Respuesta a René Juárez y a Claudia Ruiz-Massieu

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El PRI carece de vocación democrática y hoy, de proyecto de país. Podrá ser el partido más numeroso, suponiendo, pero hasta allí, porque hoy cuenta con la más ínfima representatividad. La renuncia de su dirigente René Juárez, ha dado para dos discursos que merecen responderse. El que dirigió en compañía de los gobernadores priistas y el de su renuncia a presidir al PRI. Merecen responderse para que no caigan en el vacío y porque la derrota del PRI, existe. Mismo caso al oír el que pronunció apagada, Claudia Ruiz-Massieu en tono de reproche y amago a los ciudadanos al asumir la dirigencia del tricolor y aquel en que, improvisada, dio sus primeras palabras al ser designada como tal. Inadmisible tono en un país democrático que lo es, muy a pesar del PRI.

Del primero decirle que las caras largas de sus correligionarios bien demostraban que perdieron la presidencia de México, esa que pensaron retener por siempre, a partir de 2012. Tanto triunfalismo soportado en su soberbia, se estrelló el 1 de julio con el voto contrario mayoritario de los ciudadanos. Se comprende sí, que aún no lo asimilen en el PRI. El país sigue avanzando y no los esperará a que lo hagan.

El tono acartonado, engolado, vetusto de su discurso, revelan al PRI. A René Juárez decirle que su institucionalidad solo ha conocido el repudio de los ciudadanos a su siglas hasta en un 76 %. José Antonio Meade ha reconocido la realidad en la noche de la elección. Punto. Sin adornos. Sin mérito. Hizo bien en no hacerla cansada ante los resultados adversos al PRI y lo hizo bien porque necear en que hubieran ganado como lo hacían en la campaña, no habiendo sucedido eso, con esa soberbia y esa petulancia rechazada en las urnas, hubiera sido de una irresponsabilidad tan grande como, por citar un caso, el endeudamiento del país bajo sus siglas en el mandato catastrófico del priista Enrique Peña Nieto. Porque ese gobierno priista es el gran perdedor.

Qué bueno que tenga convicciones como priista. Bien por él. No las comparte el 76 % de los electores. Quedan para consumo interno. Es lo que vale decir a sus palabras de apoyo al presidente Peña y a sus correligionarios. Llamando al partido a ser monolítico, hace tabla rasa de un verdadero proceso de discusión y democracia internas. Despiste y paradoja. Su oferta de ser oposición responsable no es lo que le vimos ser por 12 años cuando también la ofrecieron siendo oposición. Y una reflexión serena y prudente a su interior en un partido ya dividido y quebrado por ellos mismos, solo anticipa lo que ya sabemos: su carencia para contrastar ideas y de democracia interna. Para los no priistas mejor será proseguir con el avance democrático del resto de la Nación, pasando de largo del PRI. Esta vez, sí procede hacerlo.

Un priista soberbio me dijo durante la campaña que uno desconoce los planes del PRI en su actuar y por ende, ni opinar. Vaya, pues. Esa postura solo puede responderse con el derrotista discurso de renuncia, otra vez, del dirigente René Juárez. Aquella persona me negó que sucediera la de Ochoa Reza. Juárez pregunta por el futuro de su partido y llama a la reflexión de la causa de la derrota. Ya es grave preguntárselo, cuando es evidente a los ojos de la Nación las causas de la derrota priista. Como el cornudo, el PRI juega a ser el último en enterarse. No cuela su despiste, porque resulta insultante. Si la carencia de democracia interna es innegable, tampoco lo es ir privilegiando en cambio y en este sexenio, a una camarilla peñanietista ineficaz y asaz corrupta, que fue otra de las causas de la derrota y su cerrazón fue aún peor. Esa cuarta transformación de la que se mofaron con López Obrador, a lo mejor es la que harán en un cuarto cambio cosmético al PRI, como lo fueron los otros dos en su historia, como fue modificar nombre o logo y se quedará en eso. ¿Nos cambiaron por que no cambiamos? pregunta Juárez. Qué listo es el exdirigente ¿no le parece? Clama por democracia interna. Vaya tarea de búsqueda de tal donde nunca la hubo. Tierra estéril en la que labra Juárez y los que vengan. Dice que hay que hacer una nueva forma de política. Sí porque López Obrador se los comió. Como no sean más clientelares, se antoja imposible otro método. Es el PRI. Aun así pueden regresar al gobierno y eso, eso ya se vio que fue catastrófico para México.

