El tamaño de Claudia

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Previo a las elecciones de 2006, Andrés Manuel López Obrador lideraba —como hoy— las encuestas en la carrera por la Presidencia de la República y entonces
—también como hoy— se negó a debatir con sus adversarios porque el puntero no debe arriesgar, le dijeron.

Ese escenario se traslada a este 2018, pero en la CDMX, donde la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum, rehúye al debate con sus oponentes y utiliza la misma lógica que el líder de su partido utilizó hace 12 años… aunque al final no le funcionó.

El caso de Sheinbaum es distinto al de su líder, porque si bien es cierto que es una mujer, académicamente, preparada, no tiene ni el carisma ni el arrastre de López Obrador… es una pésima candidata con amplias posibilidades de ganar.

Si en estos momentos —cuando aún no arrancan las campañas— fueran las elecciones, sin duda Claudia triunfaría. Por eso no quiere arriesgarse a un tropezón o a que la gente se dé cuenta de lo fría que es; de lo poco que conecta y de la carencia de ideas propias.

La aspirante de Morena debería de reflexionar y aceptar que es una candidata por decisión de una sola persona y que tiene amplias posibilidades de ganar tan sólo porque la misma persona le traslada su popularidad y fuerza en la CDMX.

¿Pero qué pasaría si la candidata pejista no fuera Claudia, sino Martí BatresClara Brugada o hasta el gris Arnulfo Cravioto? ¿Es más, hasta el delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado?

Seguramente llevaría también la misma ventaja en las encuestas. O sea, no es Claudia ni su gris personalidad la que va arriba, sino la imagen de su jefe nacional. Es triste, pero como dijo el clásico: “Si Morena lanza de candidata una vaca, gana la vaca”.

Y no está mal colgarse de la fama de quien la impulsa, pero entonces que no crea que es su arrolladora personalidad la que la mantiene arriba en las preferencias. No, está ahí de manera artificial, por el oxígeno que le pasa su jefe.

Ésa es la razón por la que Claudia no sólo no debate, sino que habla lo menos posible y se mantiene prácticamente guardada, porque cuando ha abierto la boca se ha metido en serios problemas.

Conste que nadie está diciendo que sea una mujer tonta, para nada. Es muy inteligente, pero pésima candidata y, por eso, no quiere contrastarse con nadie en un debate que no sea obligatorio.

Pero no debe olvidar que el electorado de la capital no es tonto y que no confía en quien se raja; es el más politizado del país y se da cuenta de todo. Que recuerde también que esa estrategia no le funcionó a su jefe en 2006, y que de última hora se cayó en las urnas.

CENTAVITOS… Parece que ayer fue día de travesuras en la grilla capitalina, pues por la tarde se fueron a echar unos buenos bifes los panistas Jorge Romero Gonzalo Espina con el priísta Adrián Ruvalcaba. ¿Qué tiene de raro, dirán algunos, si los tres son compañeros en la ALDF? Pues que Espina y Ruvalcaba son rivales en Cuajimalpa y tienen como enemigo común a Morena, por lo que algo andarán planeando… Otra travesura se prepara en Álvaro Obregón, pues los que saben de la grilla en esas tierras aseguran que el cacique Leonel Luna y su exmuchacho Eduardo Santillán—peleados a muerte desde hace tres años—, están volviendo al romance y, como en las películas de antes, casi llegan a la reconciliación, con todo lo que ello implique para la campechana Layda Sansores, que contaba con el supuesto apoyo de Lalito para buscar la alcaldía.

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