El atronador sonido de las urnas

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El justificable abatimiento al PRI en las urnas, entendiendo abatimiento en sus dos acepciones: derrota y humillación, propinado por la inmensa mayoría de los electores, es una lección que México debe recordar en varias direcciones.

La primera lección: castigando con el voto, porque el voto de castigo existe como legítima práctica democrática, a un partido soberbio, corrupto hasta la saciedad, inepto e inoperante. La segunda como sinónimo de rechazo a su impunidad y al ataque e insulto sistemático a los ciudadanos que lo deploran y deslegitiman, convirtiendo tales ataques en inaceptables; recibidos porque no piensan ni comparten su visión priista trastocada del devenir de la Patria. La tercera lección es recordarnos que si lo echaron a punta de votos en 2000, fue un error garrafal entregarle nuevamente la Presidencia en 2012, pues regresó voraz, a juzgar por los desastrosos resultados que entrega. Unos con carácter de catastróficos. La cuarta lección que nos deja este abatimiento es recordarnos que el PRI sí es vencible, no una sino varias veces. La quinta no menos importante es refrendarnos que no era opción ya perpetuar a una camarilla de desfalcadores, cuyo único proyecto de país de la mano de un parapeto como José Antonio Meade, era mantener su nauseabunda impunidad y proseguir con su irrefrenable e insaciable saqueo. El probado y el que nos falta por saber.

En resumen: autoridades, politólogos, el público en general, deje de subestimar la inteligencia del electorado. Manipularlo o desdeñar su proceder atenta contra su capacidad elemental de raciocinio y de decisión. Hoy el electorado mexicano le ha dado una lección a todos los mencionados.

¡Vaya cauda de lecciones aprendidas el 1 de julio! una jornada de resultados insondables, que confirmo la encuestas previas y las avaló como idóneos instrumentos de sondeo y no como se intentó mostrarlas: minimizándolas porque no favorecían al PRI.

No es momento de andarse con zalamerías ni caballerosidades. Exprésese lo conducente llamando a las cosas por su nombre: José Antonio Meade decepcionó a miles al prestarse al jueguito de ser la botarga del PRI. Sí, su salida pronta a reconocer su derrota solo ahorró irnos a una guerra civil. Aún desconocemos los detalles del jaloneo que supuso hacerlo.

Una pena que un político de tan bajo perfil, de sombra, se prestara a jugarle al improvisado y nada preparado candidato que no era –vamos, porque las candidaturas se construyen y no con base en estructura solamente– y a forzarlo a jugar un rol peripatético insultando candidatos como carretonero, cual rompebroqueles, cual desangelado gamberro que dice zarandajas un día sí y otro también, mancillando, aún más de ser posible, las siglas del PRI. Menudo papelón ha hecho.

Y ha hecho bien en salirse por la puerta trasera, en el más absoluto de los ridículos, con el 22 % de las intenciones de voto y la más baja en la historia del priismo. Su justa dimensión, su justa manera de pasar a la Historia. Un partido que carecía de candidato ante puro miembro impresentable, mejor no hubiera contendido. Total, para el papelón que hizo en las urnas equivalente al que hizo el sexenio Peña Nieto, merecía mejor no haberse expuesto de esa manera. Venga pues la irresponsabilidad de Ochoa Reza y de Juárez.

Los electores han respondido dignamente. Han propinado un batacazo merecidísimo al priismo, como no se había visto. Han entregado a Morena la dirección del país y sí, por un voto razonado contra el PRI, bien ganado, sí; porque no es la opción que ha gobernado desde la Presidencia todavía, y sí, porque poco queda por perder y sí, porque hay una desesperanza y un hartazgo absoluto y medible hoy en las urnas, contra el PRI.

Se puede expresar más alto, pero no más claro.

Y no hay visos de enmendar en el derrotado PRI. Pese a tan apabullante derrota, el martes 3 de julio los senadores priistas electos sobrevivientes a esa debacle, han hablado de que su derrota es por la percepción de corrupción hacia su partido. ¿Percepción? Se necesita mucha cara para decirlo así, No, percepción no, realidades e impunidad solapada desde la camarilla del Ejecutivo. Con esa soberbia y petulancia que se sintió dueña de México y se ha llevado el descalabro en las urnas. Cuánto daño hicieron al PRI los Duartes solapados y peor no menos que los Videgaray y los Nuño. La ruina del PRI se agradece a ellos, pero no solo a ellos. Un priismo irredento e incapaz de renovarse ahora desde del sótano de la democracia, a ver si saca algo interesante.

Y estamos advertidos: el PRI ni supo renovarse ni comportarse como opositor entre 2000 y 2012, lo que explica porqué regresaron los mismos con sus mismas prácticas deleznables, impresentables en su percha, corregidos y aumentados en 2012. Ahora los echan de la presidencia otra vez. La tienen muy complicada, porque ahora no controlan nada. Y con los mismos que hoy que se echan a punta de votos, regresará y si lo consigue, y dudosamente Peña Nieto será el gran elector que decían que terminaría siendo en el futuro. De nuevo por desestimar a los votantes.

En adelante, con el mínimo de gubernaturas, y representaciones legislativas, difícilmente contribuirán a la Patria. Morena les comió el mandado y desconocemos si su odio sea o no menor hacia el PRI y el PAN, que el recibido por ellos hacia ella. ¿Qué llega el viejo PRI con ella? Va, recordemos que el nuevo PRI de siempre, este derrotado en 2018, no es ni demostró ser mejor que el viejo PRI. Los millones de pesos robados, avalan este dicho. Siendo así de claras la cosas, el PRI carece de la más absoluta estatura moral para señalar la corrupción de nadie, y los electores se lo acaban de cobrar y de recordar a un partido derrotado, echándolo.

@marcosmarindice