Y a propósito… la Ciudad de México

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Es extraordinario cómo se descansa en los medios de no oír el nombre y las ocurrencias de Miguel Ángel Mancera, esas grandilocuentes con su mala manía de repetir tres veces el mismo anuncio, como si sus oyentes fueran tontos, con peste a negocio particular a costillas del espacio público; con olor a putrefacta corrupción desde un gobierno de izquierda con un sujeto no afiliado a ella, y sabor a desangelado ánimo de ayudar al prójimo, como no sea a los bolsillos de los amiguetes.

Magnífico favor le hizo a la capital marchándose al Senado por la plurinominal, por supuesto, porque desde luego buscarle la cara a los electores por vía directa se antojaba difícil después de vérselas.

Y desde donde esperemos que no dañe más a la capital del país. Él, quien nos prometió que decidiríamos juntos y no, nada de sus pésimas y desastrosas medidas las consultó con sus conciudadanos. Las supimos sin más y a tragar todos.

El señor Amieva acaso pudo ser mejor gobernante, pero ni la visión que ha mostrado ni el tiempo dieron para más. Quizás solo le falta seguir pagando los platos rotos de su partido al frente del desgobierno capitalino, el PRD, y afrontar el triunfo de una izquierda derivada de la que no representa más y que fue justamente la gestión en la capital, aquella que dio pie en gran medida al surgimiento de Morena, que rechazaba los escarceos y frivolidades perredistas.

Ahora se ha reunido ya dos veces con Claudia Sheinbaum, futura jefa de gobierno de una entidad que no sabemos bien a bien qué es, porque la mafufada de constitución con que se aventó Mancera –que sigue en tribunales– no se atrevió a precisarlo. Llamarla vagamente “entidad” nos lleva a recordar que todas lo son. Las 31 restantes. Antes era Distrito Federal, que al menos dejaba clara su condición.

Y se desconoce tal porque llamarla a toda la demarcación como Ciudad de México es un contrasentido histórico y geográfico. Los pueblitos y ciudades circunvecinas dentro de la demarcación del otrora Distrito Federal nunca ha sido Ciudad de México, esa mancha nacida desde el Zócalo. Algunos ni siquiera están pegados a esa mancha.

Mientras adivinamos qué es la Ciudad de México para fines jurídicos y administrativos, la Sheinbaum avanza. Con un congreso local en poder de Morena, con una amplia representación en el Congreso de la Unión, que supone gestoría en pro de la capital, organiza el traspaso de poderes, igual de aletargado en el calendario que le federal.

El triunfo de Morena en la capital coloca por primera vez al jefe de gobierno en sintonía política con la presidencia de la República. El precedente más lejano es la coincidencia de Oscar Espinosa Villareal con Ernesto Zedillo, y eso sin ser el primero un jefe de gobierno electo, siquiera. La nueva jefa de gobierno es la primera elegida en casi 500 años de la capital, desde que Carlos V le entregara su nombre, status y el título de la Muy Noble y Muy leal, Insigne e Imperial Ciudad de México. Porque el texto constitucional de 2017 evoca siete siglos, solo que calla ominosamente que su nombre, Ciudad de México, solo data del decreto imperial de 1523. Ergo, si la ley fundamental capitalina niega su propia historia, callando que debiera partir de su nombre actual, tenemos un severo problema. El texto es un baturrillo de referencias históricas disociadas con tal de no darle su crédito al nombre hispánico. Penoso.

De Claudia Sheinbaum su talante es conocido, sus controversiales decisiones y sus actuaciones políticas, también. Ha pesado más la sensatez eligiéndola, después de todo, y ha dejado muy por debajo a sus contrincantes.

Esperemos que subsane y clarifique el status de la capital del país. La Patria lo merece y en el camino, subsane, corrija los grandes errores de la administración Mancera, que le costaron la continuidad, por si aún no lo digieren. La capital merece mejor suerte y dejar atrás años oprobiosos que son los que representa el desastroso gobierno de Miguel Ángel Mancera. Hoy cuenta con la sintonía del gobierno federal. Hoy no hay pretextos para fallar. Por lo demás, Peña Nieto se irá sin haber recuperado tan preciada joya. Al contrario, barrieron a su partido.

@marcosmarindice

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