Militancia, democracia, consenso, unidad o consulta a la militancia son ideas sobadas y reiterativas. Huecas. No las cumplen. Siempre las ofrecen los priistas que no las predican. Por eso su discurso de despedida es uno más para los anales y nada más. El tono y el vocabulario empleados nos advierten que el PRI no puede cambiar. Por eso perdió otra vez. Plantea: “para regresar al poder debemos aprender de la derrota”. Ya decir poder y no gobierno, describe su concepción del servicio público: uno para sí.

Alejado de sus bases, un partido donde “se filtro la simulación” dice Juárez, hoy afirma que es un partido que debe de acomodarse a la realidad social…dibujando un partido desastroso. Que todo eso lo reconozca su dirigente ya evidencia carencias, y ya era hora, pero eso no es mérito, es solo reconocer lo que han negado siempre. Y no es mérito porque no hay nada a cambio, en los hechos. Hay pura verborrea. Reflexión para la transformación, una que apunta a ser una frase más, de esas huecas que en un mitin priista hacer expresar al despistado: “habló bien el licenciado” , que ya hacerlo bien todo lo expresado, es otro cantar. Aprender de la derrota dice Juárez, bueno, eso tampoco lo hizo su partido en el año 2000. El entreveramiento generacional que anticipa al discutir y conformar la nueva dirigencia partidista avisa de nuevo el freno a sus jóvenes y el retraso en el necesario relevo generacional. Tardanza que ha podrido al partido. Es que no pueden ser distintos por más discursos que digan.

Dice Juárez que la reflexión interna volverá a hacer confiable el partido a la ciudadanía. Vaya, pues. En su derecho de creerlo. De órdago su frase hueca, una puñalada a la clase política priista decirle que no han sido confiables; militantes y simpatizantes del PRI no son responsables de la derrota, los exculpa el exdirigente. Discrepo: su soberbia, ampliamente mostrada en esta campaña, han invitado a no votar por su partido. Claro que militantes y simpatizantes sí llevan su responsabilidad y se las marcamos muchos votando en contra del PRI. También los teníamos presentes al emitir el voto. Por su complicidad, por su alcahuetería vergonzantes.

En ese mismo acto de renuncia de Juárez, Ruiz-Massieu expresó vaguedades. “Construyamos de abajo hacia arriba, de los estados al centro”. Con casi 90 años a cuestas, parece tardía, muy tardía la convocatoria. Cuando advierte en otro momento, que el partido hasta podría cambiar de nombre, uno constata que desde luego, proyecto serio y profundo no existe. Si no lo había para el país, menos para sus siglas. Es lo más hondo que cala su cambio. Modificar el nombre. No da para más. Es el sistema, la forma de ser priista lo que ya no funciona. No es solo cosa de nombres de partido, a lo que se está limitando la genial dirigente.

Invocó reinvención y militancia. Más invocaciones reiteradas que han llevado a nada. Debacle o reforma, dijo. Bueno, no es decirlo, es actuar en el segundo caso. Pesa la simulación. Tan priista. Aplausos apagados ante sus grandilocuentes frases de autoreflexión contra inercias, actitudes y formas de hacer política desde la pasada generación, que son un mea culpa que no atina a describir causas. La limpieza interna urgente demuestra un partido necio a cumplir sus propios estatutos y a soltar puestos. “Hacer labor de gestión con menos recursos” refrenda su clientelismo. El soporífero discurso terminó sonando a más de lo mismo. Nada de qué sorprenderse. Es el PRI.

@marcosmarindice