El mito de la silla del águila

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La silla presidencial ha sido el símbolo del poder desde los tiempos de Juárez, Maximiliano y Díaz, pero fue ya en la era revolucionaria pre priista cuando asumió su mitología: el poder. En el 2006 López Obrador perdió las elecciones presidenciales pero encontró el camino de auto declararse presidente legítimo, organizar su propia toma de posesión, tejerse una banda presidencial con el águila juarista y, sobre todo, se construyó su silla presidencial con el mismo simbolismo funcional de la silla gestatoria del papado católico: una silla para aparecer por encima de todas las cabezas, de tal manera que pudiera ser visto –y adorado– desde todas las partes de las aglomeraciones humanas.

La silla presidencial fue usada por Maximiliano, Juárez y Díaz, pero fue en la época revolucionaria cuando se acercó al pueblo. Zapata y Villa la desacralizaron. La historia se cuenta así:

Los dos llegaban de Aguascalientes en 1914 y venían con el ánimo revuelto. La revolución se había comenzado a enredar en las élites armadas, aunque no tanto por proyectos o ideas –aún las necedades de Zapata– sino por el control del poder. ¿Quién mandaba? Todos, Fuenteovejuna, todos a una. La lucha era por la presidencia de la república: Díaz había ganado las elecciones de 1910, Madero había arrasado en las suyas en 1911 pero el sueño lo truncó Huerta en 1913. Carranza encarnó la defensa de la revolución, pero otros jefes querían su parte de la victoria. Convocada por Carranza, la Convención de Aguascalientes se puso la meta de poner orden, pero sólo promovió más desorden: los grupos revolucionarios comandados por Villa y Zapata desconocieron a Carranza y éste desconoció a la Convención. De noviembre de 1914 a octubre de 1915 hubo tres presidentes convencionistas, pero sin fuerza ni liderazgo. En 1915 Carranza derrotó a la Convención, convocó al Congreso Constituyente, organizó las elecciones de marzo de 1917 y ahí aplastó a Obregón, su aliado contra los convencionistas.

El país no conoció la paz: Obregón se sublevó contra Carranza en los tiempos políticos de la sucesión presidencial de 1920 porque él quería ser candidato y presidente. Carranza pensaba en el ingeniero Ignacio Bonilla, un civil frente a poderosos jefes militares forjados en la revolución. Asesinado Carranza el 21 de mayo, las elecciones presidenciales se dieron en octubre de 1920 y ahí arrasó Obregón: 95.8% de los votos, cuando apenas tres años antes, en marzo de 1917 había sacado apenas el 0.5% frente al 97.2% de Carranza. La gran aportación de Madero a la democracia fue la ley electoral de diciembre de 1911 para reconocer el voto directo, universal y secreto, terminando con la etapa de la elección indirecta en base a electores votados para votar presidente de la república.

La presidencia de la república era el símbolo del poder en manos de una sola persona. El simbolismo venía de atrás, inclusive de antes de Porfirio Díaz: el fundador del modelo presidencialista fue Antonio López de Santa Anna, once veces presidente y Juárez reforzó la institución. Si Díaz perfeccionó el necesariato –el dictador necesario para mantener la cohesión de la república–, Santa Anna fue la imagen del salvador a cualquier precio y a cualquier costo. Carranza trató de asumir el perfil de ambas propuestas de método de ejercicio del poder. Pero el simbolismo podía fijarse en una imagen, diríase que se hace sólida en tercera dimensión: la silla presidencial. No una oficina –como la oval en EE.UU., o el escritorio presidencial que cada presidente se lleva a su casa para crear una biblioteca especial en la que se reproduce su lugar de trabajo–, un espacio amplio, una residencia sino una silla. Los reyes europeos eran reyes al sentarse en su silla especial. El papa católico tiene su silla gestatoria que lo acompaña en sus viajes por el mundo.

La silla, un sillón cómodo, coronado con un águila imperial; la silla del águila.

