Futuro del TLC de Norteamérica

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No pretendo tener información privilegiada sobre lo que se le ocurrirá hacer al orate de la Casa Blanca sobre el TLCAN, pero el director de su Consejo Económico Nacional, Larry Kudlow, declaró el fin de semana que su jefe ya no lo quería negociar con Canadá y México y que prefería negociaciones bilaterales por separado.

Por cierto, Kudlow, quién sólo tiene una licenciatura en Historia, se convirtió a esa variedad de la “economía vudú” conocida como Supply Side Economics que pretende arreglar cualquier problema económico bajando impuestos lo que, según ellos, genera mayor crecimiento y así se compensa la caída en los ingresos tributarios.

Este personaje, que trabajó en Wall Street, se volvió “experto” locutor en temas de economía y finanzas en la televisión, donde lo vio Trump, y en diciembre de 2007 publicó en la National Review un texto prediciendo que el auge económico se alargaría “por muchos años por venir,” ¡un mes antes del inicio de la Gran Recesión!

Para negociar sendos tratados con Canadá y México, EU tendría que salirse del TLCAN invocando el artículo 2205 de ese Tratado, aunque hay un número creciente de abogados expertos que considera que el Presidente tendría que recabar, primero, la autorización del Congreso, como ocurrió para ratificarlo en octubre de 1993.

Pero tal acción de ninguna manera significa que México y Canadá estén dispuestos a cancelar su TLC sin EU, pues si bien los volúmenes de comercio entre ambos son significativamente inferiores a los que cada uno tiene con EU, ante la ausencia de su vecino intermedio se fortalecerían los lazos bilaterales en comercio e inversión.

Además, desde la óptica mexicana, una de las principales virtudes del TLC fue que le dio acceso a importar el Estado de derecho de sus vecinos del norte, pues otorgar “trato nacional” a los agentes económicos de los tres países sin distinguir su origen, significó que podían recurrir a los juzgados de la región que prefirieran. Este enorme activo para México, que EU quiere cancelar, permanecería en un TLC con Canadá.

En caso de que sea correcto lo dicho por Kudlow, quien solía apoyar el libre comercio antes de “acemilarse” al “pensamiento” de su jefe, y EU insistiera en negociaciones separadas con Canadá y México, no está claro que ninguno de ellos esté dispuesto a sentarse de nuevo a una mesa en la que se repetirán los intentos de los gestores trumpianos de imponer lo que ha sido inaceptable en las pláticas trilaterales. De hecho, Canadá y México ya rechazaron oficialmente esta opción.

Es improbable que EU deje de insistir en eliminar los déficit comerciales, lo que es imposible sólo con la política comercial; elevar el contenido nacional/regional en la industria automotriz; imponer salarios de 16 dólares/hora para que lo producido sea aceptable; regular el ingreso de fruta según la estación; que la solución de disputas se dirima sólo en cortes de EU; y que haya cláusulas de extinción cada 5 años.

En tal caso, resultaría mejor que el comercio entre México y EU sea regido en el futuro por los protocolos existentes en la OMC, en los que el arancel promedio que se aplicaría a las importaciones que realiza México, sería apreciablemente superior al de sus ventas a ese país, hecho que por sí solo elevaría nuestro superávit comercial.

Como patética culminación a tanta sandez, Kudlow salió a decir anteayer que “su país no iba a atender ninguna decisión de la OMC, y que las organizaciones internacionales multilaterales no van a definir las políticas de EU.” ¡Ya me imagino la recepción que tendrá Trump en la cumbre del G-7 en Canadá a partir de hoy!