Viabilidad e inviabilidad de las propuestas

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En el marco del inicio de las campañas políticas se encuentra la desconfianza ciudadana en la institución de los partidos políticos, para participar como funcionarios de las mesas directivas de casilla.

Y es que no es para menos que la ciudadanía no desee participar, con cuanto escándalo que protagoniza la clase política y que podría verse reflejado en diversas encuestas que dan cuenta de la baja calificación al desempeño del presidente de la República.

Este desempeño junto con la ausencia de desarrollo en democracia (léase combate a la corrupción e impunidad), junto políticas deficientes en seguridad y derechos humanos principalmente, son los factores de desencanto en el ciudadano a los que se enfrenta el candidato José Antonio Meade, cuyo desempeño es reconocido por propios y extraños, pero la marca PRI no le favorece en sus aspiraciones a la Presidencia de la República.

Es difícil ocultar el descontento ciudadano, cuando lo que pretendió ser la reforma impulsora con la energética, no ha traído los beneficios esperados a los hogares mexicanos.

Cuando las demás reformas complementaron el proyecto encaminado en el Pacto por México, han sido capitalizadas por algunos cuantos. Un gobierno que pareciera insensible a la crítica y al descontento, junto con unos partidos políticos que parece que están empeñados a sacar a relucir lo impresentable en algunos de sus candidatos, por decirlo de una manera amable.

Encontramos en el espectro electoral, partidos políticos dirigido por juniors y mirreyes de la política, cuyo único interés estriba en no perder sus canonjías y a cuyo instituto político le es más redituable ser el patiño del partido en el poder.

Un partido de izquierda cuyo principal bastión lo es la ciudad de México, que ha perdido gubernaturas como Zacatecas o Michoacán, que el producto de la corrupción lo ha hecho perder credibilidad como opción social, que en algunos de sus liderazgos se insertan personajes que se identifican con la ideología de personajes como Carlos Marx, pero que simpatizan con una forma de vida como de Carlos Slim.

Un partido de derecha que viene de una crisis de un joven ambicioso que supo jugar sus cartas en política, se hizo de su propio partido al que le generó crisis internas por las divisiones, derivado de su proceso interno para la designación de candidato a la Presidencia, junto con otras opciones políticas y que no satisficieron a su militancia.

Un partido en el poder cuyo gobierno y dirigencia se niegan a escuchar las críticas de la opinión pública por el desempeño de sus gobernantes y militantes.

Pero no solo eso, sino una serie de candidatos que presentan una pobre oferta política o que ha sido reciclada de los diputados y senadores de sus partidos políticos, como la eliminación del fuero o del número de diputados y senadores, que fueron presentadas en anteriores legislaturas pero que durmieron el sueño de los justos.

Unas propuestas en seguridad que carecen de orden y dirección para establecer una política de Estado de seguridad, en el que solo con más presupuesto quieren detener el avance de la inseguridad.

Además de vulnerar el campo social y político de la seguridad nacional mexicana, que pareciera que es lo que menos les importa.

En síntesis, algunas propuestas con contenidos electoreros, sin substancia. Cabe la posibilidad de que el debate del próximo domingo sea la única oportunidad de mostrar el ímpetu para continuar en la contienda.

El autor es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México

Correo electrónico: racevesj@gmail.com

Twitter: @racevesj

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