Traspaso, antes que transición

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Lo que vivimos en México desde el 1 de julio y según lo va permitiendo los plazos legales, es un traspaso de gobierno. Pomposamente podría denominarse traspaso de poderes y hasta allí.

Difícilmente es una transición si partimos de que ni cambia el régimen ni tampoco los actores políticos. Son los mismos en su permanencia, que seguirá después del 1 de diciembre y al menos por un tiempo.

Como sucede con la simulación del PRI en cambiar, cuando solo registra una candidata a su presidencia. Sin democracia interna, sin contraste de ideas, sin ya nada qué decirle al pueblo de México. Nada. Se venden como son y no hay más. No tiene remedio ese partido.

Pero nada de transición, aunque suene sofisticado. Eso de la cuarta transformación está en veremos y aunque cambiaran nombres y estilos, no puede denominarse transición. A menos que derriben las reglas hoy imperantes.

Desde luego que confiamos en que ni va López apuntando a reelegirse eternamente ni mucho menos esperamos que cambien de régimen los morenistas. Es una palabra de mucho peso esa de “régimen”. No es el régimen el que está sujeto a discusión. No nos debatimos entre república o monarquía. Formas, quizás. Si por régimen implica ampliar libertades, podría discutirse. Y hasta allí.

Suponemos que nadie está pensando en que aun si Morena hiciera un papel decoroso, eso significara eternizar a López Obrador. En México después de todo, ha funcionado no eternizar gobernantes. Eternizar partidos supuso un traspaso de cargos y nombres, evitando eternizarse. Eso sí sería cambiar de régimen. Ser menos corruptos y más eficaces, no; solo es cumplir con su trabajo. No es cambiar de régimen.

Ahora bien: el traspaso sería conveniente acelerarlo. Parece que sucede. Ojalá que hagan los cambios para 2024. Y sea acortando fechas de entrega-recepción a ser menos de las que hoy están vigentes. La República lo merece.

Las escenas de encuentros entre Peña Nieto y López Obrador apuntan a una necesaria, ya no digamos conveniente civilidad política de ambas partes. Ya luego la reunión en Palacio Nacional con los gabinetes, ha sido por demás ilustrativa e incómoda para el priato, por evidenciar crudas desavenencias. Lo normal. Perdieron feo los priistas las elecciones de julio. De nada sirvió a este gobierno ya moribundo el blindar reformas con leyes a modo y declaraciones golpeadoras de gente como Nuño o Pedro Joaquín Coldwell, señalando que no era posible cambiar sus deslucidas reformas. No contaron con al opinión de los electores. Bisoños.

Había que ver la cara de Pedro Joaquín Coldwell ahora, antes tan socarrona en sus decisiones inalterables de vender al país, cariacontecido ahora, para darse cuenta que se han tenido que tragar una a una sus irresponsables declaraciones. Similares a las de Guajardo prometiendo TLCAN terminado en agosto, pero lleno de abrojos son resolver. Se los va a comer el tiempo y desde el nuevo Senado opositor morenista, dice su líder Ricardo Monreal que se hará una revisión escrupulosa de lo negociado. Qué buena noticia. Solo hay que recordar la vergonzosa sesión de 1993 aprobando con 62 votos contra dos, aquel TLCAN anterior y donde Emilio M. González se quedó dormido ante lo aburrida que estaba tal, sin mayor cuestionamiento a tan trascendental documento expuesto desde un priismo complaciente. Puro priista aplaudiendo el TLCAN como focas. Igualitos que la reforma educativa anunciada como finita ya por López Obrador. México merece que las cosas ya no se hagan al vapor.

Se acaba un sexenio priista desastroso y es deseable que mientras más pronto, mejor. Dotar de oficinas en Palacio Nacional al equipo de traspaso lopezbradorista es un hecho inédito. Como si el PRI tuviera prisa o deseara congraciarse. No lo sabemos.

Lo visto el lunes 20 de agosto de 2018 en Palacio Nacional era un diálogo de sordos. No importa ya la necedad del PRI de no rectificar un ápice. Fue derrotado en las urnas. Necear en que seguirá igual hasta el 30 de noviembre ya es intrascendente. Puede seguir neceando, no recuperará la presidencia perdida el 1 de julio para este sexenio que viene, después del papelón que hizo con el priista Peña Nieto y los electores ya han dado el veredicto final.

@marcosmarindice