La cruzazulea Sheinbaum

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Si la crónica del primer debate entre aspirantes a la Jefatura de la Ciudad de México la hubiera hecho un cronista deportivo, tendría que decir que Claudia Sheinbaum la tenía, era suya y la dejó ir… o sea, ¡la cruzazuleó!

Ya había transitado casi la totalidad del debate y, salvo cuando torció la boca ante la acusación de Alejandra Barrales por su presunta responsabilidad en la tragedia del Rébsamen, por lo demás, había librado casi todos los ataques.

No es que hubiera podido ser declarada como ganadora, pero es el primer debate y el no salir dañada era, al menos, deseable. Porque, con su estilo de profesora, y a pesar de algunas pifias evidentes, sobre todo en materia de seguridad y transporte, ahí la llevaba.

Casi nadie había reparado en una de sus frases donde aseguraba que la actual Ciudad de México era un desastre. Que en 2006 —según ella— “dejamos una ciudad segura”, pero que luego comenzaron a llegar personajes corruptos y todo se vino abajo.

Seguramente Claudia cree que nadie recuerda que la inseguridad en la capital llegó a niveles tan alarmantes en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que, en 2004, alrededor de dos millones de personas marcharon vestidas de blanco en demanda de seguridad.

Y que, lejos de dar una respuesta eficiente, López Obrador calificó a los manifestantes de pirrurris, entre ellos a la senadora Gabriela Cuevas, quien hoy es flamante candidata morena a la Cámara de Diputados.

Tampoco recordó que René Bejarano y Gustavo Ponce, manos derecha e izquierda de su jefe, fueron a la cárcel acusados de corrupción.

Que también su jefe de Policía fue destituido por dejar que lincharan a tres agentes federales que investigaban el secuestro en Tláhuac.

Así que ni dejaron una ciudad segura y menos honesta y que, en materia de movilidad, llenaron la capital de cemento y no construyeron un metro de Metro.

A pesar de que es un transporte para los pobres, hicieron dobles pisos para los que podían comprar auto.

A pesar de todo eso, Sheinbaum había salido bien librada y al menos aseguraba el empate, pero le ganó el fanatismo y al minuto 93 se metió un gol solita cuando gritó al micrófono que Andrés Manuel iba arriba en las encuestas y sería el próximo presidente.

¿Como que eso para qué? ¿Pensará que El Peje necesita de sus porras para ganar? Lo único que Claudia dejó ver es que necesita colgarse del tabasqueño para ganar. Que no se siente segura sin él, y que —aunque le duela— no puede tomar decisiones por sí sola.

Por eso es que la cruzazuleó.

En contraste, su principal rival, la frentista Alejandra
Barrales
, repuntó un poco y parece que por fin encontró la fórmula para quitarse la presión sobre sus bienes materiales, pues, al estilo José Meade, dijo que certificó con el SAT sus propiedades y que la información la subió a sus redes.

Ese respiro le permitió hablar de proyectos integrales a 20 años y, por primera vez, se le vio cómoda, con dominio del escenario y se perfiló como una contendiente de cuidado.

CENTAVITOS… Y si bien ni Claudia ni Alejandra ganaron el debate, quien sí lo hizo fue el priista Mikel Arriola, que, sin nada que perder, se vio suelto, dicharachero y hasta se dio el lujo de hacer un listado de promesas que, si tan sólo la mitad se llevaran a cabo, le cambiarían el rostro a la capital. Claro, son promesas que nadie sabe si son viables, sobre todo económicamente. La mayoría dice que en realidad son “fantasías Mikel”.