La crisis de expectativas por venir

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Siempre que se presenta una competencia deportiva o electoral, los mexicanos nos ponemos a soñar con relación a los logros que podríamos alcanzar, ya sea el anhelado quinto partido para la selección de fútbol o contar con un presidente que resuelva todos nuestros problemas aún y cuando no haya tomado posesión.

Sueños guajiros

Los mexicanos nos ilusionamos fácilmente, como dice el dicho, no pueden decirnos “mi alma” porque ya queremos casa. Esto aplica no sólo en el deporte, sino que también se hace extensivo a la política.

Si en el recién concluido Mundial de Rusia soñábamos con el ansiado quinto partido o —como dijo Javier “chicharito” Hernández— soñamos con cosas chingonas como ser campeones del mundo, en las elecciones recientes pasó algo similar. Fue elegido un candidato de quién esperamos mucho, no sólo que acabe con la corrupción, sino que también resuelva todos nuestros problemas.

El problema es que aún no toma posesión y ya le estamos pidiendo cosas.

La semana pasada, un grupo de padres de familia acudió a la casa de campaña de López Obrador para que resuelva un tema que tiene que ver con una escuela de la delegación Cuauhtémoc.

Con este ejemplo nos podemos dar cuenta de las altas expectativas que ha despertado dicho personaje, algo que puede volverse en su contra al paso del tiempo.

Y es que cada elector entiende el cambio prometido a su manera, unos cómo acabar con la corrupción, otros sencillamente como reducirla o regresar a niveles normales —cualquier cosa que esto signifique—, en tanto que algunos más piensan en que se termine la inseguridad, que se creen más puestos de trabajo, se acabe con la pobreza, sus hijos puedan encontrar escuela o que simplemente aumenten sus ingresos.

Y todo lo más pronto posible, faltaba más, pues para eso votamos por él. Incluso en redes sociales algunas personas han escrito que los 30 millones de mexicanos que le dieron sus sufragios son quienes pueden exigir, como si los otros 50 millones que también integran el padrón electoral no tuvieran ya derechos luego de los comicios.

Pero la terca realidad parece que apunta en otra dirección, empezando con la expectativa de todos los subsidios prometidos.

Especialistas han comentado que se necesitarán más recursos de los presupuestados para cumplir.

Algo similar ocurre en el plano educativo con la promesa de que no habrá rechazados, pues la infraestructura existente en las universidades públicas no puede absorber la demanda.

Pero lo realmente importante tiene que ver con la pregunta, ¿con la llegada de un solo hombre a la presidencia de la república, los mexicanos nos convertiremos en ciudadanos honestos y respetuosos de la ley y de los demás?

Hemos insistido en que la corrupción tiene sus raíces en la sociedad misma, qué piensa que los bienes públicos se pueden convertir en privilegios privados.

Si no somos capaces de respetar una simple señal de tránsito, ¿cómo vamos a exigirle al policía que no sea corrupto?

Si, con regalos, buscamos influir en la decisión de los maestros de nuestros hijos, ¿cómo vamos a exigir que no haya irregularidades en las licitaciones públicas?

Si en nuestro trabajo buscamos acomodar a toda nuestra familia, tenga o no capacidad y preparación, ¿cómo vamos a criticar el nepotismo en el gobierno?

Si alguien responde que eso se acabará con la llegada de López Obrador, mejor que deje de leer este espacio.

Y es que esperar que las soluciones se resuelvan con la llegada de una persona a un puesto, es buscar soluciones mágicas para nuestros problemas, es tratar de encontrar la varita mágica o la lámpara de la cual saldrá un genio que nos concederá todos nuestros deseos.

Por otra parte, nos debemos hacer también la pregunta acerca de qué pasará si no se cumplen las expectativas.

El gobierno de Vicente Fox nos dejó un sabor de boca semi amargo porque si bien logró sacar al PRI de Los Pinos, no cumplió con las expectativas de cambio.

Cabe recordar que Fox aseguró que desaparecería al CISEN y al Estado Mayor Presidencial y vean en donde estén ambas instituciones.

El guanajuatense si bien tuvo algunos logros quedó a deber en mucho de acuerdo a las expectativas que despertó entre un electorado que votó con la idea no sólo de echar al tricolor de la presidencia, sino de mejorar como país.

Es probable que la historia se repita y volvamos a quejarnos de la clase política que tenemos y de la manera en que no atiende los problemas que tenemos como nación, pero también debemos ver qué estamos votando no con la razón, sino con la frustración y el enojo de una ciudadanía que busca quien le resuelva el mundo, no que le ayude a hacerlo.

Del tintero

Luego de los resultados del pasado 1 de julio, los partidos han preferido el camino de buscar a quien culpar y no de encontrar las razones de su derrota. Los grupos internos buscan quedarse con el cascarón y eso sólo augura nuevos fracasos. Que habrá cambios en las distintas fuerzas políticas, es algo innegable, pero que sea para mejorar, eso es otro cantar.

@AReyesVigueras