Luego de Aguascalientes, Zapata y Villa acordaron reunirse en la ciudad de México, símbolo del poder. A finales de diciembre de 1914 comenzaron a llegar las tropas. La idea fue sostener juntas con el entonces presidente convencionista Eulalio Gutiérrez, quien no duraría muchos meses: en enero de 1915 renunció por la presión de los villistas en la ciudad de México. El impacto simbólico fue gigantesco: la División del Norte y el Ejército del Sur unidos; Villa y Zapata dialogaron a principios de diciembre de 1914 en Xochimilco, un poblado en las afueras de la ciudad de México. De ahí avanzaron hacia el centro de la capital, hicieron tiempo para desayunar en el Sanborns de los Azulejos a unas cuadras de Palacio Nacional.

Ya en Palacio, los dos no pudieron resistir la atracción de la Silla del Águila. Villa, juguetón, pero en serio, le cedió el lugar a Zapata para que se sentara; éste, hosco, dijo que no. Villa no se hizo del rogar: ya había probado las mieles del ejercicio del poder cuando fue gobernador interino de Chihuahua en 1913-1914, sabía que la voz de mando salida de las armas era superada por la voz de mando salido de quien estuviera sentado en la silla. Zapata dijo que era una silla endiablada porque se sentaban buenos y se levantaban malos. Pensaba, es cierto, en Madero; pero Madero en realidad no había cambiado; inclusive, fue víctima de su enfoque generoso de la política: permitió la más absoluta libertad de prensa y ésta lo atropelló. El estilo no conflictivo del poder llevó a Madero a la muerte. A lo mejor Zapata se refería a Carranza, quien se aferró al poder.

La silla era electrizante, hipnotizadora. Las imágenes que se tienen de ella le dan más parecidos monárquicos que republicanos:

  • Tela rojo brillante.
  • Pequeña.
  • Las patas delanteras son águilas erguidas cuyas alas se encuentran en el centro. La extensión de las alas sobresale en el centro por encima de la parte en que se sienta el monarca, obligándolo a estar con las piernas abiertas.
  • Los descansabrazos o coderas descansas sobre la cabeza de las dos águilas.
  • El respaldo parece un escudo de armas con las letras RM (república mexicana) están tejidas con estilos barrocos, la M más delgada sobre los gruesos trazos de la R.
  • Al respaldo lo corona un águila imperial muy monárquica, las alas extendidas, el águila erguida, y detrás de ella una cortina que parecen ser rayos de sol.

La fotografía histórica de Villa y Zapata en la silla presidencial encierra muchos mensajes:

  • Villa mira a su derecha, pero sonríe con la satisfacción de haber llegado hasta ahí.
  • A su izquierda, al extremo de la foto, aparece también el simbolismo de la fase sangrienta de la revolución: el general Rodolfo Fierro, el sanguinario que murió hundiéndose en un pantano por el peso del oro en las alforjas de su silla de montar.
  • Villa está inclinado a su izquierda, como recargándose –¿apoyo? En Zapata.
  • Zapata está sentado a la izquierda de Villa, inclinado a su derecha como recargándose –¿apoyo? En Villa.
  • La mirada de Zapata parece de incredulidad, sus ojos acerrados, fríos, la boca cerrada.
  • Zapata tiene cruzada la pierna izquierda sobre la derecha, la mano izquierda sobre su sombrero sureño de ala anchísima, de corona alta como embudo.
  • El brazo derecho de Zapata, como quien no quiere la cosa, está sobre el brazo de la codera de la silla presidencial, descansando como informal, pero habiendo contacto con la fuente del poder.
  • La silla donde se sienta Zapata no es tan espectacular pero no deja de llamar la atención: grabados barrocos…

Los dos, Villa y Zapata, sucumbieron víctimas del poder. Zapata fue asesinado por el coronel Jesús Guajardo por órdenes de Carranza. La ley agraria del 6 de enero de 1915, luego del fracaso de la Convención de Aguascalientes, no había sacado a Zapata de la lucha. Por eso la decisión cristalizada en 1919. Villa, más astuto, duró más tiempo: luego de Aguascalientes fue derrotado por Obregón y luego de la batalla de Celaya se quedó sin posibilidades de reconstruir su poderío. En 1920, asesinado Carranza y encumbrado Obregón en el poder presidencial, Villa prefirió retirarse a su rancho de Canutillo. Pero en 1923 le regresa el interés por la política y acepta platicar con el periodista Regino Hernández Llergo, y en junio es acribillado saliendo de un bautizo.

