López Obrador ante Estados Unidos

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Importante ha sido el encuentro entre López Obrador y la delegación yanqui que ha visitado México. No es cosa menor y cuenta con muchas lecturas que merecen expresarse, para no quedarnos ni en la foto con Juárez de fondo y menos aún, con los memes que destacan que López no habla inglés. Como si Peña Nieto hubiera sido Shakespeare redivivo, valdría responderle a sus sesudos autores.

Por principio de cuentas recordemos un paradigma de nuestras telarañas mentales: “Estados Unidos no permitiría que México tenga un gobierno de izquierda”. Quizás los sabiondos querían decir socialista. El de López al día de hoy no es socialista. Vamos, ni siquiera ha comenzado. Será de izquierda, según parece. Quizás confundíamos los términos.

O quizás no lo será. Hoy nadie niega que Estados Unidos derribó al gobierno de Allende, así como metió mano al de Madero. Nunca sabremos si desean un desbarajuste al otro lado de su frontera. Como sea, Chile queda muy lejos de aquella.

En segundo término dígase que no estamos ya en la era bipolar –aunque sí en la segunda Guerra Fría a tres bandas: EE.UU., Rusia y China– y tampoco en la era chavista que pudiera propinar una reelección ad eternum del candidato electo mexicano. Ergo, podemos concentrarnos en lo verdaderamente importante: la espinosa relación compleja y desequilibrada con Estados Unidos, que tan torpemente condujo el PRI en este sexenio. Ya solo poner cuatro embajadores en Washington nos advierte que Peña Nieto no tuvo ni la más remota idea de qué hacer con ese país.

Los temas abordados entre López y Pompeo eran lo mejorcito rescatable posible, sin levantar muchas ámpulas: comercio, migración en general, porque el muro y la seguridad con armas yanquis provenientes de allá, incluida, es de los más escabrosos. ¡Vaya que se han montado un esfuerzo para crear una agenda siquiera platicable! ¿ve? no nos quedemos en las puras “visitas de cortesía”.

Cuando abordamos a los Estados Unidos debemos hacer un esfuerzo doble. Descolonizar nuestras mentes porque algunos los creen invencibles y perfectos y además, es preciso identificar de allá los hilos que impactan aquí, al moverlos.

Menuda tarea, pero ni imposible ni de poca monta. Al contrario, nos abre los ojos y eso implica desmitificar a Estados Unidos e intentar el entender su juego. Por eso a la gente le aburre y le molesta hacerlo, pues pierde a su idolatrado. Supongo que no es sencillo. ¿Cómo crees que Estados Unidos maneja dos caras? No lo superan. Pobres.

Así, en un cara a cara mientras parecen dejar de lado al gobierno saliente de Peña Nieto, como es natural, el secretario de Estado Pompeo y su conspicua comitiva parece que ha primado el encontrarse con López, quien debe asumir que lo que diga no es para desistirse, pues ni que se tratara de votantes mexicanos. Con Estados Unidos no se juega. Eso que lo tenga claro él y su equipo. Ya que el priista Peña Nieto nunca supo qué hacer frente a y careció de la más elemental capacidad para entenderlo.

Y aunque los discursos de Videgaray y Pompeo apuntaban a seguir fortaleciendo la relación, no nos olvidemos que se trata de un moribundo gobierno saliente. O al menos eso de acercarse lo ha dicho el aprendiz confeso Luis Videgaray, justificando esta visita que lo aparta ya, que ha sorprendido declarando que el gobierno que (tristemente) representa –el derrotado también el 1 de julio– cierra filas con el ganador entrante. Ver para creer. Y no hay manera de creerlo.

Hay mucho qué componer en esa mal llevada relación bilateral pesimamente conducida por Videgaray, al amparo del ridículo criterio de ser amigo del yerno de Trump, un criterio desastroso para apoyar la política exterior de cualquier país. Y el PRI lo hizo. Por eso es una vergüenza de la diplomacia mexicana, que no la merecía.

Ahora bien: Estados Unidos pasó de ser indiferente en apariencia a seguir las elecciones mexicanas a la distancia. Refunfuñando luego de su sorpresa al saber el nombre del puntero, a declarar Trump que trabajaría con el que fuera ganador, con quien ya vería cómo trabajar con él.

Washington no da pasos en faso, pero eso no quiere decir que no titubee y lo esta haciendo. No podemos confiarnos en que fue ni un gran encuentro ni da inicio a una magnífica relación, porque hay precedentes de que los encuentros de Trump con Trudeau o Macron fueron excelentes y luego se desgreñaron.

Y para México Trump no augura mejores momentos. Así que esto solo es un respiro y conviene verlo así. Esta pendiente de nombrarse el embajador estadounidense luego de la salida de la Jacobson, a designar ni para cuando, pues todo sigue siendo conjeturas y es previsible que López Obrador apenas baraje algo mejor para el puesto respectivo que la tía política de su esposa, parentesco que le queda muy lejos a él, no nos engañemos. Ya conociendo el nombre del nuevo mandatario, tomarán decisiones. Quizás Trump espere a las elecciones de noviembre en su país, definitorias de la tercera parte del senado yanqui. Es imposible adelantar un resultado certero de aquellas.

Otra cosa. Es de lo más inusual que un secretario de Estado se desplace hasta las oficinas de López, en este caso. Es complicado leer un código preciso utilizado, porque no hay precedentes. Sí hemos visto ya en territorio mexicano, el palomeo al gabinete de López. No cabe duda que ha sucedido como siempre pasa. Recordemos como en Washington descalificaron a Luis Ernesto Derbez como candidato a Hacienda. Déjese de bromas, espetaron a Fox en una visita previa a tomar posesión.

Pasado ese examen, queda trabajar desde ese equipo de transición que ya se va medio empapando de los asuntos exteriores. No se nos escapa la invitación de Peña a López y su equipo, a la Cumbre de la Alianza del Pacífico y a las renegociaciones del TLCAN. Si es que Trump realmente le interesara seguirlas con el gobierno saliente.

Lo que cabe esperar es que López Obrador sepa qué hacer con Estados Unidos. Sirva Peña para recordar sus cuatro embajadores en un sexenio y todo para qué, ni figuraron y se llevó los reflectores el menos indicado para ello: Luis Videgaray.

Así que esta visita puede ser solo un preámbulo de algo. Dicho así, vagamente, porque con Trump nunca se sabe. Solo resta estar alertas. López tiene la ingente oportunidad de mostrarse patriota y verdadero defensor de los intereses de México. O la bebe o la derrama, porque carece de una tercera opción. Pompeo lo sabe o al menos, lo intuye.

Algo más: la mofa de Trump de llamar “Juan Trump” a su futuro homólogo, debiera recordarnos que existe una máxima que reza: “como decía mi abuelita…el que se lleva, se aguanta” y sabemos bien que Trump es mal perdedor y no sabe aguantarse.  Solo por eso debería de abstenerse de comentarios tan idiotas, el muy pelafustán. O debería.

@marcosmarindice