidad de los partidos que integraron la Alianza Juntos haremos Historia, ¿vio alguna señal que lo puso nervioso al inicio de la legislatura?

La Silla Embrujada

Algo que han notado algunos analistas, es la propensión de López Obrador por tomarse selfies con sus seguidores en los actos a los que asiste. Al igual que con Peña Nieto, esta costumbre empieza a institucionalizarse con el presidente en turno.

Y es que no es un tema de imagen o de cercanía con la gente, sino de aceptación de las reglas que las redes sociales han impuesto a la convivencia social. Así, que un presidente busque tomarse una selfie con un ciudadano, debe observarse como una manera de comunicarse con una sociedad ávida de tener señales de ese tipo.

Quizá una imagen no diga mucho, pero al multiplicarse por miles de asistentes, nos muestran que el nuevo código de comunicación política está siendo atendido por el mandatario en turno, sin importar su orientación ideológica.

@LosPinos_mx

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