En este periodo de sobresaltos –del cuartelazo de Huerta en febrero de 1913 al asesinato de Villa en junio de 1923– el país se desgarra durante diez años en una lucha cruenta por el poder presidencial: la guerra hobbesiana de todos contra todos; de 1923 a 1928, el país medio se tranquilizó. Pero la reelección de Obregón siguiendo los pasos de Díaz –reforma constitucional para permitir la reelección por una sola ocasión luego de un periodo sin duda que terminaría como la reforma de Díaz: quitar el concepto de no reelección– volvió a agitar las aguas: el asesinato de Obregón fue el último magnicidio del proceso revolucionario como forma de disputar el poder. Plutarco Elías Calles fundó en 1929 un partido para regular la lucha por el poder en espacios institucionales; de entonces a 1994, el país sufrió disidencias, candidaturas independientes y rupturas institucionales, pero sin llegar al asesinato.

Los incidentes alrededor del poder no habían sido menores: Juárez hubo de enfrentar votos de censura en el Congreso y peticiones de renuncia, Díaz se levantó en armas en 1871 por las reelecciones del Benemérito. Díaz en la presidencia no encaró rebeliones sino una revolución en 1910. De 1929 en adelante se institucionalizó la lucha política por la silla. La silla se institucionalizó con el principio de la no reelección presidencial.

El presidencialismo terminó de afinarse durante la posrevolución en función de decisiones estratégicas:

– A la muerte de Obregón, Elías Calles tuvo una reunión clave con los militares para solicitarles su apoyo en la designación del interino; al obtenerlo, subordinó a los militares al poder del presidente.

– En 1929 fundó el Partido Nacional Revolucionario para concentrar la subordinación de las élites revolucionarias al poder del presidente.

– El poder institucional presidencial se probó como salto cualitativo de lo personal a lo institucional en 1936 cuando Lázaro Cárdenas mandó al exilio a Elías Calles con todo y su título de jefe máximo de la Revolución; el poder ya no era personal sino del cargo.

– En 1938, para reforzar la estructura de poder del Estado derivada de la expropiación del petróleo, el presidente Cárdenas transformó el PNR de partido de jefes de facciones a un partido de corporaciones sociales: obreros, campesinos, sectores populares y militares; la clave se localizó en el fortalecimiento de la institución presidencial sometiendo a las clases sociales productivas –enfoque medio marxista de Cárdenas– como masa y no como clase social. Los cuatro pilares del PRM fueron la fuerza del presidente para enfrentar a la burguesía.

– En 1946, en plena campaña, Miguel Alemán transformó el PRM en el PRI: la institucionalización del poder. Y paulatinamente el presidente de la república en turno –hasta Salinas de Gortari– asumió el poder absoluto basado en los seis pilares del sistema político: el PRI bajo el mando del presidente como su jefe máximo (Elías Calles), el Estado de bienestar para tener el consenso de las clases populares (Cárdenas), los sectores invisibles del sistema subordinados al presidente y al PRI pero sin ser del PRI (Obregón), la cultura como ideología del régimen y como control cultural vía la educación (Cárdenas) y las reglas y protocolos para funcionar la maquinaria política (Díaz) y el control del presupuesto para manejar a los funcionarios (Obregón y los cañonazos de 50 mil pesos oro, frase que no la dijo él sino que la dijo el general Arnulfo R. Gómez resistiendo las presiones económicas del Caudillo).

La construcción legal del presidencialismo para quitárselo al congreso y dárselo a votantes fáciles de convencer, la estructura de poder del sistema político para mantener subordinados a los sectores de gobierno y la transformación de la institución presidencial en una presidencia-sistema según la propuesta de la caja negra de David Easton de 1953 consolidaron el sistema presidencialista –que no presidencial– de México y centraron el poder en la figura simbólica de la Silla del Águila.