Alguien tiene que ceder

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El actual escenario electoral apunta a que para evitar un triunfo que parece inevitable –gracias a la propaganda desplegada en este sentido–, lo ideal es que haya un acuerdo entre los equipos de los candidatos que van en segundo y en tercer lugar, con el fin de dirigir el voto útil hacia quien tenga más oportunidad de derrotar al puntero de las encuestas, pero para que esto sea realidad es necesario que alguien ceda en sus posiciones, un tema altamente improbable.

Nada para nadie

Si el objetivo es que no gane López Obrador –en la lógica de que las encuestas se han convertido en verdaderos pronósticos de lo que sucederá en las urnas–, una de las vías que se han comentado en análisis y espacios de opinión es que haya un acuerdo entre los candidatos que ocupan el segundo y el tercero lugar en los sondeos de opinión, es decir un verdadero TUCAN (Todos Unidos contra Andrés Manuel).

El problema es que los distintos intereses, así como los agravios anteriores dificultan cualquier coincidencia para llegar a esta meta.

Y es que para el PRI el problema es que al ocupar el tercer lugar, corre el riesgo de desfondarse y quedar como una minoría legislativa en caso de ceder para que su candidato decline o se haga una alianza de facto para apoyar al segundo lugar.

Esto hace que sea muy difícil lograr un acuerdo, pues los priístas no están muy dispuestos a permitir que gane Ricardo Anaya, pues si bien evitarían la llegada de López Obrador a la presidencia, también podrían verse borrados en el Congreso de la Unión lo que pondría en duda su supervivencia luego de los comicios de 2018.

Y como está de moda cambiarse de partido, además de que serían recibidos con los brazos abiertos en Morena, el tricolor podría desaparecer en el mediano plazo, algo inaceptable para la actual dirigencia presidencial del PRI.

En el otro bando, pensar en que Anaya ceda sus votos a favor de Meade enfrenta la oposición de todos los intereses que rodean su candidatura, además de que al ocupar el segundo lugar en las encuestas es visto como el único que puede competir y ganar al tabasqueño, por lo que de haber una reedición del voto útil tendría que ser a su favor.

Además, esto sería contrario al discurso que enarboló en la precampaña, cuando llegó a asegurar que podría encarcelar a Enrique Peña Nieto, algo que provocó que la posibilidad de llegar a un acuerdo con el priísmo se cancelara, pues distintas versiones apuntan a que el actual mandatario federal se sentiría más seguro con un gobierno de López Obrador que con uno encabezado por Anaya.

Pero a pesar de lo anteriormente descrito, hay quien en ambos equipos de campaña busca avanzar para lograr la meta de evitar un triunfo del abanderado de Morena, pues de continuar las tendencias actuales, es muy probable un triunfo del exjefe de gobierno.

Esto quiere decir que ni con todo el dinero que utilice para movilizar el voto y los apoyos de sus gobernadores, el PRI podría lograr que su candidato ciudadano triunfe en los comicios de julio próximo; además, pese al apoyo de empresarios y de la mayoría de los gobernadores, al candidato de Por México al Frente no le alcanzará para vencer en la votación del 1 de julio.

Es decir, las alianzas encabezadas por el PAN y por el PRI por separado, en esta ocasión, no podrían vencer por su cuenta al representante de la alianza Morena-PES-PT, pues a pesar de mostrar una falta de propuestas, a fanáticos que alejan a los votantes con algo de sentido común, a lo atrasado de sus ideas y otros defectos que podrían comentarse de López Obrador, su papel como representante de todas las frustraciones y el ser considerado como el único que puede garantizar un cambio pueden más que todo el aparato partidista y de gobierno que apoya a dos candidatos presidenciales.

Al menos, esta es la lectura que se puede hacer de la actual coyuntura, pues es cierto que contar con los apoyos aquí mencionados para Meade y para Anaya no es poca cosa y podrían servir para inclinar la balanza y tener un resultado diferente en la jornada electoral.

En tanto, el nerviosismo por un triunfo que la mayoría del electorado no desea y de un par de estrategias de campaña que, en realidad, son más cajas de resonancia del candidato puntero y que nos sirven para atraer el voto, hace que este tipo de posibilidades y un eventual acuerdo tengan poco futuro.

Si gana López Obrador, no será gracias a su talento político, propuesta o por su capacidad, sino por los graves errores cometidos, en primer lugar, por el gobierno de Enrique Peña Nieto y, en segundo, de Ricardo Anaya y compañía.

Sólo espero, con resignación, que si gana el tabasqueño, al menos inicie un proceso judicial en contra de Peña Nieto, Anaya, Felipe Calderón y varios gobernadores y exgobernadores, digo, para al menos no lamentar tanto los errores que cometerá.

Del tintero

Dicen que del plato a la boca se cae la sopa y por presumir todo lo que harán, según algunos seguidores del tabasqueño, podrían enfrentarse con una triste realidad el 1 de julio, algo que no debe descartarse pese a todo lo que vemos hoy en día.

@AReyesVigueras