¿Qué tanto aguantará la ciudadanía?

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En una encuesta de Consulta Mitofsky se preguntó a los ciudadanos cuánto tiempo esperan para que se den los cambios prometidos por el candidato ganador de las pasadas elecciones federales. En el marco de una exigencia social por desterrar de una buena vez los males que nos aquejan como país, la impaciencia podría hacer acto de presencia en 2019 y complicar los planes del ya presidente electo, la pregunta es si será tarde o temprano.

En contra del reloj

Consulta Mitofsky consultó a la ciudadanía el tiempo que le otorgarán al nuevo presidente. La respuesta de un grupo mayoritario de entrevistados es de un año para verlos hechos realidad.

A partir de este dato nos podemos dar cuenta que si bien el voto de quienes llevaron a la presidencia a López Obrador se basó en el hastío por la situación que tenemos en México –en especial en materia de corrupción–, no sólo le entregaron el poder sino también la dan un plazo para ofrecer resultados.

Asimismo, lo visto en los foros sobre pacificación –con reclamos de familiares de las víctimas–, nos daremos cuenta que la administración de López Obrador comenzará presionada por una ciudadanía expectante y urgida de ver el “cambio verdadero” que se prometió en campaña.

Y no hablemos de economía, de la relación con Estados Unidos –sobre todo por algún exabrupto de Trump–, de la descentralización de las secretarías de Estado, de la seguridad pública o de las refinerías y otros proyectos de infraestructura.

La pregunta es si el equipo de transición ya se dio cuenta de que están generando las condiciones de una posible crisis de expectativas si no empiezan a dar resultados inmediatos. Porque esa es la expectativa en algunas áreas, de que el cambio se note desde la misma toma de posesión.

Es claro que en cuestión de imagen –con algunas acciones como la austeridad–, se podrá decir que se está cumpliendo en este rubro, pero no pasará mucho tiempo sin que se comiencen a escuchar los reclamos por la falta de resultados, en especial de los partidos derrotados.

La agenda del nuevo gobierno está cargada de asuntos en los que deberá dar pruebas de que se están haciendo bien las cosas, un reto importante para la nueva administración.

Es probable que la centralización que se llevará a cabo por parte de la presidencia en comunicación social ayude a amortiguar las críticas en medios, además de que es seguro que confiarán en el ejército de fanáticos que en redes sociales se mantiene a la defensa del presidente electo, incluso en cuestiones como el nombramiento de Manuel Bartlett.

Otros conflictos saldrán de la relación entre los nuevos coordinadores estatales y los gobernadores. Los primeros llegan con un perfil más político que técnico, los nuevos representantes del ejecutivo federal en las entidades del país surgen, en su mayoría, de las estructuras de Morena, lo cual –como se puede apreciar con las declaraciones de Enrique Alfaro– puede provocar enfrentamientos si se comienza a notar que su trabajo es más de operador político que de representante e interlocutor de la administración federal.

Además, cabe señalar que si se comete cualquier error, si surge alguna irregularidad o se percibe que se repiten prácticas criticadas en el caso de Peña Nieto y compañía, la opinión pública será implacable con la nueva administración.

Así, con una ciudadanía que votó en contra de un gobierno pródigo en excesos, frivolidad y corrupción, la paciencia no será una de sus virtudes, por lo que el primer año será complicado y de continúas peleas entre la oposición y el lopezobradorismo.

El problema es que de esta lucha no saldrá un ganador claro, pero si un perdedor claro: el país, pues si la impericia en comunicación y en implementar las reformas que necesitaba México fueron parte de las características de la administración de Peña Nieto, volver a enfrentamientos por cada decisión o nombramiento no augura un buen inicio de sexenio.

Aunque también cabe hacer notar que por la cantidad de promesas hechas, la manera en que se planteó la campaña electoral del candidato ganador y el respaldo popular obtenido en las urnas, lo que menos se puede esperar es que empiecen los pretextos o los cambios de opinión para tratar de justificar los retrasos o la falta de resultados.

Sin duda será un inicio de sexenio interesante desde el punto de vista del funcionamiento del nuevo gobierno, sólo esperamos que el Movimiento de Regeneración Nacional no actúe como la Babel que muchos describen que es en realidad.

Del tintero

Los partidos derrotados han dicho que serán oposición responsable, una frase que ayuda a alcanzar la nota, pero que en realidad no dice nada de cual será la estrategia para hacer que sus respectivas propuestas también sean tomadas en cuenta. Sin un gobierno dividido, el problema es que los contrapesos no se ven firmes ni capaces de dar la batalla.

@AReyesVigueras

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