La pasión de amor de Ettore Scola

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Este texto fue publicado originalmente el 19 de enero 2016


El brillo de la luna hacía más intensa la oscuridad del cielo en aquellos campos de finales del siglo antepasado, en Cerdeña. Ella está posada a un lado de la ventana, en el segundo piso de la vieja casona donde sólo manda su tío, el coronel de un destacamento asentado en el lugar. La mujer tiene el pelo largo escaracolado y puesto encima de su desnudez un camisón blanco. Llora. Un destello de luz descubre el pecho agitado. Sus lágrimas son profusas igual que los movimientos de las manos para quitarlas del rostro; una y enseguida la otra, parece nadar entre su sufrimiento. Un hombre entra a la habitación y ella inclina la cabeza porque tiene pena, está decidida a no aceptar nunca más la compasión de nadie. Vuelve a quitarse una lágrima pero el hombre le detiene la mano. Bebe y la besa. Te amo, le dice, porque has sido capaz de mostrarme tu hermosura sobre tu belleza malhadada, y porque he sido yo ese símbolo con el que representas tu amor impetuoso. Sí, Fosca, te amo, le dice Giorgio a esa mujer que hasta el nombre tiene feo. Ella sigue llorando y lo abraza. La luz alumbra los ojos desorbitados, incrédulos, moribundos; sí, moribundos porque su corazón que es tan débil está impedido de palpitar de pasión a riesgo de morir. Pero en brazos de Giorgio, Fosca disfruta la inminencia de la muerte y se arrejunta toda en el cuerpo atlético del capitán que ya no quiere andar esos caminos. No quiere que Fosca muera pero ella se lo exige cubriéndolo de besos y restregándole en la entrepierna su sexo húmedo. Entonces Giorgio entra pleno igual que la luz en la ventana. Fosca no resiste más. Necesita gritar, destazar su pecho a gritos y sangrar de las entrañas…

Esa es “Pasión de amor”, una de las grandes películas de Ettore Scola, director italiano que hoy murió a los 84 años. No exagero si digo que este hombre de arte, comunista, es uno de los más grandes de todos los tiempos en la cinematografía mundial. Como sea, a él le debo alguno de los llantos más plenos que he llorado.

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